Su pueblo especial: El mandamiento de la imparcialidad

Resumen

Podemos estar seguros de que el Señor no nos justificará si rechazamos tratar a todos con imparcialidad y justicia.

— Lectura bíblica recomendada: Hechos 10:34-35

Introducción

I. Habiendo visto la necesidad de actuar con honestidad ante Dios y los hombres (2 Corintios 8:21), lidiemos con una grave amenaza para el cristianismo: el favoritismo personal.

II. Esta tendencia es un problema humano universal que debemos combatir con todas nuestras fuerzas.

Exposición

I. Reconozcamos nuestras fallas.

A. La gente tiende a mostrar favoritismo hacia:

1.  Quienes son como ellos (que lucen, hablan y se desempeñan de manera similar).

2. Quienes los benefician (con regalos, favores, etc.).

3. Quienes gozan de un estatus privilegiado (debido a su influencia, educación, dinero, etc.).

B. La gente de los tiempos bíblicos no estuvo exenta de este mal.

1. Los líderes judíos condenaron a Jesús por interesarse por los marginados (Mateo 9:9-13; Lucas 19:1-10).

2. Reprendieron a Pedro y a Pablo por llevar el evangelio a los gentiles (Hechos 11; 22:21-23).

3. Jacobo y Juan buscaron lugares de honor en el reino de Cristo (Mateo 20:20-28).

4. El sacerdote y el levita se negaron a ayudar a un extraño herido (Lucas 10:25-37).

5. Algunos en la iglesia descuidaron a las viudas helenistas (Hechos 6).

6. Pedro actuó parcialmente con los gentiles (Gálatas 2:11-16).

7. Algunos miembros dieron preferencia a los ricos (Santiago 2:1-9).

C. Los cristianos modernos también adolecemos de lo mismo.

1. Ejecutamos la disciplina parcialmente, a menudo excusando:

a. A miembros prominentes o populares: los que donan grandes cantidades de dinero, las personas influyentes, los predicadores, los diáconos, los ancianos, etc.

b. A miembros de nuestra familia.

c. A las universidades, programas, etc., apoyados por la iglesia.

2. Formamos grupos exclusivos en las congregaciones, dejando a algunos miembros aislados, como se evidencia por:

a. La cantidad de personas que permanecen para animar a quienes responden a la invitación.

b. La cantidad de personas que asisten a las celebraciones de bodas o de nacimientos.

c. La cantidad de tarjetas, llamadas o visitas que una persona recibe en comparación con otra.

d. Las invitaciones sociales.

3. Excusamos las acciones malas de nuestros políticos favoritos.

II. Reconozcamos la gravedad del problema.

A. No debemos ignorarlo solo porque es un comportamiento común; muchas otras prácticas pecaminosas también lo son.

B. La Biblia condena el favoritismo en muchos pasajes y de muchas maneras:

1. En los juicios (Levítico 19:15; Deuteronomio 1:17; 16:19).

2. En la reprensión del pecado (Romanos 16:17-18; 1 Timoteo 1:3-7; 5:20-21; 2 Juan 1:9-11).

3. En las relaciones familiares (Mateo 10:34-39; 12:46-50; Lucas 14:25-26).

4. En nuestra bienvenida a personas de diferentes clases sociales en la congregación (Santiago 2:1-13).

C. Santiago señaló claramente que el favoritismo es pecado.

III. Reconozcamos el estándar.

A. La naturaleza pecaminosa del asunto resulta clara cuando se reconoce que todos somos parte del pueblo especial de Dios.

B. Debemos imitar al Señor en todo lo que hacemos (1 Corintios 11:1; 2 Corintios 3:18; Efesios 5:1 et seq.).

C. Ya que Dios no hace acepción de personas (Deuteronomio 10:17; Hechos 10:34-35; Romanos 2:11), nosotros tampoco debemos hacerlo.

D. Él ejerce justicia, rectitud, misericordia, etc., con todos por igual (Hechos 10:34-35; Romanos 1:16-17; 2:6-11; Gálatas 3:28; 1 Timoteo 2:3-5); nosotros también debemos hacerlo.

Conclusión

I. A la luz de esto, quienes declaramos lealtad al Señor debemos erradicar diligentemente cualquier tendencia al favoritismo.

II. Debemos tratar a todos con justicia, misericordia, amabilidad y dignidad.

III. Podemos estar seguros de que Dios no nos justificará si rechazamos tratar a todos con imparcialidad.