¿Un tonto por un minuto o de por vida?
| Resumen | Estemos dispuestos a hacer el ridículo por un momento y formular las preguntas necesarias en busca de la sabiduría divina. |
Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor (Efesios 5:8-10).
Hace aproximadamente dos mil quinientos años, el filósofo chino conocido como Confucio dejó un dicho que considero digno de reflexión en relación con el aprendizaje de la voluntad de Dios. Él dijo: «El hombre que hace una pregunta es un tonto por un minuto. El que no hace ninguna pregunta es un tonto de por vida». Aunque Confucio no estaba conectado con la Biblia ni con sus preceptos, el concepto aquí planteado es fundamental para nuestra búsqueda de la sabiduría de Dios. Un dicho similar, más conocido en nuestro tiempo, dice: «La única pregunta tonta es la que nunca se hace».
En el contexto del estudio bíblico, es imprescindible tener una curiosidad saludable que nos lleve a profundizar en nuestro conocimiento. El proceso, sin duda, es exigente, pero las recompensas superan el costo. Un elemento que puede interrumpir nuestro crecimiento es permitir que el miedo a la vergüenza o al rechazo nos impida hacer las preguntas que surgen en nuestra mente. Aunque podemos pensar que hay muchas razones para no hacer preguntas, debemos dejar de lado tales excusas. Uno de mis antiguos instructores nos decía con frecuencia que aprender es, en sí mismo, un ejercicio de humildad. Su razonamiento era polifacético.
Primero, antes de aprender algo, debemos admitir que hay cosas que no sabemos, pero que necesitamos conocer. Segundo, debemos aceptar que otros saben cosas que nosotros aún no sabemos. Tercero, debemos estar dispuestos a buscar ese conocimiento. Esa búsqueda requiere hacer preguntas que quizás nos avergüencen, pero debemos hacerlas porque Dios ha prometido darnos la sabiduría que necesitamos si la pedimos (cf. Mateo 5:6; 7:7-11; Santiago 1:5-8).
El cristianismo es una religión enseñada de principio a fin. No podemos llegar al Señor sin aprender de Dios (Juan 6:44-45). El que ha llegado a Cristo a través de este aprendizaje solo puede crecer en la fe si continúa aprendiendo de Él (Mateo 11:28-30; 1 Pedro 2:2). Esto no es opcional, ya que el Nuevo Testamento revela repetidamente que Dios demanda que crezcamos en Su sabiduría y conocimiento (e. g., Efesios 4:17-24; 5:8-10, 15-17; Colosenses 1:9-14; 2:1-9; Hebreos 5:11-6:3; 8:8-13; 1 Pedro 2:2; 2 Pedro 3:14-18).
Se puede decir mucho más sobre este elemento esencial de la fe cristiana, pero esto basta para recordarnos el mandamiento de aprender de Dios. Existen suficientes obstáculos naturales para el crecimiento que están fuera de nuestro control. Por ello, no podemos permitir que ningún factor controlable limite nuestro potencial de crecimiento en el conocimiento de la voluntad de Dios. Así que cuando se trata de obtener ese conocimiento, podemos hacer una pregunta y sentirnos «tontos» por un momento, o podemos escoger no preguntar y ser tontos de por vida. En última instancia, esta decisión determinará nuestra eternidad. Así que hagamos el ridículo por un momento en busca de la sabiduría divina.
Publicado el 27 de abril de 2026 en www.ebglobal.org. Traducido por Moisés Pinedo. Título original en inglés: «A fool for a minute or a fool for a lifetime?», en Family Matters, 8 de marzo de 2026.