Cuando recuerdo la cruz de Cristo, puedo ver la importancia de recordar

Resumen

Los cristianos que olvidan cómo su Salvador murió por ellos pronto también olvidan cómo deben vivir por su Salvador.

[E]l Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí (1 Corintios 11:23-25).

Una de las experiencias más trágicas de la vida es perder la capacidad de recordar o ver que nuestros seres queridos la pierden. Piense en la persona que, debido a un accidente, no puede recordar la identidad de los demás ni siquiera la propia. Piense en la persona que padece demencia y no puede recordar lo que hizo hace cinco minutos. Piense en el padre que envejece y no puede recordar a sus hijos ni a sus nietos. Piense en la esposa que está presente y, sin embargo, no puede recordar a la persona con quien ha compartido la mayor parte de su vida.

Los seres humanos hemos sido creados como seres intelectuales (Génesis 1:26-27); el conocimiento que adquirimos, las experiencias que vivimos, las relaciones que disfrutamos y los recuerdos que atesoramos forman parte de quienes somos. Por tanto, cuando perdemos la capacidad de recordar, también perdemos parte de nuestra identidad, hasta el punto de no poder pensar, vivir ni actuar plenamente como nosotros mismos. Perdemos parte de nuestra capacidad para actuar con responsabilidad, tanto ante nosotros mismos como ante los demás. De hecho, comúnmente se describe esta pérdida de la identidad, del recuerdo y de la conexión como el «adiós prolongado» o la «muerte lenta antes de la propia muerte».[1]

Aunque olvidar a las personas amadas y los acontecimientos de la vida es una gran tragedia, la peor de todas es olvidar lo que el Señor hizo hace dos mil años en la cruz del Gólgota. Olvidar el significado de Su sacrificio afecta la mente, el corazón y las acciones de la persona, relegándola a un estado de temor, desesperación, culpa e incertidumbre en esta vida y, finalmente, condenándola al olvido eterno por parte de Dios mismo.

Nuestro Señor sabía que recordar es esencial para la vida cristiana y, por ello, cuando instituyó la santa cena en Lucas 22:19, dijo: «haced esto en memoria de mí». Los que olvidan la manera en que su Salvador sufrió y murió por ellos, pronto también olvidan la manera en que ellos deben vivir y morir por su Salvador. Por otra parte, los siervos fieles de Dios recuerdan tal evento cada primer día de la semana (Hechos 20:7) como una motivación constante para la fidelidad cristiana, pues, una vez más, la mayor tragedia de la vida es olvidar lo que Jesús hizo en la cruz por todos nosotros.

[i] Se usan ambos conceptos de manera común y sin atribución en la literatura y en la expresión médica.