No pierda su Biblia en la iglesia

Resumen

La Biblia es el libro más grandioso del mundo y merece la mayor atención. ¡Así que busque su Biblia, ábrala, léala y vívala!

Antes, había un sitio web que ofrecía información a quienes buscaban Biblias familiares perdidas. El anuncio típico decía algo así:

LANCASTER

El último lugar donde se vio la Biblia fue en Wysox, Pennsylvania, a finales de la década de 1920 y a comienzos de la de 1930. La Biblia contiene la historia familiar.

Otros eran más interesantes:

VALENTE

Estoy buscando una Biblia que perteneció a José Valente. José falleció en 1998, y su madre envió la Biblia al hermano de José, llamado Daniel, en Carolina del Norte. Daniel nunca recibió la Biblia, y nosotros no podemos encontrarla. La Biblia tiene valor sentimental, pues José ya no está con nosotros. Se aprecia cualquier información.

¿Alguna vez ha perdido una Biblia? Puede haberla dejado sobre su auto mientras hablaba con un amigo en el estacionamiento de la iglesia y haber olvidado recogerla antes de manejar de regreso a casa. Puede haberla perdido cuando se mudó a una casa nueva o haberla prestado a un amigo que nunca la devolvió. Muchos de nosotros hemos perdido una Biblia en el pasado, al menos durante algunos días.

¿Ha perdido una Biblia en el local de la iglesia? Muchas Biblias terminan en una mesa de artículos extraviados. De todos los lugares en los que se puede perder una Biblia, la iglesia parece ser el menos probable. Se espera que usemos nuestras Biblias en la adoración, no que las perdamos. Esperamos encontrar la verdad en la iglesia y no perderla.

En el tiempo de Josías, los judíos hallaron la ley de Dios que se había perdido. El sacerdote Hilcías dijo al escriba Safán: «He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová» (2 Reyes 22:8). Esto guio a un avivamiento del pueblo de Dios.

Meditemos en la idea de «perder la Biblia» en la iglesia y considerémosla desde una perspectiva diferente. Algunos cristianos «pierden la Biblia». ¿Cómo?

Algunos pierden la Biblia en el modernismo

El modernismo niega lo sobrenatural. Inglaterra, la nación que dio al mundo la versión en inglés del Rey Santiago en el siglo XVII, perdió la Biblia en el siglo XIX. La gente de Inglaterra todavía tenía copias de la Escritura, pero ya no creía en ella. Hoy muchos rechazan la verdad de que la Biblia es la revelación inspirada por Dios (cf. 2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21).

El liberalismo religioso plaga el mundo moderno. Muchos profesores de seminarios religiosos no creen en la inspiración completa, la concepción virginal, la resurrección corporal de Jesús ni en los milagros que la Biblia registra que Él realizó (cf. Juan 20:30-31). Los grupos religiosos que son instruidos por personas educadas en tales instituciones no pueden crecer en la fe.

Algunos pierden la Biblia en la política

Francia perdió la Biblia en el período previo a la Revolución Francesa de 1789. Antes de la revolución, Francia gastó millones de dólares en instruir a su población mediante literatura atea. Ellos pensaban que la Biblia entorpecía el progreso, por lo que intentaron eliminarla. Cuando lo hicieron, perdieron su gobierno. El pueblo ganó la libertad de religión y se rebeló contra el estado.

Algo similar está sucediendo ahora en los Estados Unidos y en otras naciones. Mucha gente ya no lee la Biblia; algunos la atacan abiertamente.[1] Los gobiernos se han distanciado de ella mientras abren las puertas al secularismo y a las religiones falsas como el islamismo. Mientras la incredulidad bíblica avanza, la moralidad decae. El odio es rampante; la fornicación se practica ampliamente; los divorcios son comunes; la homosexualidad es aceptada; el aborto es defendido; la deshonestidad, el hurto, el consumo de drogas, el juego de apuestas y, básicamente, toda forma de práctica antiética son comunes en cada esquina, en la televisión y en los medios noticieros.

Algunos pierden la Biblia en el púlpito

Hay iglesias que solo reciben pocas gotas del agua de la vida durante el servicio del domingo. Estoy estudiando con un hombre que anteriormente perteneció a una denominación. Él ama a la iglesia de Cristo porque esta enseña la Biblia. Él me dijo que su «pastor» antiguo, vagamente, hacía referencia a un versículo al comienzo de su sermón, y eso era lo único que decía de las Escrituras durante toda la lección.

Las congregaciones que oyen casi nada más que historias personales, testimonios, psicología superficial, pensamientos religiosos modernos, bromas, comentarios sobre eventos contemporáneos y opiniones de hombres están espiritualmente hambrientas (cf. 2 Timoteo 4:2). Franklin Camp dijo que un «sermón sin escrituras es como un balde vacío para alguien que muere de sed». ¿Cómo puede alguien aprender la Biblia si no la escucha (Romanos 10:14)? Abraham dijo desde el paraíso: «A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos» (Lucas 16:29).

Algunos pierden la Biblia en la ausencia

Muchos crecieron asistiendo a las clases bíblicas, adorando y leyendo la Biblia en sus hogares, pero en cierto punto, ya sea en la universidad o en los años de ocupación de la adultez, se relajaron y dejaron de asistir a los servicios. Dios quiere que todos regresen. Él acepta a los hijos pródigos cada semana. Él Se regocija cuando la nueva generación de niños crece en Su conocimiento (cf. 1 Pedro 2:1-3).

Algunos pierden su Biblia en la negligencia

Un pequeño niño tomó la Biblia de la mesa de centro de su sala y le preguntó a su madre: «Mamá, ¿es este el libro de Dios?». Ella respondió: «Sí, lo es». Él entonces dijo: «Bueno, creo que mejor lo devolvemos, pues ya no lo usamos».

A Satanás no le importa si tenemos diez Biblias, pero no leemos ninguna de ellas. En una encuesta bíblica, algunas personas pensaron que una epístola era la esposa de un apóstol, que la torre de Babel era el lugar donde Salomón guardaba a sus esposas, y que la ley mosaica era una ley que obligaba a la gente a reemplazar sus pisos con losetas de colores.

En nuestro tiempo tecnológico, puede parecer simplista instar a algo tan básico como la lectura de un libro, pero la lectura de la Biblia es fundamental para la vida espiritual. Juan escribió: «Bienaventurado el que lee» (Apocalipsis 1:3). Pablo escribió: «Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza» (1 Timoteo 4:13).

Dios mandó que todos los reyes de Israel leyeran las Escrituras: «y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra» (Deuteronomio 17:19).

Una vez, Caleb Thomas Winchester dijo que los grandes libros son aquellos «que todos quieren haber leído pero que nadie quiere leer».[2] Nadie debería morir sin haber leído la Biblia. La Biblia es el libro más grandioso; merece la mayor atención. ¡Busque su Biblia y léala!

[1] «El estado de la Biblia» [«State of the Bible»], American Bible Society, 2025, https://www.americanbible.org/news/state-of-the-bible/.

[2] Mark Twain, «La desaparición de la literatura» [«The disappearance of literature»] (discurso en la cena del club del siglo XIX, 20 de noviembre de 1900), en Paul Fatout, ed., Discurso de Mark Twain [Mark Twain speaking] (Iowa City: University of Iowa Press, 1976), 360.