Un soldado sin crueldad

Resumen

Los cristianos debemos aprender a ser «soldados sin crueldad»; así ganaremos a otros, no solo ganaremos un debate.

Como regalo de Navidad, mi hermano me dio el libro Nubes de gloria: La vida y leyenda de Robert E. Lee. Esta es la biografía que Michael Korda escribió del general Lee. Robert Lee fue un hombre tan inteligente, talentoso y honorable que los soldados del norte y del sur durante la Guerra Civil lo respetaban. En el prólogo, el autor cita las palabras del senador Benjamin Hill, quien elogió al distinguido general como

un enemigo sin odio, un amigo sin traición, un soldado sin crueldad, un vencedor sin opresión […] César, sin su ambición; Frederick, sin su tiranía; Napoleón, sin su egoísmo; y Washington, sin su recompensa.[1]

Así como la mayoría de los demás predicadores, yo he tenido una cantidad de estudios que se han convertido en debates. Respeto mucho a aquellos hombres que pueden defender la verdad con habilidad, exponer sus puntos con firmeza y, aun así, conservar o ganar el respeto de su oponente al final de la discusión. El sabio escribió: «Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él» (Proverbios 16:7). Quizá usted haya oído la máxima que insta a los maestros de Biblia a ganar almas, no solo a ganar discusiones. Aparentemente, Robert E. Lee vivía según un lema similar.

Pablo instó a los predicadores del evangelio: «el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él» (2 Timoteo 2:24-26).

Jesús es el ideal de los predicadores. Es cierto que fue condenado a muerte por predicar la verdad, pero, una vez, ciertos soldados regresaron sin arrestarlo y dijeron: «¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!» (Juan 7:46). Él es nuestro ejemplo. Entre la gente del pueblo, «todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca» (Lucas 4:22). Jesús fue Alguien de Quien Sus enemigos podían decir: «sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios» (Mateo 22:16). Él era un «enemigo» sin odio.

Cuando presentemos la verdad a alguien que ha decidido, en su mente y en su corazón, oponerse a ella, evitemos la ira y enseñemos con amabilidad, paciencia y mansedumbre (1 Pedro 3:15). Si aprendemos a ser «soldados sin crueldad», tal vez podamos ganar a la gente, no solo un debate.

[1] Michael Korda, Nubes de gloria: La vida y leyenda de Robert E. Lee [Clouds of glory: The life and legend of Robert E. Lee], (Nueva York: HaperCollins, 2014), xxiv.