«Cuidadito la boquita lo que habla»

Resumen

Mientras cantamos con nuestros pequeños, «Cuidadito la boquita lo que habla», no olvidemos practicar este canto.

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes (Efesios 4:29).

Santiago 3:1-12 presenta una advertencia solemne contra uno de nuestros comportamientos pecaminosos más comunes: el uso inapropiado de la lengua. Es crucial que distingamos entre el uso correcto e incorrecto de la lengua. Si no lo hacemos, guardaremos silencio cuando debemos hablar lo bueno, lo cual sería igualmente pecaminoso. Sin embargo, debemos evitar lo que Jesús describió como «palabra ociosa» (Mateo 12:36). El término significa «negligente, que evita el trabajo que debe realizar».[1] La Biblia de las Américas traduce la palabra como «vana». La idea común es que la persona no realiza un esfuerzo consciente para asegurarse de que sus palabras sean adecuadas.

Frecuentemente, la gente permite que las palabras salgan de la boca con mucha facilidad; evitarlo requiere esfuerzo. Cuando queremos evitar la crítica o el conflicto, podemos sentir la tentación de engañar, pero Dios aborrece la lengua mentirosa (Proverbios 6:16-19). Cuando alguien nos critica o maltrata, podemos sentir la tentación de pronunciar palabras de ira, pero «la palabra áspera hace subir el furor» (Proverbios 15:1). Cuando otros hacen chistes profanos o inapropiados, podemos sentir la tentación de seguir la misma necedad, pero el Señor no nos excusará si cedemos a la presión de grupo y pecamos contra Él (Efesios 4:29; 5:4). Cuando escuchamos lo que se dice de otras personas, podemos sentir la tentación de divulgar la «noticia», pero Dios condena fuertemente el chisme y la calumnia (Proverbios 10:18; Mateo 15:19; 1 Pedro 2:1). Aunque es cierto que solo debemos hablar la verdad, no estamos obligados a divulgar toda la verdad que conocemos en cuanto a todos o todo, pues muchas veces esto es innecesario o puede ser dañino.

La lista de maneras en que podemos usar mal nuestra lengua podría continuar sin fin, pero los ejemplos anteriores son suficientes para entender por qué Santiago da una advertencia tan fuerte contra la lengua indómita. Consideremos lo que nuestro Señor dijo acerca de las palabras ociosas, y recordemos que «de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12:36-37).

Afortunadamente, podemos aprender, dejar estos malos hábitos y usar nuestra boca para los propósitos que Dios diseñó. Después de todo, Él escogió el lenguaje como medio para difundir el evangelio que nos salva de nuestros pecados. Sin la Palabra de Dios, todos estaríamos perdidos. Por ende, teniendo el ruego de Pablo en mente, nos trazamos el siguiente objetivo: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Colosenses 4:6). Una forma de garantizar que nuestras palabras sean palabras de gracia es examinar su propósito; de esta manera hablaremos lo bueno «para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes» (Efesios 4:29). Recuerde que «la palabra dicha como conviene» es una gran bendición (Proverbios 25:11).

Mientras cantamos con nuestros pequeños, «Cuidadito la boquita lo que habla. Porque hay un Dios de amor que mirándonos está. Cuidadito la boquita lo que habla», no olvidemos practicar este canto en nuestra vida.

[1] Joseph H. Thayer, «argos» (G692), Un léxico griego-inglés del Nuevo Testamento [A Greek-English lexicon of the New Testament] (Grand Rapids, MI: Baker, 1977), 72.