¿Seguimos ahora los diez mandamientos?
| Resumen | La gente de hoy no está bajo los diez mandamientos ya que Jesús los reemplazó con un mejor pacto: el evangelio de Su Hijo. |
Los diez mandamientos son el código moral más reconocido en la historia humana. Estas palabras, dadas a Moisés en el monte Sinaí en 1491 a. C., fueron grabadas por la misma mano de Dios en dos tablas de piedra; fueron el fundamento del pacto entre Dios e Israel (Éxodo 21-23 y Levítico contienen el resto de la ley de Moisés). Los judíos dicen que había seiscientas trece leyes: doscientas cuarenta y ocho positivas y trescientas sesenta y cinco negativas.
Los diez mandamientos abordan la relación vertical del hombre con Dios, así como sus relaciones horizontales con los demás. Los cuatro primeros abordan la responsabilidad del hombre ante Dios; instruyen a los judíos a adorar solamente a Jehová, a huir de la idolatría, a honrar el nombre de Dios y a santificar el día de reposo. Estas leyes requieren que el hombre honre al Creador, reconozca Su soberanía y dependa de Su provisión.
Los siguientes seis mandamientos abordan las relaciones humanas; demandan el respeto a los padres, la santidad de la vida, la fidelidad en el matrimonio, la integridad en cuanto a la propiedad, la veracidad en el lenguaje y el contentamiento con las posesiones. Promueven la dignidad humana y la santidad familiar, sosteniendo un fundamento estable para la sociedad. Aunque ocho de los diez son negativos (comienzan con «No»), se pueden condensar los diez en solamente dos leyes positivas: amar a Dios, y amar al prójimo (Mateo 22:36-39; Romanos 13:8-10).
El comportamiento moral que los diez mandamientos describen todavía se requiere de la gente, pero hoy nadie vive bajo los diez mandamientos. Puede ser una sorpresa aprender que alguien puede cumplir los diez mandamientos perfectamente y aun así estar perdido. A muchos les confunde este enunciado o incluso lo rechazan. ¿Por qué es cierto?
Lo que el Antiguo Testamento dice en cuanto al Antiguo Testamento
Los diez mandamientos fueron la ley del pueblo de Dios durante mil quinientos años. Durante el Antiguo Testamento, sirvieron como ley e instrucción. Cuando Israel obedecía la ley de Dios, era bendecido; cuando desobedecía, era juzgado (Deuteronomio 28:1-2, 15; Jueces 2:11-15).
Para entender los diez mandamientos en el plan general de Dios, comencemos con cinco preguntas importantes:
¿A quiénes se los dio? A Israel (Deuteronomio 5:1-3; Romanos 3:1-2).
¿Cuándo se los dio? Después de que Israel salió de Egipto, en el monte Sinaí u Horeb (Deuteronomio 5:2-4).
¿Por qué se los dio? Para avivar la conciencia sobre el pecado (Gálatas 3:19; Romanos 3:20; 7:13).
¿Por cuánto tiempo duraron? Hasta la venida de Cristo (Jeremías 31:31-34; Gálatas 3:16, 19).
¿Qué parte de la ley fue clavada en la cruz? Toda la ley (Colosenses 2:14). La Biblia no habla de partes de esta ley que sean judiciales, morales o ceremoniales.
Los diez mandamientos eran más que reglas para Israel; también le proveían:
Un fundamento moral. Formaban la base ética de la relación de Israel con Dios y con los demás. Deuteronomio 4:2 prohíbe añadir o sustraer de estas leyes, revelando la totalidad y la suficiencia de la ley.
Una identidad de pacto. Identificaban a Israel como un pueblo separado para Dios. Al reflejar la santidad de Dios, revelan el pacto y las expectativas de Dios para Su pueblo. Los mandamientos fueron guardados en el arca del pacto (Éxodo 25:16), lo cual simbolizaba su centralidad en la adoración y en la vida de Israel.
Enseñanza espiritual. Revelaban la necesidad que la humanidad tiene de la gracia de Dios, pues nadie podía guardar perfectamente la ley (Efesios 2:8-9). Los libros posteriores, como los salmos y las profecías, confirmaban la ley, enfatizando la obediencia y el arrepentimiento por la violación de sus preceptos. La meditación y la obediencia a la ley eran el camino hacia la prosperidad y el éxito (Josué 1:8).
No se dictaron estas leyes para restringir la vida, sino para preservarla y mejorarla en beneficio de la sociedad y de sus individuos.
Lo que el Nuevo Testamento dice en cuanto al Antiguo Testamento
Los diez mandamientos (del Antiguo Testamento) sirven como antecedente del Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento estableció una estructura religiosa monoteísta, proveyendo profecías, principios y ejemplos que explican una gran parte de la enseñanza del Nuevo Testamento. Cristo mencionó que el Antiguo Testamento regiría hasta que se cumpliera su propósito. Él dijo: «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir» (Mateo 5:17). En una teofanía extraña en la transfiguración, Su Padre habló audiblemente, diciendo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd» (Mateo 17:5). Un cambio estaba en proceso, como es evidente por los tres personajes principales de la transfiguración.
Moisés representaba la ley; ya no lo siga.
Elías representaba a los profetas; ya no lo siga.
Cristo representaba el Nuevo Pacto; ¡óiganlo! Este cambio se completó en la ascensión: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra» (Mateo 28:18). La palabra «toda» no otorga autoridad alguna a la ley ni a los profetas.
El Antiguo Testamento sirvió como un tutor que guio a los judíos hacia Cristo. La antigua ley apuntaba a Cristo, Quien la cumplió y ofreció gracia. Pablo escribió: «la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe» (Gálatas 3:24). El Antiguo Testamento prescribió rituales, ceremonias y regulaciones civiles, y presentó tipos y sombras que prepararon a los judíos para la llegada del Mesías (Colosenses 2:16-17; Hebreos 10:1-3). Hebreos 8:13 declara que el Antiguo Testamento, incluidos los diez mandamientos, se volvió obsoleto cuando Cristo murió.
La ley fue cumplida y reemplazada por un mejor pacto (Hebreos 8:6). Pablo dijo que lo que fue escrito en piedra —los diez mandamientos— fue quitado, abriendo camino para la ministración del Espíritu: el Nuevo Testamento (2 Corintios 3:7-8, 11). Él identificó el tiempo en que la ley cambió: «quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Colosenses 2:14). Los cristianos son libres de los estatutos de la ley: «Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo» (Colosenses 2:16-17). Pablo usó el matrimonio para explicar la relación de los judíos con la antigua ley. Una mujer casada con un hombre está unida a él por la ley de Dios mientras que el hombre vive (Romanos 7:1-7). Si ella se une a otro hombre mientras él vive, «será llamada adúltera» (vs. 3; cf. Mateo 19:9). Pero si su primer esposo muere, entonces ella está libre para casarse con otro hombre. La relación de los judíos con la ley era similar:
El esposo era la ley de Moisés; los judíos, la esposa. (Es claro que Pablo estaba hablando de la ley de Moisés, pues hizo referencia a «No codiciarás» en el versículo 7).
Cuando la ley regía, todos los judíos eran responsables ante ella.
Cuando la ley regía, si un judío se casaba con otra ley (religión), era culpable de adulterio espiritual.
Pero cuando la ley llegó a su fin, la ley de Cristo (el cristianismo) pasó a ser el nuevo esposo. Los judíos y gentiles ahora tienen el privilegio de casarse con Cristo, Quien ha sido levantado de los muertos (Efesios 5:25-28).
La razón por la cual los diez mandamientos no son una ley para los cristianos
Respuesta breve: El cristianismo es una religión del Nuevo Testamento; los diez mandamientos pertenecen al Antiguo Testamento (Éxodo 20:1-17; Deuteronomio 5:1-21), que es una religión diferente (el judaísmo). Los diez mandamientos nunca se presentan en conjunto ni de forma completa en el Nuevo Testamento, que es el pacto que hoy rige.
Explicación detallada: Los diez mandamientos fueron dados a los judíos, no a los cristianos. Los diez mandamientos formaron parte de la ley de Moisés, un pacto hecho específicamente con el pueblo de Israel (Deuteronomio 5:2). Los cristianos no están bajo los diez mandamientos por la misma razón por la que podemos comer cerdo y bagres, y no necesitamos comer un cordero en la Pascua. Ningún gentil —descendiente de Jafet o de Cam— estuvo sujeto a la ley de Moisés (excepto los prosélitos). Las promesas, las advertencias y los castigos de la ley nunca se aplicaron a quienes no eran judíos. Moisés enfatizó que el pacto no fue hecho con los padres de la nación ni con ningún otro, «sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos» (Deuteronomio 5:3).
Ahora tenemos un mejor pacto (Hebreos 8:6) que se aplica a los judíos y a los gentiles: a todos en la tierra. Los de linaje judío pueden ser cristianos, pero ya no pueden ser practicantes del judaísmo. En Cristo, no hay judío ni griego (Gálatas 3:28).
Los diez mandamientos fueron temporales y cumplieron su propósito. El Antiguo Testamento predijo su propio final: «He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres» (Jeremías 31:31-32; citado en Hebreos 8:7-13). Jesús inauguró el Nuevo Pacto con Su muerte (Lucas 22:20).
Jesús guardó la ley perfectamente y le puso fin de forma permanente. Cuatrocientos treinta años (1921 a. C.) antes que la ley fuera dada en Sinaí (1491 a. C.), Dios llamó a Abraham de Ur de los Caldeos y le prometió que, a través de él, todas las familias de la tierra serían benditas (Génesis 12:1-3; cf. 22:18). Esta fue la primera promesa bíblica detallada de salvación para toda la humanidad (Génesis 3:15 fue una promesa encubierta). ¿Quién era la Simiente de la cual Dios habló a Abraham? Cristo (Gálatas 3:16).
Cuando Jesús declaró que había venido para cumplir la ley (Mateo 5:17), quiso decir que satisfaría todos sus requisitos (Romanos 10:4). En la cruz, Él quitó la primera ley para establecer la última (Hebreos 10:9). Mientras colgaba entre el cielo y la tierra, inclinó Su cabeza y dijo: «Consumado es» (Juan 19:30). Entre otras cosas, esto incluía la ley. Una vez cumplida, la autoridad de la ley llegó a su fin, abriendo camino al evangelio.
¿Qué hizo Jesús con la ley? La anuló, la quitó y la clavó en la cruz, y derrumbó la pared intermedia de separación (Efesios 2:13-22; Colosenses 2:14). Por ende, los cristianos ya no están bajo la ley, sino bajo la gracia (Romanos 6:14), la ley de Cristo, que enfatiza la fe, el amor y el gozo en el Espíritu (Romanos 14:17; Gálatas 6:2).
La razón por la cual el Nuevo Testamento es superior al Antiguo
El evangelio de Cristo permanece como la expresión fundamental de la gracia y la verdad de Dios, incluso superando a los diez mandamientos. Los mandamientos fueron grabados en piedra (2 Corintios 3:7), pero el evangelio está escrito en los corazones (3:3). Mientras que la ley imponía cargas, el evangelio las levanta.
Los diez mandamientos revelaban el pecado; el evangelio borra el pecado. La ley mostraba la necesidad humana de un salvador al exponer el pecado (Romanos 7:13). Proveía límites morales, pero no un remedio perdurable contra la desobediencia. El evangelio ofrece limpieza a través de la sangre de Cristo (1 Juan 1:7). La ley condenaba; el evangelio justifica (Romanos 8:1).
Los diez mandamientos eran temporales; el evangelio es eterno. El evangelio es perdurable y proclama salvación a todas las naciones y a todas las generaciones (Mateo 28:19-20).
Los diez mandamientos rigen las acciones; el evangelio transforma el corazón. La ley abordaba el comportamiento externo. El evangelio se centra en algo más profundo: renovar la mente (Romanos 12:2).
Los diez mandamientos requerían repetición; el evangelio es final. El sistema sacrificial era un arreglo temporal que exigía sacrificios continuos y rituales anuales. Hebreos 10:1 explica: «Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan». Cada sacrificio apuntaba a Cristo, el único y perfecto sacrificio (Hebreos 10:10). Su trabajo es completo y provee redención eterna (Hebreos 9:12).
Los diez mandamientos separaban al hombre de Dios; el evangelio lo reconcilia con Dios. La ley destacaba la santidad de Dios y el pecado del hombre, creando una división entre ambos (Éxodo 19:12-13; Isaías 59:1-2). Demandaba la condenación al revelar el pecado, pero sin ofrecer una manera de vencerlo (Romanos 8:3). El evangelio quita la división. Jesús reconcilia al hombre con Dios y permite el acceso directo a la presencia de Dios (2 Corintios 5:18-21; Hebreos 9:15; 10:19-22). Esto produce libertad (Romanos 8:2).
Los diez mandamientos eran exclusivos para Israel; el evangelio es inclusivo. El evangelio es para todos, como Dios prometió a Abraham (Génesis 12:3; Gálatas 3:8, 16). Los judíos y los gentiles son un solo cuerpo (Efesios 2:14).
La gente de hoy no está bajo los diez mandamientos ya que Jesús los reemplazó con un mejor pacto. El evangelio cumple lo que los diez mandamientos solamente podían anticipar. Al enfocarse en la raíz del pecado en vez de solo en los síntomas, el evangelio ofrece vida eterna en vez de condenación. En Cristo no solo tenemos un código moral, sino también a un Salvador vivo.
¿Está siguiendo a Jesús? Él lo invita a que se una a quienes viajan con gozo por el camino que conduce al cielo.
Publicado el 23 de febrero de 2026 en www.ebglobal.org. Traducido por Moisés Pinedo. Título original en inglés, «Do we obey the 10 commandments today?», en House to House, 30.3 (2025): 1-3.