Todo el consejo de Dios
| Resumen | No estaremos limpios de la sangre de todos sino hasta que determinemos seriamente anunciar todo el consejo de Dios. |
Mientras el apóstol Pablo viajaba hacia Jerusalén y esperaba la salida de un barco que navegaba en esa dirección, pidió que los ancianos de la iglesia en Éfeso se reunieran con él en Mileto. Cuando llegaron, los instó a cumplir sus responsabilidades ante su congregación. Entre las cosas que Pablo les dijo, se encuentra este enunciado: «no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios» (Hechos 20:27).
Como testimonio de la impresión duradera de las ilustraciones, todavía recuerdo una que cierto predicador usó al comienzo de sus lecciones en una conferencia hace algunas décadas. Esta ilustración puede ser útil para este tema. Se cuenta que se le pidió a un predicador joven que diera la lección una mañana en una congregación pequeña y rural. A la hora señalada para el comienzo del servicio, solo había llegado un campesino anciano. El joven le preguntó si debía predicar. El campesino respondió: «Si solo una vaca llega al establo, yo todavía le doy de comer». Con ánimo, el predicador novato predicó, predicó y predicó. Después del servicio, le preguntó al campesino qué le había parecido su sermón. El campesino entonces respondió: «Dije que le daría de comer a la vaca, pero ¡no que le daría todo el forraje!».
Esta pequeña historia explica el enunciado «todo el consejo de Dios» en relación con la Palabra de Dios: se debe predicar todo el consejo de Dios en partes en vez de en una sola ocasión. Obviamente, ningún predicador puede enseñar en una sola sesión todo lo que debe predicarse, ni sus oyentes pueden soportar en una sola reunión todo lo que deben escuchar de la Biblia. La Palabra de Dios siempre se enseña en incrementos, pues siempre hay más que aprender y comprender de las Escrituras.
Muchas circunstancias influyen en la cantidad de enseñanza bíblica que se puede impartir en una oportunidad dada. La ubicación y el tiempo son dos factores principales. Por supuesto, el predicador o maestro también es un factor principal. Al menos en ciertas ocasiones, el apóstol Pablo predicaba extensamente; en una de ellas, «un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto» (Hechos 20:9). Además, algunas partes de la enseñanza (cf. Hebreos 5:13-14) que Pablo escribía e impartía, eran «difíciles de entender», especialmente para los nuevos cristianos (2 Pedro 3:16).
Otro componente importante es el interés de quienes escuchan la Palabra de Dios. Los cristianos, especialmente, deben estar ansiosos por escuchar la Palabra de Dios en cada oportunidad. «Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas» (Salmos 63:1). «Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta» (Salmos 143:6). «Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba» (Juan 7:37). Nuestro Señor también dijo en el sermón del monte: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados» (Mateo 5:6).
Por otro lado, mirar el reloj para indicar al predicador que termine su sermón o clase no está en armonía con el hambre y la sed de justicia. De hecho, en algunos países donde he realizado trabajo misionero, las cosas son diferentes. Los cristianos, e incluso los que no lo son, con frecuencia esperan tres horas al aire libre, sentados en el suelo o en la oscuridad de la noche, antes de que los predicadores nativos y yo lleguemos y enseñemos durante dos o tres horas más. Los sermones breves no son bien recibidos en países como India, Birmania, Sri Lanka y Guyana. Si los cristianos en tales lugares perciben que la enseñanza es demasiado breve, alguien más se levantará y presentará un mensaje adicional. Su servicio normal puede durar de dos a cuatro horas; en algunos casos, los líderes de la iglesia deben pedirles a los miembros que vayan a casa y regresen en la próxima hora señalada. Muchas veces, así como los nativos pueden aprender de los misioneros, los misioneros también pueden aprender de ellos.
Al analizar nuestro texto en Hechos 20:27, podemos observar algunas definiciones básicas de las palabras griegas originales. «Rehuir», junto con la negación, significa que el apóstol Pablo no retuvo ni ocultó ninguna parte del evangelio de Cristo. «Anunciar» significa enseñar en detalle. La palabra «consejo» se refiere a la explicación del propósito, en este caso, del evangelio. Por ende, el apóstol, quien había predicado el reino de Dios (Hechos 20:25), estaba «limpio de la sangre de todos» (Hechos 20:26).
Hermanos, no estaremos limpios de la sangre de todos sino hasta que nos esforcemos en predicar el reino de Dios y determinemos anunciar todo el consejo de Dios. Entonces el tiempo llegará a ser irrelevante, pues anhelaremos la justicia. Cada aspecto del cristianismo en la vida debe corresponder a la revelación de Dios, en vez de que nuestro cristianismo sea una parte aislada de nuestra vida; «buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33). Observe la importancia suprema de los asuntos espirituales sobre los intereses materiales. ¿Tiene prioridad lo espiritual en nuestra vida?
Publicado el 26 de enero de 2026 en www.ebglobal.org. Traducido por Moisés Pinedo. Título original en inglés: «The whole counsel of God», en Gospel Gazette 27.11 (2025): 2.