¿Evite las genealogías?

Resumen

Si se estudia el mandato de Pablo a «evitar las genealogías», se puede ver que no se refería a las genealogías bíblicas.

Como la mayoría de los estudiantes de la Biblia saben, las Escrituras, especialmente el Antiguo Testamento, contienen varias genealogías. Génesis 5 presenta la genealogía de Adán hasta Noé. Génesis 10 enumera a muchos de los descendientes de Sem, Cam y Jafet. Génesis 11 presenta la genealogía de Sem hasta Abraham. Las genealogías conforman los primeros nueve capítulos de 1 Crónicas. Además, el Nuevo Testamento comienza con estas palabras: «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham» (Mateo 1:1). En vista de estas genealogías extensas, algunos se preguntan por qué el apóstol Pablo instruyó a Timoteo y Tito a no prestar atención a genealogías interminables (1 Timoteo 1:4), sino evitarlas (Tito 3:9). Un escéptico ha alegado que, «si siguiéramos este consejo, ignoraríamos la mayor parte de la Biblia».[1] ¿Cómo se puede confiar en un libro que afirma que se deben evitar las genealogías, pero que, al mismo tiempo, contiene varias genealogías extensas? ¿Es esta una contradicción?

Primero, es incorrecto interpretar las instrucciones de Pablo como si constituyeran una prohibición de la lectura o del estudio de las genealogías bíblicas. Obviamente, Pablo creía en la inspiración de las Escrituras del Antiguo Testamento. De hecho, él mismo escribió: «Toda la Escritura es inspirada por Dios» (2 Timoteo 3:16), lo cual incluye las varias genealogías del Antiguo Testamento. Por ende, es incorrecto concluir que un apóstol que afirmó ser guiado por el Espíritu Santo (cf. 2 Pedro 1:20-21) ordenara a los cristianos evitar las mismas palabras del Espíritu Santo (cf. 2 Samuel 23:2).

Segundo, cuando se considera cuidadosamente la instrucción de Pablo a «evitar las genealogías», se puede ver que no se refería a la lectura ni al estudio de las genealogías bíblicas. Más bien, al exhortar a la paz, la humildad y la mansedumbre (Tito 3:2), como también a las buenas obras (vs. 8), Pablo escribió: «Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho» (vs. 9). En griego, como en español, «los cuatro sustantivos [cuestiones, genealogías, contenciones y discusiones] no llevan el artículo», lo cual «enfatiza la cualidad de estas cosas».[2] Así como los efesios no debían prestar atención «a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios» (1 Timoteo 1:3-4), Tito debía evitar «varias indagaciones “necias” o insensatas», incluyendo «especulaciones sobre las genealogías del Antiguo Testamento», que «dan como resultado contiendas fuertes y peleas abiertas».[3] Según Pablo, tales necedades «son vanas y sin provecho» (Tito 3:9).

Tercero, bajo la ley de Moisés, las genealogías eran necesarias para distinguir tribus, distribuir tierras, discernir deberes (por ejemplo, las responsabilidades de los levitas eran diferentes a las de otros israelitas) y, lo más importante, revelar de qué nación, tribu y linaje saldría el Mesías profetizado. Sin embargo, tales genealogías no eran «interminables». Aunque varios capítulos del Antiguo Testamento contienen genealogías, de ninguna manera constituyen «la mayor parte de la Biblia», como alegó el escéptico Steve Wells. Probablemente las genealogías que Pablo tenía en mente eran las que los judíos conservaban y que, a lo largo de los siglos, se volvieron «numerosas, complicadas y extensas, de tal manera que, sin exagerar mucho, podrían llamarse “interminables”».[4] A estas genealogías «[l]os judíos les daban mucha importancia […] e insistían en que se las conservaran cuidadosamente».[5]

Finalmente, cuando Pablo escribió a Timoteo y Tito, la ley antigua ya había sido reemplazada por una nueva (Hebreos 8:7-13). Ya no era necesario que los judíos usaran genealogías para probar su identidad como nación, tribu o familia. En Cristo, «no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» (Romanos 10:11-13; cf. Gálatas 3:28; Colosenses 3:11). Para los cristianos, perder tiempo valioso discutiendo sobre «cuestiones necias», como la ascendencia, es «vano y sin provecho» (Tito 3:9). La única genealogía que realmente importa para los cristianos es la de Cristo. Su genealogía sirve como prueba de la inspiración de la Biblia y de la divinidad de Cristo. El Mesías sería del linaje de Abraham (Génesis 12:1-3), de la tribu de Judá (Génesis 49:10), de la familia de Isaí (Isaías 11:1) y de la casa de David (Jeremías 23:5). De hecho, esto se cumplió de manera exacta en Jesús, como lo revelan los autores del Nuevo Testamento, incluido el apóstol Pablo (Gálatas 3:16; Mateo 1:1-17; Lucas 3:23-38).

[1] Steve Wells, Biblia anotada del escéptico [Skeptic’s annotated Bible], accedido en enero de 2025, http://www.skepticsannotatedbible.com/1tim/1.html.

[2] D. Edmond Hiebert, El comentario bíblico del expositor [The expositor’s Bible commentary], ed. Frank E. Gaebelein (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1981), 2:447, texto entre corchetes añadido.

[3] Hiebert, El comentario bíblico, énfasis añadido.

[4] Albert Barnes, Notas de Barnes [Barnes’ notes] (Biblesoft, 1997).

[5] Barnes, Notas de Barnes.