¿Significa la rareza de los milagros que estos sean imposibles?
| Resumen | Los milagros bíblicos no son en absoluto improbables si se analizan a la luz de hechos históricos ampliamente aceptados. |
El cristianismo se basa en la historicidad de los milagros registrados en la Biblia, especialmente de la resurrección de Jesús (vea 1 Corintios 15). Los críticos de la Biblia suelen rechazar los aspectos milagrosos del cristianismo. Generalmente niegan la historicidad de los milagros bíblicos o incluso la posibilidad de que ocurran. Para responder eficazmente a sus críticas, el apologista debe entender el argumento del crítico y demostrar que una o más premisas son falsas, o que su razonamiento es inválido. Uno de los argumentos más populares contra los milagros bíblicos es el del filósofo escocés del siglo XVIII, David Hume.[1] Norman Geisler ha resumido el argumento de Hume de la siguiente manera:[2]
Premisa #1: La ley natural, por definición, es la descripción de una ocurrencia regular.
Premisa #2: Un milagro, por definición, es una ocurrencia inusual.
Premisa #3: La evidencia a favor de lo regular siempre es mayor que la de lo inusual.
Premisa #4: El hombre sabio siempre basa su creencia en la mayor evidencia.
Conclusión: Por lo tanto, el hombre sabio no cree en milagros.
En este caso, la conclusión es falsa porque la tercera premisa también lo es. Es cierto que los milagros son inusuales, pero los eventos inusuales sí ocurren. De hecho, muchos eventos inusuales han sido confirmados a lo largo de la historia.[3] Por lo tanto, no es cierto que la evidencia de lo regular siempre sea mayor que la de lo inusual. Considere algunos ejemplos:
Si Dios creó el universo (y hay pruebas contundentes de que así fue), la creación fue un evento único que, sin embargo, cuenta con evidencia sólida que lo respalda.
El ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 fue un evento único, pero la evidencia de su historicidad es abrumadora.
Han existido personas que han realizado hazañas realmente únicas. Por ejemplo, Richard Whately empleó de manera ingeniosa y satírica el argumento de Hume para «probar» que Napoleón Bonaparte nunca existió.[4] (Si se puede usar el argumento de Hume para demostrar que una persona histórica conocida nunca existió, entonces hay un problema con dicho argumento).
Modifiquemos la tercera premisa del argumento de Hume de esta manera: «Los supuestos milagros siempre están respaldados por menos evidencia que las explicaciones naturales». ¿Tendría mejor sentido esta premisa? No, pues no toma en cuenta cuánta evidencia podríamos tener a favor de un milagro. Cuando evaluamos la resurrección de Jesús, debemos considerar no solo la rareza de los milagros, sino también la evidencia específica de la resurrección (los tres hechos históricos que veremos más adelante) y la información de fondo (como la existencia de Dios y el ministerio indudablemente único y poderoso de Jesús). La evidencia específica y la información de fondo pueden incrementar dramáticamente la probabilidad de que un milagro haya ocurrido.[5]
La probabilidad de que un milagro haya ocurrido se determina respondiendo a una sola pregunta: «¿Cuál es la probabilidad de que tuviéramos los mismos hechos históricos si el milagro no hubiera ocurrido?». Por ejemplo, considere los tres hechos históricos fundamentales relacionados con la resurrección de Jesús. Hoy en día, la mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento (incluso aquellos que niegan la resurrección) aceptan (1) que el sepulcro de Jesús fue encontrado vacío; (2) que muchas personas y grupos declararon haber visto al Señor resucitado; y (3) que los discípulos llegaron a creer sinceramente en la resurrección, a pesar de la gran oposición.
¿Cuál es la probabilidad de que estos hechos hayan ocurrido, pero que la resurrección no haya ocurrido? La respuesta a esta pregunta convierte la resurrección de Jesús de Nazaret no solo en una posibilidad, sino también en una certeza histórica. La teoría de que Dios levantó a Jesús de los muertos solo requiere añadir una creencia adicional: la existencia de Dios. Esta creencia adicional está justificada porque existen numerosos argumentos y evidencias independientes que demuestran que Dios existe (por ejemplo, los argumentos cosmológicos, teleológicos y morales a favor de Su existencia). Para que sea razonable creer que estos tres hechos históricos ocurrieron sin la resurrección, los escépticos tendrían que proponer explicaciones alternativas plausibles y no milagrosas. Hasta ahora, no han podido hacerlo.[6]
Conclusión
Nuestra confianza en la resurrección de Jesús no solo se basa en los datos históricos, sino también en el testimonio de las Escrituras inspiradas y confirmadas sobrenaturalmente (Romanos 10:17; 2 Corintios 5:7; Hebreos 2:3-4). Sin embargo, cuando lidiamos con escépticos que dudan de la inspiración de la Biblia, es útil mostrar que los milagros bíblicos no son en absoluto improbables si se analizan a la luz de hechos históricos ampliamente aceptados.
[1] David Hume, An enquiry concerning human understanding, 2.ª ed. (Indianapolis, IN: Hackett, 1993), sec. 10.
[2] Norman Geisler, Baker encyclopedia of Christian apologetics (Grand Rapids, MI: Baker, 1999), 458.
[3] Vea Kyle Butt, «The “problem” with miracles», 2009, Apologetics Press, apologeticspress.org/the-problem-with-miracles-897/.
[4] Richard Whately, «Historical doubts concerning the existence of Napoleon Bonaparte», Famous pamphlets, 2.ª ed., ed. Henry Morely (Londres: George Routledge and Sons, 1880), 290.
[5] Vea John Earman, Hume’s abject failure: The argument against miracles (Oxford: Oxford University, 2000).
[6] Vea Kyle Butt, «The resurrection of Jesus Christ», 2002, Apologetics Press, apologeticspress.org/the-resurrection-of-jesus-christ-147/.
Publicado el 17 de agosto de 2026 en www.ebglobal.org. Traducido por Moisés Pinedo. Título original en inglés: «Does the rarity of miracles rule out their possibility?», en www.apologeticspress.org.