¿Qué debo hacer para ser salvo?

Resumen

Aprenda lo que la Biblia enseña sobre la salvación y ocúpese de su «salvación con temor y temblor» (Filipenses 2:12).

Quienquiera que haya creado la etiqueta para autos que dice: «Lea la Biblia; regalo dentro», entendió la idea. No se puede comprar con dinero ese «regalo»: la salvación a través de Cristo (Romanos 6:23; Efesios 1:6). Varios libros pretenden mostrarnos cómo ser salvos eternamente, pero el Salvador solamente ha escrito uno de ellos. Él será Quien dirá «Entrad» y «Apartaos» al fin del tiempo (cf. Mateo 25:21, 41). Ya que usará el último término más que el primero (Mateo 7:13-14), nos corresponde averiguar cómo llegar a formar parte del grupo que se dirige al cielo.

No se puede formular una pregunta más importante que la siguiente: «¿Qué debo hacer para ser salvo?». ¿Qué dice el libro de Dios acerca de la salvación? Dice que toda la gente que ha llegado a un estado de responsabilidad es pecadora (Romanos 3:23), y que todos los pecadores están perdidos sin Cristo (Romanos 6:23; Isaías 59:1-2). Dice que un día todos nos presentaremos ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10).

La Biblia presenta la salvación como algo que tiene dos partes: la de Dios y la del hombre. Debido a Su gran amor por la humanidad, Dios ha hecho Su parte al enviar a Cristo para morir por los pecados del hombre. La Biblia dice: «Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). La parte de Dios se llama «gracia». «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» (Efesios 2:8). Pablo explicó que no podemos salvarnos por nuestra propia fuerza, y que debemos confiar en la gracia de Dios. Ninguna persona está en la posición de ser juzgada según su propia bondad o moralidad (cf. Isaías 64:6). «Por medio de la fe» significa que el hombre también tiene una parte, ya que nadie puede beneficiarse de un regalo hasta que lo reciba.

La parte del hombre en la salvación consiste, inicialmente, en obedecer a los cinco requisitos divinos para recibirla.

Primero, los pecadores deben aprender acerca de Jesucristo. El Salvador dijo: «Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí» (Juan 6:44-45). Se necesita conocer de manera suficiente los detalles de la vida de Jesús (Su nacimiento, enseñanzas, milagros, carácter, muerte, resurrección) para estar completamente convencido de que Él es el Hijo de Dios. Se obtiene esta fe solamente al estudiar la Biblia, especialmente los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Pablo dijo: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

Segundo, los pecadores deben creer en Jesucristo como el Hijo de Dios. El Salvador dijo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna… Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis» (Juan 3:16; 8:24). ¿Qué se debe creer acerca de Jesús?

  • Se debe creer que Él existió en la tierra y preexistió en el cielo (Juan 1:1-3, 14).

  • Se debe creer que fue un gran Maestro (Juan 3:2; 7:46) y en Sus enseñanzas (Mateo 28:20).

  • Se debe creer que fue un Hombre bueno, pero, aún más, un Hombre sin pecado (Juan 8:46; Hebreos 4:15).

  • Se debe creer que fue un Profeta de Dios, incluso «más que profeta» (Lucas 7:26).

  • Se debe creer que fue un Hacedor de milagros (Mateo 8; 15:30) y Alguien en Quién se realizaron milagros; por ejemplo, el nacimiento virginal y la morada del Espíritu (Mateo 1:18-25; 3:16).

  • Se debe creer que los judíos y los romanos Lo mataron, que se Le sepultó en la tumba de José de Arimatea y que resucitó temprano el domingo (Mateo 26-28).

Los dos últimos hechos generan más desacuerdo entre mucha gente y entre los cristianos. En el siglo XVIII, el Congreso de los Estados Unidos publicó una edición especial de la Biblia de Thomas Jefferson. Jefferson había extirpado todas las referencias a lo sobrenatural, por lo que su Biblia contenía únicamente las enseñanzas morales de Jesús. Las últimas palabras sobre la vida de Jesús en esa Biblia son: «Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue». Esta Biblia termina con un filósofo muerto en lugar de un Señor resucitado, y limita las Escrituras a lo que resulta fácil de creer. Negar los milagros y la resurrección de Jesús es negar el poder de Dios. Si Dios no fue lo suficientemente fuerte como para resucitar a Su propio Hijo, ¿qué esperanza hay de vida eterna para el resto de nosotros (cf. 1 Corintios 15)? Un Dios que puede construir el universo, crear la vida, inundar la tierra, partir el mar y detener el sol con seguridad puede resucitar a Su Hijo de la tumba.

  • Se debe creer que Él ha regresado a Su Padre y que un día regresará para llevarnos a casa con Él (Juan 14:1-6; Hechos 1:9-11).

En breve, ¡debemos creer que Jesús de Nazaret no es nada menos que el Hijo de Dios! Después de oír este mensaje, los judíos en Pentecostés «se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?» (Hechos 2:37). Su pregunta: «¿Qué haremos?», revela que creyeron el mensaje y se dieron cuenta de que necesitaban hacer algo más para alcanzar la salvación, más que simplemente creer. Santiago escribió: «Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe» (2:24).

Tercero, el pecador debe arrepentirse de sus pecados. El Salvador dijo: «Antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente» (Lucas 13:3). Su embajador añadió: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados» (Hechos 2:38). «Arrepentimiento» significa «un cambio de mente que produce un cambio de comportamiento» (cf. 2 Corintios 7:10). En términos simples, significa abandonar la vida pecaminosa y comenzar una vida que agrada a Cristo. Significa dejar de servir a Satanás y a nosotros mismos y comenzar a servir a Dios y a los demás (cf. Filipenses 2:1-8).

Cuarto, el pecador debe confesar su fe en Cristo (Romanos 10:9-10). Debemos verbalizar lo que hemos llegado a creer en nuestros corazones. Debemos realizar la misma confesión que hizo el tesorero etíope antes de bajar de su carruaje para ser bautizado: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios» (Hechos 8:37). La confesión de la creencia en Cristo en la tierra producirá un evento similar en el cielo (¡piense en esto!): Jesús nos confesará ante Su Padre y los ángeles. El Salvador dijo: «A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 10:32). ¡Grandioso! Tal vez ninguna persona famosa en la tierra nos llegue a conocer, pero cada ángel en el cielo sabrá nuestros nombres. El presidente de nuestro país puede no conocernos, pero Aquel que preside en el cielo nos conocerá.

Quinto, el pecador debe ser bautizado en agua para el perdón de sus pecados. El Salvador dijo: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado» (Marcos 16:16). Este es el último paso para dejar el mundo, el dominio de Satanás, y llegar a ser parte de la iglesia, el reino de Cristo (Gálatas 3:26-27). Este es el punto en el que Dios escogió quitar nuestros pecados pasados (Hechos 22:16; 1 Pedro 3:21) y darnos la oportunidad de llevar el nombre de Su Hijo (cf. Hechos 11:26).

¿Realmente es necesario ser bautizado en agua para ir al cielo?  Mucha gente religiosa se burla de esta idea. Permitamos que la Palabra de Dios responda esta pregunta. El libro de Hechos explica el plan divino de salvación mediante varios ejemplos de conversión. Registra nueve relatos específicos de conversión:

  • Los judíos en Pentecostés (capítulo 2);

  • Los samaritanos (capítulo 8);

  • El etíope eunuco (capítulo 8);

  • Saulo de Tarso (capítulos 9 y 22);

  • Cornelio (capítulo 10);

  • Lidia (capítulo 16);

  • El carcelero de Filipos (capítulo 16);

  • Los corintios (capítulo 18);

  • Los efesios (capítulo 19).

En cada ejemplo, quienes llegaron al cristianismo realizaron ciertas acciones comunes o pasos de obediencia. A cada uno se le enseñó acerca de Jesús antes de su conversión; cada uno llegó a creer en Él; se requirió el arrepentimiento; se realizó la confesión; cada uno fue bautizado en Cristo. Se requirió que, después de la conversión, cada cristiano creciera firmemente en Cristo y permaneciera fiel a Él (cf. Hechos 8:22; Apocalipsis 2:10).

En Hechos, el libro de las conversiones, encontramos las palabras «bautizado(a)», «bautismo» y «bautizar» alrededor de veinte veces. Cada vez que alguien preguntaba qué debía hacer para ser salvo, el bautismo siempre formaba parte de la respuesta. Por ejemplo, el primer día de la existencia de la iglesia (el día de Pentecostés), a la gente con conciencias contristadas que oyó la predicación de Pedro, se le dijo: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados» (Hechos 2:38). Note que el bautismo fue para el perdón de pecados. Declarar que el bautismo no es necesario equivale a afirmar que no es esencial recibir el perdón de los pecados.

Luego, en Hechos, descubrimos que la palabra «deber» está vinculada al bautismo en dos ocasiones. En el camino a Damasco, se le dijo a Saulo que fuera a la ciudad donde se le diría lo que debía hacer para agradar a Jesús (Hechos 9:6). En esa ciudad se le dijo que se levantara y «lavara» sus pecados al ser bautizado (Hechos 22:16; cf. 1 Corintios 6:11). Luego, el carcelero de Filipos preguntó qué debía hacer para ser salvo (Hechos 16:30). Se le dijo que debía creer en Jesús para ser salvo (16:31). Cuando Pablo y Silas le enseñaron la voluntad de Dios, él fue bautizado a la misma hora de la noche (16:33). Note que él se regocijó después del bautismo, una indicación del gozo de haber recibido el perdón de pecados (16:34).

Es interesante que el bautismo es el único paso hacia la salvación que se menciona explícitamente en cada relato de conversión (Hechos 2:38; 8:12; 8:13; 9:18; cf. 22:16; 10:48; 16:18; 16:34; 18:8; 19:6). Ya que Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34-35; Romanos 2:11), lo que requiere de una persona para la salvación, requiere de todos. Lo que requirió al comienzo del cristianismo, requiere hoy.

Le instamos a que estudie cuidadosamente estos pasajes en su propia Biblia. Compruebe «si estas cosas [son] así» (Hechos 17:11); esté «plenamente convencido en su propia mente» (Romanos 14:5) y ocúpese de su «salvación con temor y temblor» (Filipenses 2:12).

Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre (Hechos 22:16).