Protejamos nuestros hogares
| Resumen | Como en el tiempo de Nehemías, aprendamos a valorar nuestros hogares. Cuando lo hagamos, Dios peleará por nosotros. |
¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales. Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia? (Malaquías 2:15-17).
El diablo quiere destruir nuestros hogares. No se conformará con deshacer hogares nuevos; incluso asecha a matrimonios que han durado décadas y que siempre han gozado de felicidad, pues le agradaría más si lograra destruir dichos hogares (cf. 1 Corintios 10:12). Al considerar este tema, pongamos a un lado nuestros sentimientos sobre el divorcio y pensemos en la voluntad de Dios. Cuando los judíos regresaron del cautiverio, volvieron a caer en la trampa de la unión marital con los idólatras (Esdras 9; Nehemías 13:26-27). Ellos incluso comenzaron a divorciarse de sus esposas judías para contraer matrimonios ilícitos (Malaquías 2:11, 14). Dios les dijo que aborrece el repudio o divorcio (v. 16). Pero ¿por qué lo aborrece tanto?
¿No hizo él uno? (Malaquías 2:15). Dios aborrece el divorcio porque, según Jesús, es la separación de dos seres que Dios ha unido (Mateo 19:6) y porque corrompe una de las cosas más sagradas que Él creó. Cuando Dios creó el universo, lo único que declaró «no bueno» fue la soledad del hombre (Génesis 2:18). Cuando Dios creó a la mujer y la presentó al hombre, Él mismo los unió (v. 24) en una relación que santificó y bendijo. Malaquías llamó al matrimonio «el santuario de Jehová que él amó» (Malaquías 2:11), un santuario que Judá profanó sin vergüenza. Dios aborrece el divorcio porque destruye el fundamento mismo de la sociedad. Uno de los roles más importantes del matrimonio es ofrecer un lugar seguro para traer hijos al mundo (Malaquías 2:15; 1 Corintios 7:13-14). Quien abandona a su esposa «cubre de iniquidad su vestido» (v. 16), pues ha privado a su esposa de todo lo bueno que prometió proveerle.
¿Qué podemos hacer para proteger nuestros matrimonios del divorcio? Aquí algunas sugerencias: (1) Evite todo lo que pueda dañar esta relación íntima, incluyendo los secretos (cf. Génesis 2:25), las deudas excesivas (Proverbios 22:7) y las relaciones cercanas con personas del sexo opuesto. (2) Enfóquese en lo que realmente importa: el reino de Dios y Su justicia (Mateo 6:33). (3) Asegúrese de que su relación esté equilibrada, sin descuidar nunca el aspecto espiritual (1 Pedro 3:7) al prestar atención desmedida a lo físico y lo emocional. Recuerde que Dios ama el matrimonio. ¡Siempre vale la pena protegerlo y luchar por él!
Así como lo hicieron los enemigos de los judíos en los días de Nehemías (Nehemías 4:6-9), el diablo intentará frustrar nuestros esfuerzos cuando decidamos edificar. Algunos se burlarán de nosotros cuando cuestionemos las reglas y costumbres de la sociedad. Otros nos tratarán con desprecio e incluso nos amenazarán con castigos sociales. Si tenemos la fortaleza moral con la que Nehemías inspiró a los judíos bajo su mando y confiamos sin reservas en el Señor, nos sorprenderemos de lo que podremos lograr. Cuando aprendamos a valorar nuestros hogares como Dios lo hace, Él peleará por nosotros.
Publicado el 27 de julio de 2026 en www.ebglobal.org. Traducido por Moisés Pinedo. Título original en inglés: «Protecting our homes», en The Elizabethton Edifier, 9 de octubre de 2016.