No culpe a Jesús por mis pecados

Resumen

Si alguien que profesa seguir a Jesús hace cosas incompatibles con las demandas de Jesús, entonces no es la culpa de Jesús.

Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros (Romanos 2:23-24).

Si hace una encuesta de las razones más comunes por las cuales la gente evita o abandona el cristianismo, muy probablemente «Las obras malas de algunos que declaran ser cristianos» tendrá un lugar prominente en la lista. Muchos hemos experimentado o atestiguado el dolor del maltrato de un hermano o hermana en Cristo, así que podemos identificarnos con aquellos que sienten dudas del cristianismo.

El pasaje anterior habla del peligro de vivir en conflicto con los principios expresados en el pacto de Cristo. Si profesamos pertenecer a Dios, pero vivimos en conflicto con Sus instrucciones, mucha gente no solamente nos culpará por esto, sino también culpará a Dios. Esto explica por qué se condena frecuentemente la hipocresía en el Nuevo Testamento. Por tanto, los que adoptamos el nombre de Jesús, debemos ser diligentes al vivir de manera consistente con Su voluntad tanto como podamos. Esto no quiere decir que nunca fallaremos en nuestro carácter o pecaremos, pero esto demanda que arreglemos las cosas cuando fallamos (Mateo 5:21-26). Sin embargo, la decisión de evitar o abandonar el cristianismo debido a los errores de los cristianos es equivocada, peligrosa e injusta ante el Señor y Su pueblo.

Esta decisión es equivocada porque atribuye culpa a la persona equivocada

Si alguien que profesa seguir a Jesús hace cosas que no son consistentes con las demandas de Jesús, entonces no es la culpa de Jesús. Es más fácil entender por qué una persona del mundo adoptaría una postura como esta que un creyente. No debemos abandonar a Jesús porque alguien que declara seguirlo falla. También se debe mencionar que esto se aplica a dejar una congregación por otra debido a la obra mala de alguien en vez de buscar reconciliación (Mateo 18:15-20).

Esta decisión es peligrosa porque los pecados de otros no justifican el rechazo de la voluntad de Dios para la iglesia

Los cristianos debemos congregarnos para adorar a Aquel que merece adoración (Juan 4:23-24) y para estimularnos mutuamente al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24-25). Abandonar a la iglesia debido a los pecados de un compañero cristiano causa que violemos la voluntad de Dios en cuanto a las dos razones dadas para la adoración. Además, esta decisión claramente viola la instrucción del Señor en cuanto a la reconciliación entre hermanos (Mateo 18:15-20). Si abandonamos a la iglesia ya que alguien nos ha herido, privamos a la parte culpable de la oportunidad de reconciliación. Ninguna de estas cosas es un asunto de opinión, así que cuando abandonamos a Cristo y a Su iglesia, vivimos en pecado.

Esta decisión es injusta ante Cristo porque Él es inocente de cada una de estas situaciones

Su pacto es puro, justo y bueno incluso cuando nosotros fallamos en ejemplificarlo. Esta decisión también es injusta para los fieles de la iglesia por al menos tres razones. Primero, causa desánimo cuando un hermano o hermana deja a la iglesia. Segundo, los fieles son inocentes de los pecados de otros. ¿Cómo podemos justificar el daño que causamos a personas inocentes debido a la repulsión que sentimos por aquel que nos ha hecho daño? Tercero, la inconsistencia entre el estándar ético de una persona y su vida no solamente sucede en el cristianismo, pero muchos reaccionan más duramente ante las fallas de los cristianos que las de otros.

Es cierto que hay algunos hipócritas dentro de las congregaciones del Señor, y con ellos se debe lidiar de manera escritural. Sin embargo, algunas veces la gente que tiene fe honesta ofende a otros debido a la ignorancia o los momentos de debilidad. Si abandonamos a la iglesia por un mal cometido, negamos la oportunidad de reconciliación, causamos que nuestra ira caiga sobre nuestro Señor y Sus discípulos inocentes, y hacemos daño a la causa de Cristo ante el mundo. Recordemos que, aunque la comunión con nuestros hermanos es una gran parte de la razón por la cual nos reunimos, en el fondo todo se trata de Cristo. Nunca debemos culpar a Jesús por los pecados de Su pueblo.