Las cosas no son siempre lo que parecen ser

Resumen

El Altísimo todavía tiene el control del reino de los hombres, así que debemos permitirle que dirija nuestras vidas.

Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios (2 Corintios 4:3-4).

«Advertencia: Los objetos en el espejo están más cerca de lo que aparentan». Si ha mirado al espejo derecho de su auto, reconocerá esta advertencia que indica que se debe poner atención a la distancia del vehículo que aparece en ese espejo. La distancia aparente es mayor que la distancia real entre los dos vehículos debido a la forma del espejo. Esta es una analogía simple que ilustra el tema de este artículo.

Esto es especialmente cierto si comparamos la realidad temporal o material con la realidad eterna o espiritual detrás de ella. El peligro que enfrentamos es ser engañados por la apariencia de las cosas en el mundo, y por ende no poder ver la realidad espiritual que trasciende a tales cosas. Superficialmente, a menudo parece que el mal está ganando. Esto puede causar que una persona deje de servir a Dios y hacer lo bueno. El término del Nuevo Testamento para «revelación» es apokalupsis, que indica esta realidad; significa literalmente «quitar el velo a algo». Fundamentalmente, Dios quita el velo, permitiendo que veamos la realidad de las cosas.

Considere algunos ejemplos en la Escritura. Podemos encontrar dos en el libro de Daniel. En el capítulo 4, Nabucodonosor tuvo un sueño en cuanto a un gran árbol que creció tanto que las aves anidaban en sus ramas y las bestias se refugiaban bajo su sombra. Pero un día «un vigilante y santo [que] descendía del cielo» (vs. 13) ordenó que fuera cortado, aunque la cepa de sus raíces fue dejada para que brotara nuevamente. Daniel interpretó el sueño y dijo al rey que el árbol lo representaba y que su reino sería revocado (4:20-22). Sin embargo, la cepa significaba que su dominio sería restaurado después de que se diera cuenta que «el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere» (vs. 25). Nabucodonosor había acogido la noción de que su reino le pertenecía y que era para su propia gloria (vss. 28-30).

En el siguiente capítulo, el rey Belsasar fue igualmente humillado por la revelación de Dios en cuanto a la realidad verdadera. El rey había hecho un banquete mundano con su séquito, y decidió hacer traer los vasos del templo de Dios para que ellos bebieran vino en los vasos. Por medio de este gesto, Belsasar se jactó de su poder percibido ante la presencia de Dios. En tal momento vio la escritura en la pared, la cual le enseñó lo que su abuelo Nabucodonosor había aprendido muchos años atrás: El Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres. Tal noche, Belsasar fue muerto, y el Imperio medo-persa tomó el control.

El Salmo 73 registra la ocasión en que Asaf casi resbaló debido a su observación del estilo de vida fácil del impío, mientras que él sufría al servir a Dios. Él llegó a pensar que su servicio a Dios era en vano (vss. 13-14). La realidad temporal lucía de tal manera. Luego él vio la realidad verdadera cuando entró al santuario de Dios y consideró el fin de los impíos (vss. 15-17).

Se pudiera brindar más ejemplos, pero estos demuestran que las cosas no siempre son como parecen ser. Según la perspectiva física, parece que el mal ganará, pues la inmoralidad está intensificándose en el mundo. Sin embargo, Dios finalmente dominará sobre la maldad (cf. 1 Corintios 15:50-58; Filipenses 2:9-11), como ha dominado a los reyes y reinos a través de la historia. No podemos controlar las realidades físicas del mundo alrededor nuestro, pero lo que podemos controlar, a pesar de las realidades físicas, es nuestras decisiones con el fin de que nuestro destino final sea la gloria eterna. El Altísimo todavía tiene el control del reino de los hombres, así que debemos permitirle que dirija nuestras vidas cada día.