Fuera del mundo y dentro de la iglesia

Resumen

Ya que Dios nos ha salvado de nuestro pasado y nos ha dado un lugar en Su iglesia, ¡debemos servirle con todo el corazón!

Para que el cristiano tenga un presente abundante y un futuro prometedor, debe mirar hacia atrás, al tiempo en que llegó a ser parte de la iglesia, y recordar todo lo que Dios ha hecho para guiarlo hasta donde está. No hemos escapado de las cadenas del pecado por nuestra propia fuerza ni hemos pagado por nuestra seguridad; Dios nos colocó con amor donde estamos. Los israelitas necesitaron recordar lo que Dios había hecho por ellos en el pasado para motivarlos en el presente y darles un futuro prometedor: «y nos sacó de allá, para traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres» (Deuteronomio 6:23).

Por Su poder, Dios nos sacó del mundo

Los israelitas no solo fueron trasladados de una zona peligrosa, sino que también fueron liberados de siglos de esclavitud y guiados por el desierto implacable (Deuteronomio 6:21-22). Esto fue posible gracias a la poderosa mano del Señor y a Sus obras milagrosas. La esclavitud que hemos experimentado al servir al pecado, mucho más severa, prolongada y poderosa, no es mayor que el poder de Dios. ¡Él nos ha trasladado del peor estado posible al mejor! Dios «nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo» (Colosenses 1:13).

Por Su gracia, Dios nos dio acceso a Su iglesia

Él sacó a Su pueblo de Egipto con el propósito de que Le sirvieran en la tierra que les daría. Hemos sido admitidos en el glorioso reino del Hijo de Dios para servirlo y gozar de Su comunión. Ya no necesitamos temer la condena del pecado, pues estamos en Cristo (Romanos 8:1). Este traslado también significa que, una vez que salimos de las tinieblas del mundo, ya no debemos participar de sus placeres, pues Dios nos ha liberado de ellos.

Por Su fidelidad, Él nos bendice con Sus promesas

Dios cumplió todas Sus promesas a los patriarcas; Él siempre las cumple. Ya que Él es fiel, nosotros también debemos cumplir con nuestra parte. Moisés recordó al pueblo lo que Dios había hecho; con ello les aseguró que serían bendecidos al seguir Sus mandamientos una vez que hubieran recibido la tierra prometida. Ya que Dios nos ha salvado de nuestro pasado y nos ha dado un lugar en Su iglesia, ¡debe ser nuestro gozo servirle con todo el corazón!