Cuando recuerdo la cruz de Cristo, puedo ver las tres cruces del Gólgota (3)

Resumen

La tercera cruz, la cruz de la redención, está allí para recordarnos que el plan de Dios para la salvación se ha realizado.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu (Juan 19:28-30).

Ese viernes memorable hace dos mil años, los ejecutores romanos erigieron tres cruces en el monte Calvario. Aunque las cruces no tuvieron numeración, hablaré de una de ellas como la tercera: la cruz de la redención.

Hubo tres cruces en el Gólgota, pero solo en una colgaba un Hombre inocente que no merecía morir (Mateo 27:4, 23; Hebreos 7:26). Hubo tres cruces en el Gólgota, pero solo en una colgaba el Hijo de Dios, Quien vino del cielo a la tierra con ese mismo propósito (Marcos 10:45; Juan 12:27). Hubo tres cruces en el Gólgota, pero solo en una colgaba el Redentor de la humanidad, Quien cumplía cada letra de la Escritura profética y obtenía salvación eterna para quienes Lo obedecen (Hebreos 5:8-9). Hubo tres cruces en el Gólgota, pero solo en una colgaba Aquel que es el enfoque de la conmemoración semanal, dulce y solemne, de los salvos (Lucas 22:19; 1 Corintios 11:24-25).

Sin esa cruz central, el Gólgota sería un símbolo de rechazo justificado (la primera cruz, Lucas 23:39), pues el hombre impenitente tendría toda razón para no apelar a un «Dios» que no ha provisto un rescate para su alma perdida. Sin esa cruz central, el Gólgota sería un símbolo de penitencia desesperada (la segunda cruz, Lucas 23:40-42), pues el hombre que quiere cambiar su camino no tendría esperanza de una transformación real ni de una salvación espiritual y eterna. Pero con la cruz central, el Gólgota llega a ser un símbolo de gloria (Gálatas 6:14); significa que el propósito de Dios ha sido «consumado» en la vida inmaculada de Cristo, que las profecías han sido cumplidas en el más mínimo detalle y que la deuda del pecado del hombre ha sido pagada por completo.

Mientras continuamos con nuestra vida, no olvidemos que la tercera cruz, la cruz de la redención, está allí para recordarnos que el plan de Dios para salvar al mundo ha sido realizado (Juan 3:16), que el poder de Satanás ha sido restringido (Hebreos 2:14), que las bendiciones y las aspiraciones del cristiano son una realidad (Efesios 1:3-14), y que un día el cielo puede llegar a ser nuestro hogar eterno (1 Tesalonicenses 4:17).