El fruto del Espíritu y nuestro cónyuge: Bondad
| Resumen | Elevémonos por encima de las palabras y acojamos a la justicia, la benevolencia y la excelencia moral en el matrimonio. |
Este no es un secreto: Vivimos en un mundo en el que la virtud es escasa; las relaciones rotas, las desilusiones y el conflicto están en todo lugar. En vez de obedecer, los hijos tienen conflictos con sus padres (Efesios 6:1). En vez de aprovechar bien el tiempo, los padres están poco involucrados en la vida de sus hijos (Efesios 5:15-16). En vez de someterse a sus esposos y que estos sean líderes, muchas parejas quedan estancadas en un ciclo de peleas y desconexión (Efesios 5:22, 25). No deseo ser negativo, pero esto es simplemente una consideración honesta sobre los muchos retos que las familias enfrentan hoy.
¿Por qué sucede esto? ¿Cuál es la raíz de todo este conflicto? La gente tiene muchas explicaciones, desde las circunstancias difíciles hasta los problemas personales insolubles. Pero hay una pregunta clave que frecuentemente pasamos por alto: «¿Estamos siguiendo la bondad?». No se trata de simplificar los temas complicados; se trata de entender cuán esencial es la bondad genuina en nuestro trato con los demás.
Más específicamente, ¿qué hay de la bondad hacia nuestro cónyuge? ¿Cómo luce la bondad? Pablo enumeró la bondad como una de las virtudes del Espíritu en Gálatas: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley» (5:22-23).
Nosotros somos transformados cuando vivimos por el Espíritu y andamos según el Espíritu (Romanos 12:2). Tal cambio de vida es visible ante otros, incluso ante nuestro cónyuge (Gálatas 5:25). Sin embargo, a menudo ignoramos la bondad. Algunos piensan que este concepto es demasiado simple para una discusión seria; pero la bondad es una virtud fundamental, una que no debemos ignorar, aun cuando muchos la ignoren.
La definición de la bondad
¿Qué es la «bondad»? Para practicarla en nuestro matrimonio, primero debemos saber qué significa. La bondad está relacionada con la excelencia moral: un compromiso con lo que es bueno y lo que beneficia a los demás.
La palabra griega para «bondad» en Gálatas hace referencia a la rectitud y benevolencia, a hacer lo que es correcto, justo y bueno, incluso cuando otros puedan no merecerlo (Lucas 6:35). La bondad se trata de la integridad y la rectitud, de las elecciones que se encuentran en armonía con la excelencia moral (Efesios 4:32; Colosenses 3:12). En breve, se puede decir con seguridad que practicar la bondad no es fácil. Esta virtud nos obliga a analizarnos y nos reta a vivir según la fe, aun cuando ello resulte difícil en nuestra sociedad moderna.
El ejemplo de la bondad
Es imposible separar la bondad de la vida de Cristo. Jesús mostró excelencia moral en todo lo que hizo. Cristo fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado (Hebreos 4:15, 1 Pedro 2:22). Sus enseñanzas fueron compasivas y verdaderas (Mateo 9:36). Sus milagros tocaron la vida de los marginados. Su sacrificio en la cruz incluso fue para quienes Lo rechazaron. Romanos 5:8 nos recuerda: «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros». Jesús ejemplifica cómo la bondad se manifiesta: es una elección consciente que debemos practicar a diario (Efesios 5:1-2).
La demostración de la verdad
Habiendo explorado la esencia de la bondad y testificado su personificación en Cristo, consideremos su aplicación práctica en el matrimonio. ¿Cómo pueden los esposos demostrar mutuamente esta virtud transformadora? Dado que la bondad se define como excelencia y lealtad moral ante lo que es bueno y beneficioso, estas cualidades deben ser evidentes en el matrimonio.
La bondad, que se funda en la rectitud, exige que los cónyuges honren lo correcto por encima de lo conveniente. Esto demanda, con verdad y en amor (Efesios 4:15), conversaciones difíciles sobre asuntos maritales urgentes. Aunque puede ser conveniente evitar tales conversaciones por el bien de la paz temporal, la rectitud nos obliga a hacer lo correcto: comunicarnos abiertamente y lidiar con los problemas.
Se fomenta un matrimonio sólido mediante el respeto mutuo y el amor altruista. Aparte de la rectitud, la bondad verdadera incluye la benevolencia; es decir, el servicio generoso, como lo demuestra Lucas 6:35. En el contexto del matrimonio, esto se manifiesta en la escucha paciente y en la disposición a invertir tiempo y esfuerzo en el bienestar del cónyuge. Este concepto de benevolencia es ilustrado de manera hermosa en Filipenses 2:3-4, donde se nos manda: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros». Al dar la bienvenida a este enfoque altruista respecto de las necesidades y deseos de nuestro cónyuge, cultivamos un sentido más profundo de intimidad y fortalecemos significativamente el lazo que compartimos.
El matrimonio fundado en la bondad florece con la integridad. En el matrimonio, los cónyuges cumplen su palabra, promoviendo la confianza constante (Proverbios 12:22; Mateo 5:37). Llegamos a ser personas en quienes se puede confiar, incluso cuando todos los demás fallan.
El matrimonio fundado en la bondad sigue la rectitud, escogiendo medir sus acciones según la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17) en vez de los estándares cambiantes del mundo, incluidos los de los medios sociales y las influencias externas (1 Juan 2:15-17).
Aunque a menudo se ignora, la excelencia moral es esencial para la bondad. Crecemos en esta área, instándonos mutuamente al amor y a las buenas obras, y mejorando nuestra relación (cf. Hebreos 10:24-25). Los libros matrimoniales basados en la Biblia y la asistencia a seminarios y retiros matrimoniales son herramientas valiosas que promueven un matrimonio centrado en Dios.
Básicamente, la bondad es una elección, un compromiso diario, no un sentimiento pasajero. Dios desea que sigamos la bondad (Miqueas 6:8), lo cual guía cambios significativos en el matrimonio que influyen en nuestras congregaciones, comunidades y en todos a nuestro alrededor (Mateo 5:16).
Conclusión
El reto que enfrentamos es claro: seguir activamente la bondad en el matrimonio. Elevémonos por encima de las palabras y demos la bienvenida a la aplicación práctica de la justicia, la benevolencia y la excelencia moral. Asumamos las conversaciones difíciles, la entrega altruista y la integridad sólida. Al escoger la bondad, escogemos desarrollar un matrimonio que refleje el carácter de Dios y sirva de ejemplo poderoso ante el mundo. Permitamos que nuestro matrimonio sea un testimonio del profundo poder de la bondad.
Publicado el 14 de septiembre de 2026 en www.ebglobal.org y originalmente en Familia Cristiana, 10.2 (2025): 4-5.