Su pueblo especial: Nuestra responsabilidad civil

Resumen

Mientras las autoridades no nos obliguen a pecar, debemos someternos por causa de Dios, de los perdidos y de nuestra alma.

— Lectura bíblica recomendada: Romanos 13:1-7

Introducción

I. La relación del cristiano con el gobierno siempre ha sido un tema delicado.

II. Esto se ha intensificado debido a la mala gestión continua del gobierno.

III. Sin embargo, la voluntad de Cristo en este asunto nunca cambia (Mateo 24:35; Hebreos 13:8).

Exposición

I. Dios instituyó el gobierno civil.

A. Sea que le guste o no, el gobierno civil es una institución de Dios (Daniel 2:21; 4:17; 5:20-21).

B. Por ende, Dios exige que nos sometamos a las autoridades (Romanos 13:1-7; 1 Pedro 2:13-17).

1. Debemos orar por nuestros líderes (1 Timoteo 2:1-4).

2. No debemos difamarlos (Hechos 23:5; Tito 3:1-2).

3. Debemos honrarlos (1 Pedro 2:17).

4. Debemos pagar nuestros impuestos (Mateo 22:21; Romanos 13:6-7).

5. Debemos obedecer todas las leyes, grandes y pequeñas (1 Pedro 2:13-15).

II. Dios está por encima del gobierno civil.

A. La única excepción a la desobediencia civil es cuando las autoridades nos obligan a pecar contra Dios (Hechos 4:19-5:29).

B. Tal actitud honra a Dios por encima de los hombres (Éxodo 2; Daniel 3; 6; Hechos 4-5; Apocalipsis 1-22).

III. Dios exige la influencia en lugar de la rebelión.

A. Lamentablemente, debido a la extrema toxicidad de nuestra política, muchos que profesan el cristianismo se han vuelto beligerantes.

B. Pero Cristo no hizo excepciones en cuanto a la obediencia a las autoridades, sea en el sermón del monte, el fruto del Espíritu, etc.

C. Pedro conectó la conducta cívica con los esfuerzos evangelísticos (1 Pedro 2:15), lo cual armoniza con el patrón del Nuevo Testamento (Mateo 5:13-16; Filipenses 2:14-16; Colosenses 4:5-6).

Conclusión

I. De ninguna manera la sumisión a las autoridades civiles equivale a la aprobación de sus inmoralidades.

II. Mientras las autoridades no nos obliguen a pecar, debemos someternos por causa del Señor, por causa de los perdidos en este mundo y por causa del destino eterno de nuestra alma.

III. Dios nos ayude a conducirnos siempre en público de una manera que Lo glorifique.