Su pueblo especial: El dominio propio y la disciplina personal

Resumen

Dios desea ayudarnos, pero ¿cederemos a Su voluntad, nos disciplinaremos y nos esforzaremos por el dominio propio?

— Lectura bíblica recomendada: Tito 2:11-14

Introducción

I. La piedad cristiana involucra la ética personal y las prácticas congregacionales.

II. El dominio propio y la disciplina personal forman parte de la piedad cristiana.

Exposición

I. La necesidad urgente del dominio propio.

A. En una sociedad de excesos, el dominio propio y la disciplina personal son escasos pero valiosos.

B. El imperativo del dominio propio se expresa como:

1. Una manifestación de la gracia de Dios (Tito 2:11-14).

2. Un fruto del Espíritu (Gálatas 5:16-25).

3. Un elemento de nuestra elección (2 Pedro 1:3-11).

4. Un requisito para obtener la corona (1 Corintios 9:24-27).

II. El alcance del dominio propio.

A. En breve, se aplica a todos los aspectos de la vida.

B. De manera específica, se aplica a:

1. Los pensamientos (Romanos 12:2; Filipenses 4:8).

2. Las emociones (Génesis 4:3-16; Mateo 5:21-26; Efesios 4:26-32; Santiago 1:19-20).

3. Las palabras (Mateo 12:36-37; Efesios 5:4; Santiago 1:19-20; 3:1-12).

4. La sexualidad (Mateo 5:27-30; 1 Corintios 6:9-10, 18-20; Efesios 5:3, 5; 1 Tesalonicenses 4:3-7).

5. La administración de los recursos (Lucas 2:49; 12:15; Efesios 5:15-17; 1 Timoteo 6:6-10).

III. La necesidad urgente de la disciplina personal.

A. La breve lista anterior requiere un esfuerzo intenso de disciplina personal (cf. Santiago 1:13-15).

B. Pablo se disciplinaba diariamente (1 Corintios 9:24-27; cf. Efesios 6:10-18).

C. Pedro instó a complementar la fe con diversas disciplinas espirituales (2 Pedro 1:5-11). 

IV. El poder para triunfar.

A. Muchos concluyen que no se puede triunfar en este esfuerzo.

B. Esto sería cierto si intentáramos hacerlo por nuestra cuenta, pero no depende solo de nuestra fuerza.

C. Las palabras «propio» o «personal» pueden malinterpretarse, pues en realidad solo tenemos control sobre un aspecto de este esfuerzo.

D. Controlamos nuestra elección del señor a quien servimos (Mateo 6:24; Romanos 6:16-18; Santiago 4:4).

E. Si elegimos a Dios, Él nos dará el poder para triunfar (2 Corintios 9:8; Efesios 3:16; 6:10; Filipenses 4:19; 2 Timoteo 2:1; 3:15-17; Hebreos 4:14-16; 2 Pedro 1:3-4; 1 Juan 2:14; 5:1-3).

Conclusión

I. Dios nunca dijo que servirle sería fácil (cf. Lucas 9:23-26).

II. Pero tampoco nos dio una meta inalcanzable (1 Corintios 10:13).

III. No hay duda de que Él hará Su parte; la única pregunta es si cederemos a Su voluntad, nos disciplinaremos y nos esforzaremos por el dominio propio.