Su pueblo especial: El rol del ancianado en la protección contra el pecado

Resumen

Uno de los roles principales del oficio del ancianado instituido por Dios es proteger a la iglesia del peligro del pecado.

— Lectura bíblica recomendada: 1 Corintios 5:6-8

Introducción

I. Al abordar el tema de la disciplina en la iglesia, es prudente considerar la razón fundamental por la que Dios exige su práctica.

II. Una de las razones principales por las que muchas, o probablemente la mayoría, de las congregaciones de la iglesia del Señor ya no practican la disciplina es el enfoque relajado que muchos tienen respecto del pecado.

III. Para aceptar, exigir y ejecutar la voluntad de Dios con fidelidad, debemos ver el pecado como Él lo ve.

Exposición

I. La purificación del pecado.

A. La gente minimiza la gravedad de ciertos pecados de diversas maneras.

B. Esto se refleja en el lenguaje que emplean para describirlos.

1. Algunos hacen bromas sobre ciertos pecados (como la glotonería, las infracciones de tránsito, las explosiones emocionales, etc.).

2. Llamamos «errores», «fallas» o «debilidades» a los pecados.

C. Frecuentemente, quienes piensan así (incluso algunos cristianos) se burlan de quienes consideran el pecado con mayor seriedad.

D. Esto claramente forma parte de la razón por la que se descuida la disciplina.

II. La gravedad del pecado.

A. La Biblia presenta el pecado de manera diferente (Génesis 2:16-17; Isaías 59:1-2; Romanos 6:23).

B. El pecado es muy grave ya que:

1. Se opone a la naturaleza santa de Dios (Salmos 51:4; 99:9; Isaías 6:3-5; 1 Juan 1:5).

2. Se opone a nuestra propia naturaleza, pervirtiendo nuestro propósito como portadores de la imagen de Dios (Génesis 1:26-28; 9:6; Santiago 3:9).

3. Es rebelión contra Dios (Isaías 1:2; Romanos 1:18-32; 1 Juan 3:4).

4. Es sumisión a Satanás (Juan 8:34; Romanos 6:16-18).

C. Por ende, el pecado exige:

1. La muerte (Génesis 2:17; Romanos 6:23; Santiago 1:14-15).

2. El castigo eterno para los que no se arrepienten (Marcos 9:42-48; 2 Tesalonicenses 1:8-9; Apocalipsis 14:9-11; 20:11-15).

3. La muerte del Hijo santo de Dios para redimir del pecado (Génesis 3:15; Isaías 52:13-53:12; Lucas 19:10; 24:44-47; Juan 3:16; Romanos 3:21-26; 5:8; 2 Corintios 5:14-21; Efesios 1:7).

III. La actitud correcta hacia el pecado.

A. Después de considerar correctamente el pecado, estamos listos para reformar nuestra actitud ante él.

B. Los pasos de la disciplina en la iglesia se basan en un entendimiento adecuado del pecado.

C. Debemos responder al pecado de la siguiente manera:

1. Debemos verlo como Dios lo ve, sin minimizarlo, redefinirlo, excusarlo, etc.

2. Debemos analizar nuestra vida a la luz de Su voluntad, no del comportamiento de los demás (Mateo 7:1-5; Juan 12:48).

3. Debemos reconocer nuestros pecados (Santiago 5:16; 1 Juan 1:8-10).

4. Debemos arrepentirnos y buscar el perdón prontamente (Hechos 2:38-41; 8:22; 17:30; 1 Juan 1:9).

5. Debemos aborrecerlo y evitarlo en todas sus formas (Amós 5:15; Romanos 12:9; 1 Tesalonicenses 5:21-22).

Conclusión

I. La consideración exacta del pecado cambia por completo la perspectiva sobre la disciplina.

II. Aunque quizás no queramos ejercer la disciplina en la iglesia, debemos hacerlo con el propósito de:

A. Salvar el alma del pecador (1 Corintios 5:4-5; Santiago 5:19-20).

B. Proteger a la iglesia de la corrupción (1 Corintios 5:6).

C. Glorificar a Dios mediante la fidelidad a la enseñanza de Cristo (Mateo 18:15-20).