No se dé por vencido en el pozo: Salmo 40

Resumen

Los «pozos» de la vida son inevitables, pero, así como Dios ayudó a David a vencerlos, Él puede ayudarnos a hacer lo mismo.

¿Está sintiéndose triste?

Tal vez se siente como si estuviera en un pozo vacío, oscuro y maloliente. Este es un concepto bíblico. En el salmo 40, David declaró que estaba en un pozo. Él guio al lector a través de seis etapas de su experiencia—el pozo, el llanto, la paciencia, el rescate, la canción y la influencia.

David estaba en un pozo de desesperación (Salmo 40:2)

Hay un calabozo en Roma en el cual, según la tradición, Pablo fue recluido. Originalmente no tenía entrada excepto por un agujero en la roca; cuando se tapaba el agujero, ni la luz ni el aire fresco entraba. Este era un lugar terrible.

Algunos personajes bíblicos estuvieron en «pozos». Los hermanos de José lo arrojaron a un pozo (Génesis 37:5-36; cf. 39:20-23). Jeremías se hundió en una cisterna de cieno (Jeremías 38:6). Daniel fue arrojado en el foso de los leones (Daniel 6:16).

Otros enfrentaron pozos emocionales. El «pozo» de Pablo estuvo en un barco durante una tormenta cuando se perdió toda esperanza (Hechos 27). Isaías dijo que su alma fue librada del «hoyo de corrupción» (Isaías 38:17). Jesús estuvo en un pozo oscuro de dolor y soledad en el Getsemaní (Mateo 26:36).

En el Salmo 40, el pozo era un estado de:

  • Reclusión. David se sintió atrapado. Esto puede hacer referencia a la trampa antigua de un cazador que todavía se usa en África y en las islas polinesias. Los cazadores cavan un agujero grande, ponen una cabra en él como carnada, y cubren el hoyo con follaje. El predador es atraído por el grito de la cabra y cae en la trampa. David pudo haber caído en este pozo debido al pecado.

  • Oscuridad. La luz del sol no entra en el pozo. «Pozo» también puede hacer referencia a un calabozo, sepulcro u hoyo.[1] La Biblia usa esta figura para el pecado o el dolor (Isaías 9:2; Miqueas 7:8; Mateo 4:16; Hechos 26:18; Romanos 13:12).

  • Aflicción. Este es un pozo terrible—desolado, miserable y frío. La palabra traducida «de la desesperación» en el Salmo 40:2 significa «ruidoso, tumultuoso, agitador, como en el caso de las aguas, una multitud o una guerra». Es como si David hubiera caído en una caverna temerosa donde las aguas eran tumultuosas y el terror asechaba.

Cuando alguien se encuentra en el pozo de la desesperación, otros usualmente le brindan algunos consejos que pueden ser confusos:

  • Esto es solamente su imaginación. No permita que lo desanime.

  • Usted está fuera de sí; olvídelo.

  • El doctor le dará una pastilla y luego todo regresará a la normalidad.

  • Solo ore y lea la Escritura y esto desaparecerá.

Cada uno de estos consejos son buenos en algunos casos, pero ninguno es suficiente en todos los casos. Alguien puede y debe confiar en que a Dios Le importa el sufrimiento, la soledad, la pobreza, la desilusión, la tragedia y el pecado (2 Samuel 12:20; 18:33; Juan 14:1; Hechos 8:2; 1 Tesalonicenses 4:13).

  • Desesperación. Frecuentemente los pozos antiguos estaban llenos de cieno (fango pegajoso). Los enemigos de Jeremías lo arrojaron en una cisterna donde él se hundió en el cieno (Jeremías 38:6). Josefo señaló que las cisternas que se usaban para castigar a la gente eran de veinte pies de profundidad y estaban llenas de cieno hasta el mentón de un adulto.

No poder hacer nada guía a la desesperación. Asaf, el autor del Salmo 79, había sido «muy abatido» (Salmos 79:8; 142:6; 2 Corintios 4:8-9). Se sentía desesperado; no tenía donde apoyar sus pies; estaba debilitándose y hundiéndose (cf. Salmos 69:1-2).

Sentir que nada es sólido y que no se puede depender de nadie es frustrante. La desesperación puede ser el resultado del dolor, el fracaso o la fatiga—un negocio demandante, la falta de experiencia en la maternidad, los estudios que se acumulan, la enfermedad crónica, la falta de trabajo, la infidelidad de un cónyuge, la rebeldía de los hijos o la traición de algún amigo. Podemos caer en un pozo debido al pecado o las malas decisiones, o estos pozos pueden relacionarse a los pecados o las malas decisiones de otros.

David clamó a Dios por ayuda (Salmos 40:1)

David sabía que, si la mano poderosa de Dios no lo rescataba, él estaba perdido. David fue transparente; sus oraciones y canciones fueron reales. Él dijo: «Todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas» (Salmos 6:6; cf. 56:8). Jesús dijo: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación» (Mateo 5:4). Él prometió: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré» (Juan 14:13; cf. 15:7; Mateo 7:7). Dios quiere que ponga todas sus ansiedades sobre Él (1 Pedro 5:7).

David esperó que Dios respondiera (Salmos 40:1)

Aunque David dijo: «Pacientemente esperé a Jehová», nosotros podemos decir con más exactitud: «Impacientemente esperé a Jehová». A nosotros no nos gusta esperar en los bancos, los restaurantes o las clínicas. Aunque la impaciencia en tales casos puede no tener consecuencias significativas, esta puede ser muy peligrosa cuando se quiere ganar a un cónyuge para Cristo, salvar un matrimonio, conseguir un trabajo para pagar las cuentas, esperar alivio para un dolor crónico o algún cáncer, o perseverar hasta que el sufrimiento mengue.

Dos elementos que se requieren para esperar en Dios son la humildad y la esperanza. La gente humilde puede esperar. Ellos entienden su lugar en el universo y no acusan a Dios. Durante Sus procesos y crucifixión, Jesús mostró humildad, calma y paciencia. En la cruz, Jesús no Se comportó como Job lo hizo cuando estuvo en medio de la ceniza (Job 2:8; 7:11).

Los cristianos aprendemos a vivir con los misterios. Nosotros solamente vemos parte de lo que Dios hace. Él puede estar haciendo cien cosas en nuestras vidas, pero nosotros solo vemos dos—y esas dos cosas tal vez no tienen sentido por sí solas. Jesús dijo a Pedro: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después» (Juan 13:7). Nuestro trabajo no es determinar todo significado en la providencia, sino confiar en que Dios está trabajando a favor nuestro.

La paciencia y la esperanza van de la mano. «Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti» (Salmos 39:7; cf. 130:5). Dios obra en Su tiempo, no en el nuestro. Agustín dijo: «Ya que Dios vive para siempre, entonces Él puede darse el lujo de esperar». William Cowper escribió: «Detrás de una providencia con ceño fruncido, Él esconde un rostro sonriente».

Dios sacó a David del pozo (Salmos 40:2)

Dios:

  • Lo elevó y le dio vigor—«me hizo sacar».

  • Le dio estabilidad—puso sus pies sobre una roca; los trasladó del lodo pegajoso al suelo seguro. Afirmó su corazón con amor, su intelecto con la verdad y su propósito con comisión.

  • Lo ayudó a continuar—«enderezó mis pasos».

  • Le dio felicidad—le dio una nueva canción.

«Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová» (Salmos 34:19; cf. Génesis 41:14-44).

Dios dio una nueva canción a David (Salmos 40:3)

Un predicador bosquejó el Salmo 40:2-3 de la siguiente manera:

  • Dios sacó al salmista.

  • Dios elevó al salmista.

  • Dios entonó al salmista.

Cuando Dios inicia a una persona en su camino a la santidad y el cielo, lo envía cantando.

Una nueva canción describe una nueva experiencia. Toda canción fue nueva en algún momento (cf. Apocalipsis 5:9). El Salmo 40 es una canción de liberación. La libertad y la huida son diferentes. Un prisionero puede huir, pero siempre vivirá con temor; un prisionero perdonado caminará por la puerta de salida y nunca mirará atrás.[2]

Una canción nueva es una manera nueva de magnificar a Dios. Un telescopio puede magnificar lo que luce como un objeto pequeño para que una persona pueda ver su hermosura. Sin telescopios, podemos pensar que las estrellas son pequeñas. Pero algunas estrellas son gigantes en comparación al sol. Una canción nueva guía la atención a Dios; celebra un aspecto de Su naturaleza o la obra que ha logrado.

Considere la canción: «¡Cuán grande es Él!».

Cuando recuerdo del Amor Divino que desde el cielo al Salvador envió—

aquel Jesús que por salvarme vino, y en una cruz sufrió por mí, murió.

Mi corazón entona la canción: ¡Cuán grande es Él, cuán grande es Él!

Otros vieron y se beneficiaron de esto (Salmos 40:3)

Los «pozos» son inevitables; por tanto, todos debemos aprender a enfrentarlos adecuadamente. Otros llegaron a saber de los problemas de David y se regocijaron en su rescate. Ellos dieron a Dios el crédito y recobraron fuerzas al saber que Él también estaría con ellos durante sus pruebas.

Louis Brandeis (1856-1941), quien fue en un tiempo juez asociado de la Corte Suprema, dijo a su hija que estaba frustrada: «Querida hija, si solamente admitieras que la vida es difícil, las cosas serían más fáciles para ti».[3] Jesús dijo a Sus discípulos que ellos debían esperar pruebas (Juan 15:18; 16:1-2,33; cf. Hechos 14:22; 1 Tesalonicenses 3:3-4; 2 Timoteo 3:12), pero Él también prometió estar con ellos (Mateo 28:20).

«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos» (Gálatas 6:9). ¡No se dé por vencido en el pozo!

[1] El Salmo 40 fue designado como una canción de servicio público, como se puede ver por los versículos 3, 9 y 10. Ya que el Salmo 40:13-17 es básicamente idéntico al Salmo 70, ambos son atribuidos a David y dedicados a este músico principal. Lo más inusual en cuanto al Salmo 40 es su estructura. Los Salmos usualmente comienzan de manera quejumbrosa y terminan en acción de gracias. Este salmo tiene un orden opuesto: agradecimiento (40:1-10) seguido por lamento (40:11-17).

[2] Eustace R. Conder, citado en Jim Jordan, Salmos [Psalms].

[3] En Cole, Steven J., «Salmo 40: Cuando está en el pozo» [«Psalm 40: When you’re in the pit»], Bible.org, 2019, https://bible.org/seriespage/psalm-40-when-you%E2%80%99re-pit.