Ni Aun Se Dijo la Mitad

Resumen Hay verdades bíblicas que a primera vista parecen ser exageradas, pero de las cuales no se ha descrito ni aun la mitad.

Una vez la reina de Sabá viajó mil millas para visitar al Rey Salomón (1 Reyes 10:1-13). Ella no fue para formar una alianza política, evitar una guerra o hacer algún negocio, sino simplemente por curiosidad. El reporte del reino de Salomón era tan grandioso que ella quería oír personalmente su sabiduría y ver su palacio. Ella fue con muchos regalos, preguntas difíciles y una actitud escéptica.

Después que Salomón respondió satisfactoriamente todas sus preguntas y le mostró la organización de sus oficiales, los uniformes de sus siervos, su palacio espectacular y el templo maravilloso que había construido para su Dios, la reina “se quedó asombrada”. Ella dijo: “ni aun se me dijo la mitad” (10:7).

Hay verdades bíblicas que a primera vista parecen ser exageradas, pero de las cuales finalmente admitiremos que no sabíamos ni aun la mitad.

NI AUN SE DIJO LA MITAD EN CUANTO A…

El Amor de Dios

Tal vez el amor de Dios ha sido el tema de más lecciones e himnos que cualquier otro, pero nadie jamás lo ha descrito completamente. El amor de Dios, como el de Cristo, “excede a todo conocimiento” (Efesios 3:19). Aunque la Biblia nunca dice que “Dios es esperanza” o que “Dios es fe”, dice: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Esto separa a Jehová de todos los dioses que las naciones paganas han imaginado—dioses de venganza, lascivia, fertilidad, guerra y odio.

Dios muestra Su amor al satisfacer nuestras necesidades (Mateo 5:45; Santiago 1:17), bendecirnos con cónyuges, hijos y amigos (Salmos 68:6; 113:9), y ayudarnos en tiempos de angustia (Salmos 46:1).

Se ha llamado al versículo más conocido de la Escritura, Juan 3:16, el más grande versículo de la Biblia. Aquí está la razón:

  • Porque de tal manera amó—la emoción más grande;
  • Dios—el Ser más grande;
  • al mundo—el número más grande;
  • que ha dado—la acción más grande;
  • a su Hijo unigénito—el regalo más grande;
  • para que todo aquel que en él cree—el requisito más grande;
  • no se pierda—el peligro más grande;
  • mas tenga vida eterna—la recompensa más grande.

La mejor evidencia del amor de Dios es el Gólgota (Romanos 5:8). Cuando el pecado cubrió la Tierra como las aguas cubren la mar, Dios envío a Jesús a morir por usted y por mí. Tal amor excede cualquier imaginación humana.

El Sacrificio de Cristo

Muchos oradores elocuentes han tratado de explicar la cruz, pero nunca lo han podido lograr completamente. No hay púlpito como la cruz, no hay audiencia como la del Gólgota, no hay predicador como Aquel que colgó en el madero, no hay mensaje como: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Desde el Huerto de Edén hasta la cruz del Gólgota, hay una historia larga de sacrificios, pero ninguno se compara al sacrificio de Jesús (Juan 1:29). Este es el don inefable de Dios (2 Corintios 9:15). Esto no significa que no debemos hablar de él; pero tal sacrificio es más grande de lo que la mente puede concebir, más de lo que el lenguaje puede expresar.

Vaya conmigo al Gólgota (Lucas 23:33) y párese en medio de la multitud. Levante sus ojos.

  • Mire Sus pies—esos pies que una vez llevaron el mensaje de Dios de villa a villa pero que ahora los clavos han desfigurado.
  • Mire adicionalmente y vea Su cuerpo azotado exhibido públicamente en esa vía. Él soportó la vergüenza (Hebreos 12:2).
  • Mire otra vez. Vea Sus heridas de las cuales brota sangre y que se abren nuevamente con cada movimiento.
  • Mire Sus manos—esas manos que curaron al ciego, tocaron a los leprosos y abrazaron a los niños. Ahora están atadas al madero, heridas por clavos cubiertos de sangre.
  • Mire la corona que está en Su cabeza. Las espinas agudas cortan y laceran su cuero cabelludo, lo cual hace que la sangre fluya por Su rostro.
  • Mire Sus ojos—esos ojos que una vez resplandecieron con amor y que ahora están llenos de lágrimas; ojos que parpadean con dolor debido a la agonía del esfuerzo de la respiración.

Jesús pudo haber llamado a ángeles para Su rescate, pero sufrió por seis horas para que podamos tener vida eterna (Isaías 53:5-6).

El Valor de la Salvación

Según la perspectiva ajena, la membresía en la iglesia de Cristo puede parecer trivial—solamente otro grupo social o medio espiritual como las religiones y denominaciones que los hombres han creado y frecuentado.

Según la perspectiva cristiana, la membresía en el reino es única. Es el privilegio más grande que jamás se ha dado al hombre (1 Juan 3:1). Ya que Dios pone a la gente que salva en Su iglesia, solamente la gente salva puede ser parte de la membresía (Hechos 2:38,41,47). Los verdaderos cristianos preferirían dar sus vidas que renunciar a su membresía (muchos lo han hecho y más lo harán).

Jesús contó dos parábolas similares para enseñar la misma lección: la posesión de la salvación merece todo. La primera parábola cuenta de un hombre que encuentra un tesoro escondido en un campo. Él rápidamente y con disposición vende su propiedad para adquirir el campo (Mateo 13:44). La segunda cuenta de un mercader que busca perlas preciosas. Cuando descubre una perla de gran precio, se da prisa a vender todo lo que tiene y regresa a adquirir la perla (13:45-46).

Como ellos, nosotros debemos reconocer las riquezas verdaderas cuando las veamos. El primer hombre en la parábola no era un buscador de tesoros, pero reconoció la oportunidad que podía cambiar su vida. El otro estuvo buscando y estuvo dispuesto a renunciar a todo lo que tenía para adquirir algo realmente valioso.

¿Cuántos hoy pasan por el edificio de una iglesia del Señor y nunca entran? ¿Cuántos tienen una Biblia pero nunca la leen, o reciben esta revista o un folleto bíblico pero lo desechan? ¿Cuántos incluso asisten a un servicio en el cual se ofrece la salvación de Dios pero no hacen nada para poseerla?

El Gozo de los Cristianos

Un hindú preguntó a una cristiana: “¿Qué medicina pones en tu rostro para hacerlo resplandecer?”. Ella respondió: “No pongo nada”. Él objetó: “Sí, lo haces. Todos los cristianos lo hacen. Veo rostros resplandecientes siempre que conozco a un cristiano”. Ella dijo: “Oh, ahora entiendo. Le diré lo que hace que nuestros rostros resplandezcan: el gozo en nuestros corazones”.

Pedro escribió en cuanto al gozo inefable (1 Pedro 1:8); Pablo habló del gozo perpetuo y la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:4-7); y Jesús habló de la vida abundante (Juan 10:10). Los nuevos cristianos empiezan su camino con gozo (Hechos 8:35-39; 16:30-34). Ellos tienen acceso constante a la gracia (Romanos 5:2). Dios oye sus oraciones (Juan 16:21-24) y concede sus peticiones (1 Juan 5:14-15). Ellos se regocijan en saber que Dios les defiende (Salmos 5:11-12) y que todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28).

Describir este gozo al que no es cristiano es como describir un ocaso al ciego o entonar una sinfonía de Beethoven para el sordo. Como la reina de Sabá, pueden no creer cuando los cristianos explican que el gozo verdadero viene de nada de lo que el ojo puede ver, la mano puede palpar o el banco puede guardar. Alguien que obtiene solamente riqueza material puede no darse cuenta sino hasta la muerte cuán pobre realmente es.

La mejor vida viene a través de las elecciones innaturales de perder la vida, negarse a sí mismo, someterse y buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia (Mateo 6:33; 10:39; Lucas 9:23). Los creyentes viven completamente—física y espiritualmente; los demás solamente viven a medias (2 Corintios 5:17; Efesios 2:4).

El cristiano más pobre está entre la gente más rica del mundo, ya que “la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8). Cualquiera que deja casa, padres, esposa, hijos o hermanos por el reino de Dios, recibe 100 veces más en este tiempo presente, y la vida eterna en el tiempo venidero (Marcos 10:29-30; Lucas 18:29-30).

Los cristianos pueden mirar hacia atrás y recordar el tiempo en que sus pecados fueron perdonados (Hechos 2:38); miran alrededor con propósito gozoso (Tito 2:12); miran hacia adelante a una herencia incorruptible, incontaminada y eterna (1 Pedro 1:3-10).

El Calor del Infierno

El peor horror jamás contemplado no es una creación de Hollywood, una novela de Stephen King o un campo de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Fue creado por Dios para Satanás y sus ángeles. Comienza con palabras terribles: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno” (Mateo 25:41). Nunca termina. Huele a azufre. Sus habitantes son malvados. Sus sonidos son el llanto, el crujir de dientes y los ruegos lamentables. Es un lago de fuego sin playa; una sentencia de vida sin muerte; sed ardiente sin agua; dolor en tormentos sin medicina.

Juan lo llamó “la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14). Alguien que nace en el mundo pero que nunca nace en el reino muere naturalmente y eternamente. Alguien que nace físicamente y nace de nuevo espiritualmente (Juan 3:5) solo experimenta la muerte natural. Así que, el que nace una vez, muere dos veces; el que nace dos veces, muere una vez.

Un hombre objetó contra la idea del infierno, declarando: “Yo tengo 70 años, he viajado por todo el mundo, y nunca he visto tal lugar como el infierno después de todo lo que se dice en cuanto a él”. Su nieto de siete años estaba escuchando, e hizo esta pregunta simple: “Abuelito, ¿alguna vez has estado muerto?”.

La Belleza del Cielo

Cuando el cristiano llegue al cielo, vea su belleza y se reúna con su rey, ciertamente dirá: “Pensé que el predicador exageró, pero él no sabía ni siquiera la mitad de lo que el cielo era”.

Sus puertas son de perlas; sus calles son de oro; sus cantantes son ángeles; sus casas son mansiones; sus habitantes son santos; su templo es Dios. El Creador lo hizo. La Luz del Mundo lo ilumina. El Pan de Vida es su comida. El Agua de Vida satisface su sed. El Buen Pastor cuida ese lugar.

El Anciano de Días quita sus lágrimas y convierte en gozo todo impedimento. “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4; cf. 22:5).

Su fundación está adornada con piedras preciosas (Apocalipsis 21:19-21). Imagine el resplandor de color: cristal (jaspe), azul (zafiro), verde (esmeralda), marrón (ónice), rojo (sardo), amarillo (topacio) y morado (amatista).

El gozo del cielo no durará por una semana (como las vacaciones), una temporada (como el verano) o un año (como la mayoría de matrimonios), sino por la eternidad (Mateo 25:46; Juan 6:47; 11:25; 14:1-3). El cielo es mucho más de lo que se puede describir con palabras humanas o entender con mentes humanas (2 Corintios 12:4).

Años atrás, un vendedor en una carreta tambaleante paró en la cabaña de una viuda. Él dijo: “Compro reliquias”. Ella respondió: “No tengo ninguna”. Él preguntó: “¿Qué acerca de esa bala de cañón?”. “Oh, mis hijos la encontraron mucho tiempo atrás. Yo la conservo porque tengo buenos recuerdos de cuando ellos jugaban con eso”.

Él dijo: “Le daré 25 dólares”. Los ojos de la mujer se abrieron con sorpresa, y ella dijo: “Está bien”.

El hombre contó el dinero. Sabiendo lo que frecuentemente se hacía durante la guerra, tomó un hacha de su carreta y partió la bala en mitad. ¡Dentro de ella había pepitas de oro! Él era un hombre generoso, así que dio la mitad de las pepitas a la mujer, lo cual ella después vendió por 7,000 dólares.

Amigo, ni aun se ha dicho la mitad de las bendiciones que Dios tiene para usted. Estas están a su alcance. Como la reina de Sabá, venga y vea por sí mismo (1 Reyes 10:6; Juan 1:39).

Fuente Usada

W.R. Allison (sine data), “Ni Aun Se Dijo la Mitad” [“The Half Has Never Been Told”], www.texsource.com/bible/sermones/131.pdf.