Las parábolas en que se emite un juicio

Resumen

En las parábolas en que se emite un juicio, se condena generalmente la omisión de lo bueno en vez de la ejecución de lo malo.

Algunas décadas atrás (no recuerdo exactamente cuándo y dónde), escuché al estimado hermano Guy N. Woods remarcar que las parábolas en que se emite un juicio en el Nuevo Testamento no hablan de cosas malas que se hacen, sino de cosas buenas que no se hacen. Roy Hearn señaló: «…las parábolas del Señor que tienen que ver con un juicio, hacen referencia a aquellas personas que no hicieron nada, o que hicieron muy poco, como fue el caso de las vírgenes insensatas y el hombre de un talento (Mateo 25:1-30)».[1] Alguien en cada parábola es condenado por no hacer algo en vez de hacer algo equivocado. Personalmente, pienso que esto es causa de gran preocupación, ya que las parábolas en que se emite un juicio se enfocan en el pecado de omisión. Con relación a este mismo tema, el escritor inspirado Santiago escribió: «y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado» (4:17). Es aterrador contemplar los pecados de los cuales puedo ser culpable debido al descuido de hacer lo que es bueno.

Ciertamente, vemos en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) el concepto de la responsabilidad personal que tenemos de practicar nuestra lealtad al Señor Jesucristo. El siervo malo de la parábola no fue acusado de cometer pecados atroces como la fornicación o el homicidio. En cambio, fue un siervo malo porque omitió la responsabilidad de hacer su trabajo como siervo.

La parábola comienza con el amo de la hacienda que otorga a tres siervos la suma respectiva de cinco talentos (al primero), dos talentos (al segundo) y un talento (al tercero). El «talento» era originalmente un peso de plata u oro antes que la producción de monedas llegó a ser común (2 Samuel 12:30; 1 Reyes 20:39). Algunas versiones anotan que un talento era la unidad monetaria que equivalía a algo de veinte años de trabajo. Se esperaba que los siervos hicieran negocios en la ausencia del amo (cf., Lucas 19:13). Dos de los siervos hicieron lo que se esperaba de ellos y obtuvieron ciertas ganancias según sus recursos y capacidades. El que recibió un talento no hizo lo que se esperaba de él (Mateo 25:18). Por esta razón única, se lo describió como un «siervo malo y negligente» (Mateo 25:26); y por ende el amo declaró: «echadle en las tinieblas de afuera» (vs. 30), lo cual representa el castigo en el infierno.

En Juan 15 Jesús enseñó básicamente la misma lección: se espera que los discípulos de Cristo produzcan «mucho fruto» (vss. 5,8). Nuestro Señor dijo: «Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará» (vs. 2). «Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego» (Mateo 7:19). Las ramas secas e inservibles son quemadas en el fuego (Juan 15:6), lo cual también representa el castigo en el infierno.

Santiago 2:14-26 enfatiza la necesidad de acción en vez de simplemente declarar lealtad al Amo: Jesucristo. Piense en esta lógica inspirada divinamente: «Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?» (Santiago 2:18-20). El Nuevo Testamento enseña consistentemente que podemos ser condenados tanto por el pecado de omisión como por el pecado de ejecución.

Asegurémonos de no perdernos eternamente por el hecho de declarar solamente lealtad de labios a nuestro Señor. En cambio, hagamos algo—lo que se espera de nosotros como hijos de Dios, con el fin de que podamos oír en el Juicio final: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor» (Mateo 25:21).

[1] Hearn, Roy (1994), Las epístolas de 1 y 2 Timoteo y Tito The epistles of I and II Timothy, Titus»], Conferencia de la Escuela de Predicación en Memphis, Curtis A. Cates, ed. (Memphis, TN: Memphis School of Preaching), pp. 69-88.