“He Guardado la Fe”

Resumen

El apóstol Pablo guardó la fe al obedecerla cuando la recibió, defenderla de los enemigos y declararla completamente.

Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida (2 Timoteo 4:6-8).

¿Qué significa “guardar” la fe? Aquí el verbo traducido “guardado” no significa esconder, como en el caso de “esconder un tesoro”. En cambio, tiene el sentido de guardar o proteger algo del daño. ¿Cómo guardó Pablo la fe?

Pablo guardó la fe al obedecerla.

Pablo predicó “la obediencia a la fe en todas las naciones” (Romanos 1:5). Él mismo había sido obediente a la fe desde el día que fue bautizado en sumisión a la visión celestial que tuvo en el camino a Damasco (Hechos 26:19). Guardó la fe al guardar los mandamientos de Dios (1 Corintios 7:19; 9:24-27).

Pablo guardó la fe al protegerla de la perversión.

Cuando llegamos a poseer algo valioso, no solamente lo guardamos, sino también lo protegemos. Pablo dijo que el que “está firme en su corazón” (1 Corintios 7:36-38) hace bien en “guardar a su hija virgen”. Aunque no era un pecado que un padre diera a su hija en matrimonio, esto era una carga adicional para ella—especialmente en la situación que apremiaba a los corintios—que su padre podía ayudarle a evitar (cf. vss. 26,34). Jesús oró para que el Padre guardara (protegiera) “del mal” a Sus discípulos (Juan 17:15). Nosotros también debemos “guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). Debemos guardarnos sin mancha (Santiago 1:27), así como Pablo se esforzaba en guardar la pureza de la fe. Como cada presidente jura “preservar, proteger y defender la constitución”, Pablo consideró que su responsabilidad era defender la fe de aquellos que querían pervertirla por medio del retorno al paganismo o al judaísmo (Gálatas 2:5).

Hay muchos que han pervertido la fe y la han transformado en una fe diferente que no tiene origen en la Palabra de Dios. Es nuestra responsabilidad ser guardas de la fe verdadera.

Pablo guardó la fe al no renunciar a ella.

Cuando un centurión romano dejaba que un prisionero escapara—sea por voluntad propia o negligencia—frecuentemente pagaba tal error con su vida (cf. Mateo 28:11-15; Hechos 16:23-27). Una vez que Pablo encontró la verdad, no renunció a ella—sin importar las consecuencias (Gálatas 4:16).

Pablo guardó la fe al no guardarla solamente para sí mismo.

Podemos “guardar” algo al reservarlo (cf. Juan 2:10; 12:7). Cuando se trató de predicar la fe, Pablo no reservó nada. En cuanto a su predicación de la fe en Éfeso, dijo: “cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:20-21). Para guardar la fe, debemos declararla a todos y no conformarnos con nada menos que la predicación completa del mensaje del Evangelio, incluso cuando no sea popular (2 Timoteo 4:1-2).

Guardar la fe implica más que simplemente asistir a los servicios cada domingo. Para guardar la fe, debemos obedecerla, defenderla y declararla al mundo.