¿Es Jesús real o solamente una leyenda?
| Resumen | Los argumentos lógicos y la confirmación histórica a favor de Jesús descartan la teoría de que Él fue una simple leyenda. |
Para muchos es un elogio que se les llame «leyenda», pero en cuanto a Jesús, esta palabra no refleja la verdad de Su existencia.
Aquellos que niegan la deidad de Cristo y el registro bíblico clasifican Su estatus histórico como «legendario». Algunos eruditos rechazan la autenticidad histórica de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, argumentando que estos relatos reflejan una leyenda que surgió sobre Jesús después de Su muerte. Se dice que, con el tiempo, se llegó a desarrollar tales historias en cuanto a Jesús; Él comenzó como un maestro sabio y luego llegó a ser «Dios». Por ende, los escritores crearon los eventos de Su vida en vez de simplemente reportarlos.
Por ejemplo, el crítico Bart Ehrman escribió: «Algunas veces los apologistas cristianos dicen que hay solamente tres opciones en cuanto a la identidad de Jesús: Él fue un mentiroso, un lunático o el Señor. Pero pudiera haber otra opción: una leyenda».[1] Rudolf Bultmann escribió: «Realmente creo que ahora no podemos saber casi nada en cuanto a la vida y personalidad de Jesús, pues las fuentes cristianas antiguas no están interesadas en ninguna de estas cosas, y además son fragmentarias y frecuentemente legendarias».[2]
Cuando se Le reduce a Jesús a un personaje mítico, también se socava Su naturaleza divina y se Le quita la importancia al propósito de Su vida y muerte. ¿Fue la noción de la deidad de Jesús simplemente una exageración de la iglesia primitiva? ¿Declaró Él ser el Hijo de Dios enviado del cielo?
Para aceptar el enfoque de la «leyenda de Jesús», se debe descartar diez hechos clave.
El propósito explícito de los escritores fue reportar la verdad
Los escritores del Nuevo Testamento estuvieron conscientes de la importancia de su registro para los discípulos. Ellos declararon explícitamente su intención de registrar eventos reales, no folclóricos.
Los relatos de testigos directos: Lucas comenzó su registro enfatizando su investigación de los testimonios (Lucas 1:1-4). Juan declaró tener testimonio directo: «Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero» (Juan 21:24).
La negación de la mitología: «no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad» (2 Pedro 1:16).
La declaración de inspiración divina: «nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:21). Como un bote llevado por el viento, así los escritores registraron las palabras que Dios les dio (1 Corintios 2:10-13; 2 Timoteo 3:16).
La precisión y responsabilidad histórica
Uno de los rasgos interesantes de los relatos del evangelio es la incorporación de la vida de Jesús en el periodo documentado de los emperadores romanos, de los gobernantes regionales y de las autoridades locales.
Lucas registra cuidadosamente detalles específicos, tales como el periodo de Tiberio César, el gobernador Poncio Pilato y el sacerdocio judío contemporáneo. Él señala que Jesús nació durante el reinado de Augusto (2:1); Anás y Caifás eran los sumos sacerdotes (3:1-2). En un solo versículo (3:1), menciona quince detalles históricos específicos que han sido confirmados: «En el [1] año decimoquinto del imperio de [2] Tiberio César, siendo [3] gobernador de [4] Judea [5] Poncio Pilato, y [6] Herodes [7] tetrarca de [8] Galilea, y su [9] hermano [10] Felipe [11] tetrarca de [12] Iturea y de la provincia de Traconite, y [13] Lisanias [14] tetrarca de [15] Abilinia…». Estos detalles son corroborados por los registros romanos y respaldados por la arqueología. Además, los discípulos comenzaron a predicar en Jerusalén, donde la muerte y resurrección de Cristo habían ocurrido y podían ser investigadas.
Durante los ciento cincuenta años transcurridos, los hallazgos arqueológicos han confirmado con regularidad los relatos bíblicos en vez de contradecirlos. Gleason Archer, un erudito muy respetado, escribió: «El mismo texto bíblico, o la información arqueológica objetiva, ha lidiado satisfactoriamente […] con casi todo problema en la Escritura».[3]
El renombrado historiador A. N. Sherwin-White calificó la historicidad de Hechos como «impresionante». Argumentó que cualquier intento de rechazar, incluso, la autenticidad de los detalles menores es absurdo.[4]
Estos escritos inspirados podían ser fácilmente confirmados por la audiencia contemporánea y por las generaciones posteriores.
La posición única de los apóstoles como testigos
Los apóstoles no dependieron de reportes indirectos, sino que fueron testigos de la vida y la resurrección de Jesús. Ellos demostraron ser testigos confiables.
En vez de autodescribirse de manera positiva, abiertamente admitieron sus errores. Pablo confrontó a Pedro por su hipocresía (Gálatas 2:11-14), y Juan registró que Pedro negó a Jesús en Sus horas finales (Juan 18).
Los apóstoles hablaron como testigos de «su majestad» (2 Pedro 1:16). Esta declaración está respaldada por Hebreos 2:3-4, donde el autor escribe que el mensaje fue confirmado «por los que oyeron». En cualquier contexto legal, cuando un evento es descrito por un testigo confiable que tuvo la oportunidad de observarlo, su testimonio posee «el grado más alto de credibilidad».[5]
El Nuevo Testamento presenta convergencia de testimonios que armonizan en los hechos clave, pero varían en los detalles. Cuando múltiples testigos, como los apóstoles, hacen esto, sus testimonios se consideran legítimos, lo cual se conoce como el criterio del testimonio múltiple.
Las enseñanzas cristianas antiguas revelan teología completa
Si se hubiera desarrollado alguna mitología sobre Jesús, se esperaría encontrar una evolución gradual en las creencias. Sin embargo, las Escrituras cristianas antiguas presentan un enfoque integral sobre Jesús.
Jesús como Dios: Se Le reconoció a Jesús como divino desde el comienzo. En Mateo 14:33, los discípulos adoraron a Jesús como Dios; en Juan 10:28, 11:25-26 y Mateo 25:31-33, Él demostró autoridad divina sobre la vida, el juicio y la salvación. Él habló con autoridad divina (Mateo 5:18; 11:11; Marcos 11:23; 14:9; Juan 5:25; 10:1).
Los sermones antiguos reflejan la divinidad de Cristo. Hechos 2 contiene un sermón que se predicó pocas semanas después de la crucifixión. El mensaje se enfocó en la resurrección, la divinidad y el cumplimiento profético en cuanto a Jesús, y tal sermón fue analizado por aquellos que conocían a Jesús personalmente, incluso por Sus enemigos.
Las epístolas de Pablo confirman la cristología antigua: Estas epístolas que el apóstol escribió entre 49 y 65 d. C. presentan a Jesús como Dios (Filipenses 2:5-11) y como Señor resucitado (Romanos 1:1-4). Él habló del nacimiento virginal (Gálatas 4:4), la vida impecable (2 Corintios 5:21), la muerte en la cruz (1 Corintios 15:3), la resurrección al tercer día (vs. 4) y las apariciones posresurrección (vss. 5-8). Él basó el cristianismo en la historicidad de la resurrección (1 Corintios 15:12-19).
Las enseñanzas de Pablo no muestran señales de evolución doctrinal. Él comenzó sus viajes misioneros en el año 48 d. C., solamente quince años después del Calvario; predicó a Jesús como Dios:
Jesús nos creó (Colosenses 1:15-16).
Vino a la tierra (Colosenses 2:9-10; Filipenses 2:5-8; 1 Timoteo 3:16).
Nos ha hablado (Hebreos 1:1-3).
Reina sobre nosotros (Hebreos 1:8-9).[6]
Las fuentes que no son cristianas corroboran la identidad de Jesús
Incluso las fuentes que no son cristianas (hostiles o neutrales al cristianismo) verifican aspectos de la vida de Jesús. Josh McDowell escribió una defensa popular en dos volúmenes: Evidencia que demanda un veredicto y Nueva evidencia que demanda un veredicto. Él señaló: «Hay en total dieciséis historiadores, además de las Escrituras, que hacen referencia a Cristo».[7] Aquí hay tres ejemplos:
Plinio el Joven (61-113 d. C.): Cuando era gobernador romano, Plinio escribió que los cristianos cantaban himnos a Cristo «como a un dios», reconociendo que Sus seguidores Lo adoraban como divino.
Josefo (37-100 d. C.): Este historiador del primer siglo hizo referencia a Jesús «llamado el Cristo» en el texto conocido como el Testimonio flaviano.
Luciano de Samósata (125-180 d. C.): Este satírico griego observó que los cristianos antiguos «niegan a los dioses de Grecia y adoran al sabio crucificado».
En cuanto a los hechos de la vida de Cristo, McDowell escribió: «Podemos encontrar casi todo sobre Cristo sin tener que recurrir al Nuevo Testamento».[8] Estas confirmaciones externas muestran que incluso quienes no seguían a Jesús reconocieron que Sus seguidores creían en Su deidad.
Una «cadena de custodia» clara de las enseñanzas de Jesús
Los relatos del evangelio surgieron en la cultura judía que respetaba la tradición sagrada y preservaba la transmisión oral (Gálatas 2:1-10; Colosenses 2:7; 1 Tesalonicenses 2:13).
La relación de los discípulos con Jesús fue como la de un rabí judío que entrenaba a discípulos. En una cultura centrada en la tradición oral, los discípulos tenían la capacidad de memorizar con exactitud (y se esperaba que lo hicieran) una gran cantidad de información. Muy probablemente los discípulos de Jesús también escribieron muchas cosas. Lo que es más importante, Jesús prometió que ellos serían guiados por el Espíritu Santo para recordar todo lo que Él les había enseñado (Juan 16:13).
Los apóstoles se consideraron guardianes de las enseñanzas de Cristo. Ellos dijeron que «entregaron» a otros lo que habían «recibido» (Romanos 6:17; 1 Corintios 11:2, 23; 15:3-8; 2 Pedro 2:21; Judas 3). Las enseñanzas de Jesús fueron preservadas con exactitud, entregadas por los apóstoles a la iglesia y transmitidas con cuidado a las generaciones siguientes.
El testimonio de los enemigos de Jesús
Incluso los enemigos de Jesús verificaron involuntariamente Sus declaraciones. Los líderes judíos acusaron a Jesús de blasfemia por afirmar ser igual a Dios (Juan 5:18; 10:33), lo que demuestra que Su deidad no fue un desarrollo doctrinal posterior. Los críticos paganos antiguos rechazaron Su divinidad, pero no negaron que Él hubiera hecho tales afirmaciones de divinidad.
Los manuscritos antiguos y la cronología de los relatos del evangelio
La cantidad y la cronología de los manuscritos sobre Jesús no tienen paralelos en la historia antigua.
Con cuatro biografías y muchas epístolas sobre Él, Jesús tiene más manuscritos con fechas cercanas a Su vida que cualquier otro personaje antiguo. Las primeras biografías de Tiberio César datan de alrededor de setenta y cinco años después de su muerte. La biografía más antigua de Alejandro el Grande data de alrededor de cuatrocientos cincuenta años después de su muerte.
La abundancia de registros antiguos sobre la vida de Jesús indica que Sus seguidores creían en los detalles de Su vida.
La cronología del evangelio y el acuerdo erudito
Incluso los eruditos escépticos han ajustado sus teorías, datando la Biblia más cerca de la vida de Jesús de lo que antes sugerían.
Mateo: entre 50 y 55 d. C.
Lucas y Hechos: alrededor de 60 d. C.
Marcos: 65-67 d. C.
Juan: 90-95 d. C.
Ya que estos libros fueron escritos durante la vida de los testigos, eran lo suficientemente contemporáneos como para ser verificados.
La «regla de las dos generaciones» y la fidelidad
¿Cuánto tiempo se requiere para que los hechos históricos queden en el olvido y las leyendas se desarrollen? El historiador Sherwin-White sugiere que al menos requiere dos generaciones.[9]
Ya que los relatos del evangelio fueron escritos entre veinte y sesenta años después de la crucifixión de Jesús, no había transcurrido tiempo suficiente para que se aceptara alguna leyenda. Los mitos pueden desarrollarse rápidamente, pero el índice al que se descartan los hechos es más lento. La historia oral es considerada fidedigna por algo de ciento cincuenta años. Norman L. Geisler escribió: «Ninguna fecha del primer siglo permite tiempo suficiente para que los mitos y leyendas se introduzcan en las historias sobre Jesús».[10]
En conclusión, los argumentos a favor de la historicidad de Jesús descartan la teoría de la leyenda.
[1] Citado en Neely Tucker, «El libro de Bart» [«The book of Bart»], Washington Post, 5 de marzo de 2006.
[2] Rudolf Bultmann, Jesús y la Palabra [Jesus and the Word] (Londres: Collins Fontana, 1958), 14.
[3] Gleason Archer, Enciclopedia de dificultades bíblicas [Encyclopedia of Bible difficulties] (Grand Rapids: Zondervan, 1982), 12.
[4] A. N. Sherwin-White, La sociedad y la ley romana en el Nuevo Testamento [Roman society and Roman law in the New Testament] (Oxford: Clarendon Press, 1965), 189.
[5] Wayne Jackson, «La autenticidad de los documentos del Nuevo Testamento» [«The authenticity of the New Testament documents»], Christian Courier, https://christiancourier.com/articles/the-authenticity-ofthe-new-testament-documents.
[6] J. Warner Wallace, «La cristología alta antigua de Jesús» [«The early high Christology of Jesus»], Cold Case Christianity, 27 de mayo de 2016, https://coldcasechristianity.com/writings/the-earlyhigh-christology-of-jesus/.
[7] GBN News, https://x.com/CBNNews/status/1342113087827156992.
[8] GBN News.
[9] Sherwin-White, La sociedad, 189.
[10] Norman Geisler, La enciclopedia Baker de apologética cristiana [The Baker encyclopedia of Christian apologetics] (Grand Rapids: Baker, 1999), 37-41.
Publicado el 29 de diciembre de 2025 en www.ebglobal.org. Traducido por Moisés Pinedo. Título original en inglés, «Is Jesus real or only a legend?», en House to House, 30.1 (2025): 1-3.