El crecimiento por medio del deseo de la Palabra

Resumen

La Palabra es dulce y un anhelo saludable al que vale la pena entregarse. Cuando la leemos, saboreamos la gracia de Dios.

Se puede ver el concepto del crecimiento de manera más personal y tangible al observar lo rápido que crece un bebé. El aumento de tamaño de un bebé en pocas semanas es inconfundible. En general, un bebé duplicará su peso inicial en los primeros cinco meses de vida y lo triplicará al final del año. ¿Qué promueve tal crecimiento? La leche de su madre le aporta todo lo que necesita. Si queremos crecer en nuestra fe, debemos desear intensamente la Palabra de Dios como el bebé desea la leche de su madre (1 Pedro 2:2).

Nuestra alimentación de la Palabra debe ser frecuente

Los bebés necesitan ser alimentados cada dos o tres horas; ellos expresan esta necesidad mediante el llanto. Nuestro deseo por la Biblia es crucial, pues es una necesidad, no solo un deseo. El profundo anhelo del salmista por la alimentación espiritual se asemeja al de un bebé que necesita ser alimentado durante todo el día: «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación» (Salmos 119:97). Es responsabilidad de todo cristiano buscar alimento para crecer, pues nadie será alimentado a la fuerza.

Nuestro anhelo por la enseñanza de Dios producirá madurez espiritual

La sed del ciervo es otra ilustración de cómo debemos desear aprender (Salmos 42:1). «Mi boca abrí y suspiré, porque deseaba tus mandamientos» (Salmos 119:131). Debemos desear la Palabra, pues, como la leche materna, es suficiente para satisfacer nuestras necesidades a medida que crecemos. Ella proporciona nutrición espiritual que no puede ser reemplazada por ninguna fórmula humana; fortalece nuestra inmunidad contra los peligros espirituales; ¡incluso produce lo que necesitamos en tiempos de enfermedad espiritual! Un cristiano «recién nacido» puede crecer a un ritmo que nunca imaginó si depende de la Palabra pura de Dios.

¡El sabor de la Palabra de Dios es dulce!

«¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca» (Salmos 119:103). Aunque es bueno para nosotros, no es como un plato de verduras insípidas, sino un manjar para nuestro paladar. No hay nada más dulce al paladar ni ningún anhelo más saludable al que valga la pena entregarse. Es suficiente para animar el alma; cuando leemos la Palabra, saboreamos la gracia de Dios.

«[D]esead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor» (1 Pedro 2:2-3).