Cuando recuerdo la cruz de Cristo, puedo ver la sangre que habla mejor que la de Abel

Resumen

La sangre de Cristo garantiza el amor, la salvación y la seguridad eterna del hombre que, en obediencia, accede a ella.

[O]s habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel (Hebreos 12:22-24).

Al enfatizar el temor reverente a Dios que Le debemos bajo el mejor pacto de Cristo, el escritor de Hebreos alude a la sangre de Jesús, que habla mejor que la de Abel.

Cuando Caín mató a su hermano Abel, Dios le pidió que diera cuenta de sus actos, diciendo: «La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra» (Génesis 4:10). La sangre de Abel habló. ¿Qué dijo? Sin duda, clamó al cielo para que se hiciera justicia. La sangre de Jesús también habla, pero habla mejor, pues si demandara justicia, todos nosotros seríamos condenados. Entonces, ¿de qué habla la sangre de Jesús?

  • Habla del amor profundo de Dios hacia el hombre. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). Ciertamente, «[n]adie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos» (Juan 15:13).

  • Habla del cumplimiento del plan divino de redención a favor del hombre. «Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu» (Juan 19:30). Ciertamente, «en [Jesús] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (Efesios 1:7).

  • Habla de la seguridad de la promesa eterna para el hombre. «Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna» (Hebreos 9:15). Ciertamente, «habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria» (Efesios 1:13-14).

La sangre de Cristo habla de cosas mejores que la sangre de cualquier santo o de todos los santos en conjunto. Esta garantiza el amor, la salvación y la seguridad eterna del hombre que, por medio de la obediencia de fe, accede a esa sangre (Apocalipsis 1:5-6).