Cuando no sabe qué hacer

Resumen

Cuando se sienta impotente y no sepa qué hacer, fije sus ojos en el Señor y confíe en Él, pues Él todavía puede librarlo.

Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista? Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de Abraham tu amigo para siempre? […] Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos (2 Crónicas 20:6-7, 12).

Los eventos que este pasaje narra sucedieron alrededor de 850 a. C., durante el reino de Josafat en Judá, probablemente después de la muerte del rey Acab en Israel. El conflicto que Judá estaba enfrentando era el primero con el cual habían sido amenazados por un tiempo considerable, pues «tuvo sosiego el país» (2 Crónicas 14:1) durante la mayor parte de los cuarenta y un años de Asa, el padre de Josafat. Esta paz continuó durante una gran parte del reino de Josafat. En este pasaje, el pueblo de Judá estaba siendo amenazado por los moabitas, amonitas y edomitas, quienes habían unido sus fuerzas contra ellos. Ya que el pueblo sabía que esta unión era demasiado fuerte para hacerla frente por su propio poder, el rey reunió a Judá en oración, no sabiendo qué hacer. Muchos de nosotros pudiéramos identificarnos con alguna situación en la cual no se sabe qué hacer. ¿Qué podemos hacer en tales situaciones?

¿Qué hicieron otros hombres y mujeres fieles del pasado? Cuando José fue vendido por sus propios hermanos como esclavo, fue fiel en todas sus interacciones con sus captores y sus compañeros esclavos y prisioneros, y con el tiempo Dios lo exaltó sobre todos en Egipto. Con el mar delante de él y los egipcios detrás de él, Moisés se encontraba liderando a una banda de fugitivos desorganizados, indefensos y desesperados. Pero cuando él rogó por salvación a Dios, Dios se la concedió. Cuando David estuvo huyendo por su vida de las manos de Saúl y fue traicionado incluso por la gente de su propia tribu, abrió su corazón a Dios, y encontró en Él liberación y fue exaltado sobre el pueblo. Cuando Ezequías escuchó las amenazas del rey del poderoso imperio asirio, llevó el asunto al Todopoderoso, y Dios le prometió protección y cumplió tal promesa. Es confortante entender que, incluso cuando no sabemos qué hacer, Dios lo sabe, y nosotros podemos confiar en que Él nos ayudará durante tal momento.

¿Qué hizo Josafat cuando no supo qué hacer? Primero, reunió a todo el pueblo de Dios para orar (2 Crónicas 20:3-4). Frecuentemente, nosotros decidimos apartarnos en tiempos de aflicción en vez de reunirnos con hermanos que pueden ofrecer oraciones y ayuda. Segundo, oró por la ayuda de Dios (vss. 5-12). Muchos corazones quebrantados han sido consolados por medio del tiempo de oración. El rey reconoció que él y su pueblo no tenían poder contra sus enemigos. Nunca debemos subestimar el poder de la oración. Después de esto, el rey esperó pacientemente la respuesta del cielo, la cual fue un eco de las palabras pronunciadas a Moisés frente al mar: «No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. […] No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros» (vss. 15, 17). Tercero, animados por la revelación de Dios y la fe del rey, el pueblo adoró mientras veía que el enemigo se acercaba (vss. 20-21), y mientras lo hacían, vieron que sus enemigos fueron confundidos y terminaron atacándose entre ellos (vss. 22-23). Cuando la batalla terminó, ¡Dios dio el botín a los judíos en tan grandes cantidades que les tomó tres días recogerlo (vss. 24-25)!

En tiempos de gran aflicción, dolor y temor, podemos ver el poder y la benevolencia de Dios en un grado más alto que en cualquier otro momento. En tiempos como estos, aprendemos cuánto dependemos de nuestro Dios. Cuando llegue el momento en que se sienta impotente y simplemente no sepa qué hacer, no permita que la furia de la tempestad (Mateo 14:30) o el sonido de la batalla le abrume, sino fije sus ojos en el Señor; ¡Él todavía puede librarlo!