Conceptos Erróneos en cuanto al Matrimonio

Resumen

El matrimonio es la idea de Dios, y seguir Su plan (no las ideas de los hombres) garantiza nuestro éxito matrimonial.

El matrimonio es la idea de Dios, y seguir el plan de Dios en la vida garantiza nuestro éxito matrimonial. Hay algunos conceptos erróneos en cuanto al matrimonio que pueden guiar a la desilusión y el resentimiento contra el cónyuge.

Un concepto erróneo principal es que el matrimonio es fundamentalmente un pacto con el cónyuge.

El problema de esta idea es que, frecuentemente, nuestros pactos con personas son condicionales, basados en lo que la otra persona hace y es. Tales pactos condicionales fracasan fácilmente cuando las condiciones cambian. Lo cierto es que el pacto matrimonial y cada pacto que hacemos es ante Dios (Deuteronomio 10:20-21). Como siervos de Dios, todo lo que hacemos es para Dios (Gálatas 2:20; Colosenses 3:17).

El pacto ante Dios para ser fiel en el matrimonio significa que debemos obedecer a Dios en la relación, y que la obediencia no está basada en lo que la otra persona hace; no es condicional. Así que, esposas, sométanse a sus esposos, incluso si ellos no les están amando como Cristo ama a la iglesia. Esposos, amen a sus esposas como Cristo ama a la iglesia, incluso si ellas no están sometiéndose a ustedes (Efesios 5:22-25). Ya que Dios no cambia, nuestro pacto no cambia. Toda desobediencia a los mandamientos de Dios en Su Palabra en cuanto al matrimonio es un pacto quebrantado o una transgresión contra Dios (Salmos 51:4). En este salmo, David reconoció que, aunque tomó a la esposa de Urías y luego mató a Urías (un caso singular en que David se apartó de los mandamientos de Dios—1 Reyes 15:5), su pecado fue fundamentalmente contra Dios.

Otro concepto erróneo tiene que ver con la importancia de la compatibilidad.

El pensamiento común es que la compatibilidad significa que se disfruta cosas similares, y esto puede ser cierto. Pero para los cristianos, la compatibilidad no es lo que conserva el bienestar matrimonial; es realmente nuestra flexibilidad humilde (Filipenses 2:4-8; Efesios 5:21; Romanos 12:1-2). Todos tenemos preferencias, ¡y algunas veces estas son similares a las de nuestro cónyuge y esto es grandioso! Pero cuando nuestras preferencias no son similares, entonces debemos estar dispuestos a poner a un lado nuestros gustos con el fin de agradar a Dios con nuestro cónyuge. Es importante practicar el cristianismo en nuestro matrimonio. Juan 10:18 dice que Jesús escogió dar Su vida; nadie Se la quitó. De la misma manera, debemos escoger dar nuestras vidas por Dios. Él no nos forzará a servirle con nuestra vida y matrimonio. Cada vez que nos negamos a nosotros mismos, crecemos en Cristo, y la satisfacción que viene de servir a Dios y agradarle superará cualquier sentimiento que resulte de la imposición de nuestra voluntad. Debemos escoger andar en el Espíritu al obedecer la Palabra de Dios en vez de caminar según nuestra naturaleza carnal. Como resultado, Dios nos bendecirá con la paz (Juan 14:27), la plenitud de gozo completo, y las delicias divinas (Salmos 16:11). Los cristianos siempre somos compatibles ya que tenemos una fe, una Palabra y un Dios (Efesios 4:4-6). Tenemos una meta, y esa meta es agradar a Dios, nuestro Padre, a través de Jesucristo, Su Hijo.

Otro concepto erróneo es que cada cónyuge debe contribuir el 50% de esfuerzo en el matrimonio para que haya el 100% de éxito.

Lo cierto es que el matrimonio exitoso requerirá el 100% de esfuerzo de cada cónyuge. Algunas veces puede ser un grado equitativo de responsabilidad, pero otras veces usted puede estar dando el 75% y su cónyuge el 25%, o puede estar dando todo de sí y cargando a la otra persona. Nuestra meta como cristianos es hacer todo para el Señor. Esto requiere dar el 100% y permitir que Dios equilibre las cosas según Su voluntad.

Yo no debo dejar de amar a mi esposa como Cristo ama a la iglesia ya que ella no está sometiéndose a mí, y ella no debe dejar de someterse ya que no se siente amada de la manera que Cristo ama a la iglesia. Cada uno de nosotros dará cuenta a Dios por lo que hacemos o no, y no podremos usar a nuestro cónyuge como excusa (2 Corintios 5:10).

Incluso si damos el 100% de nosotros, todavía somos imperfectos; todavía necesitamos que la sangre de Jesús nos cubra (Isaías 64:6). Es posible que lo mejor de usted no satisfaga completamente a su cónyuge debido a que usted puede tener un lenguaje de amor diferente. Un cónyuge puede pensar que el toque físico es la mayor demostración de amor y puede preferir no hablar mucho; el otro puede pensar que la escucha atenta es la mayor muestra de amor y puede no preferir el contacto constante. Ninguna de estas cosas es mala; estas solamente son diferentes. Así que mi cónyuge puede no notar mi 100%. Una esposa puede mantener la casa limpia como su ofrenda en el matrimonio, pero el esposo puede no estar muy interesado en una casa limpia; él puede preferir un abrazo y una sonrisa cuando regresa al hogar. Así que, si una esposa está cansada después de dar su ofrenda en el matrimonio y no siente tanto deseo de dar abrazos y sonrisas, puede parecer que no está haciendo ningún esfuerzo a favor del matrimonio. Por esta razón cada cónyuge debe vivir de la mejor manera delante de Dios. No juzgue severamente la contribución de su cónyuge; solamente sirva a Dios con todo su corazón en su matrimonio y vida (cf. Juan 21:19-23).

El matrimonio exitoso requerirá paciencia y comunicación. Debemos aceptar pacientemente la ofrenda de nuestro cónyuge con agradecimiento ante Dios. También debemos, de una manera amorosa y calmada, comunicar nuestras preferencias sin condiciones. Toma tiempo aprender a conocerse mutuamente y poner a un lado nuestra voluntad para servir a Dios con nuestro cónyuge, permitiendo que Dios sea la fuente de consuelo y satisfacción (Salmos 62:5).