3 Formas en que Ayudamos al Diablo con la Manera en que Nos Citamos

Resumen

Si los jóvenes cristianos que comienzan a citarse no son prudentes, causarán que el diablo los tiente más fácilmente.

Proverbios 22:3 habla del hombre “prudente” o cauteloso que prevé el peligro y lo evita. Luego se le contrasta con el “necio” o “ingenuo”, quien imprudentemente ignora el peligro futuro y finalmente sufre por su falta de sabiduría y entendimiento. De la misma manera, Pablo advirtió a los cristianos que huyeran de la fornicación (1 Corintios 6:18) y de las pasiones juveniles (2 Timoteo 2:22). Pablo advirtió que, en vez de confiar en nuestra propia fuerza para resistir la tentación, debemos ser humildes: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).

¿Deberíamos considerar seriamente las Escrituras, o deberíamos ignorar a Dios como el mundo lo hace? Cuando los jóvenes cristianos comienzan a citarse, ¿deberían ser prudentes? El diablo dice: “No te preocupes de esto. Haz lo que sea divertido”. Aquí hay tres formas en que los jóvenes pueden ayudar al diablo a cumplir sus metas mientras comienzan a citarse.

1. No te preocupes en cuanto a por qué citas y cuándo citas.

Uno de los jóvenes universitarios hispanos en mi congregación me contó de las estipulaciones en cuanto a las citas en Méjico cuando sus padres estaban creciendo. No se permitía que una joven comenzara a citarse hasta que probaran que podían ser una esposa—por ejemplo, habiendo demostrado su competencia en la administración hogareña. Claramente, ¡el tiempo de citas no comenzaba sino hasta que la joven fuera lo suficientemente adulta como para ser una esposa! Yo ya había estudiado en cuanto a tales prácticas en otras culturas occidentales, como la de Irlanda, Inglaterra y América, y sabía que habían tenido un enfoque similar. Tal enfoque es raro hoy, pero yo todavía me pregunto: “¿Por qué tales sociedades querían que los jóvenes esperaran hasta que tuvieran la edad suficiente para comenzar a considerar el matrimonio? ¿Hicieron ellos reglas innecesarias simplemente para controlar a la gente?”.

Cuando trabajaba con los jóvenes en Texas hace algo de 20 años atrás, la razón llegó a ser clara. Obviamente nuestros adolescentes no estaban considerando las citas con seriedad. Ellos estaban interesados en divertirse y conocer al sexo opuesto (como lo hicimos muchos de nosotros cuando éramos adolescentes). Sin embargo, en un porcentaje alto, después de algunas citas los jóvenes entraban en una etapa confusa (la cual los psicólogos llaman el periodo de “encaprichamiento”, “sentimientos eufóricos” o “limerencia”) cuando la relación llega a ser incontrolable y rápidamente seria. En tal estado, no se podía razonar con los jóvenes en cuanto a su relación. Ellos no podían ver nada “malo” en sus novios o novias. “Él es perfecto”. “Ella nació para mí”. Casi inevitablemente, los jóvenes procedían a involucrarse físicamente, y en muchos casos, se apartaban de la iglesia.

Rápidamente llegó a ser claro para mí por qué muchas civilizaciones del pasado—las que no realizaban matrimonios concertados—balanceaban su flexibilidad de permitir libertad para escoger pareja, al implementar reglas cuidadosas para proteger a los jóvenes de las decisiones imprudentes en las citas. Después de todo, solamente los ingenuos no están conscientes de los efectos peligrosos de las hormonas incontroladas juntamente con la imprudencia y falta de sabiduría de los años de adolescencia. No era una sorpresa que las civilizaciones del pasado—padres y madres—requirieran que sus hijos esperaran hasta que tuvieran la edad suficiente para pensar racionalmente, y que tuvieran la edad suficiente para pensar seriamente en el matrimonio en caso de que la relación progresara a ese punto. No hubiera sido aceptable las “citas por diversión”, ya que tal comportamiento frívolo era considerado como “jugar con fuego”. Basado en mis observaciones, esta es la primera manera en que podemos ayudar a Satanás a hacer daño a nuestros jóvenes en el tiempo de citas: permitamos que ellos se citen de la manera que Hollywood les enseña a hacerlo, sin preocuparse en cuanto a tales “cosas triviales” como el cuándo y el por qué de las citas. Supongamos que ellos tienen control completo de sus hormonas y emociones y gran sabiduría de años. Digámosles que no necesitan ser prudentes.

2. No te preocupes en cuanto a quién citas.

Sea nuestra intención o no, una relación romántica inevitablemente puede llegar a ser seria. La persona con la cual tenemos una relación seria puede influenciarnos, y lo hará, sin importar cuán fuertemente tratemos de no ser afectados. No es una sorpresa que la Escritura advierta en cuanto al desarrollo de relaciones fuertes con aquellos que no son discípulos de Dios (e.g., Génesis 6:1-2; Éxodo 23:31-33; Deuteronomio 7:3-4; Jueces 14:1-3; 1 Reyes 11:3-4; 2 Reyes 8:16-18; 2 Crónicas 19:2; Esdras 9-10; Nehemías 13:23-27; Salmos 101:6; Proverbios 12:26; 13:20; 22:3; 31:30; Amós 3:3; Mateo 6:33; 7:6; Juan 15:19; Romanos 8:5-8; 1 Corintios 5:6; 15:33; Efesios 5:11; Santiago 4:4).

En el Nuevo Testamento, los discípulos de Dios—aquellos que han sido bautizados en Cristo para remisión de sus pecados—son llamados “cristianos” (Hechos 11:26). Una segunda manera en que podemos ayudar a Satanás a hacer daño a nuestros jóvenes que comienzan a citarse es decirles que ellos son mejores que los hijos de Dios de Génesis 6, Salomón, Sansón y el Rey Josafat—decirles que pueden desarrollar relaciones fuertes con la gente del mundo y escapar sin rasguño. Digámosles que, a diferencia de otros, ellos no necesitan ser prudentes.

3. Además, no te preocupes en cuanto a cómo citas.

Si quisiera citar de una manera que me fuera más probable sucumbir a la tentación, destruir mi reputación cristiana y llegar a involucrarme seriamente con alguien que no me ayudará espiritualmente, ¿qué haría?

  • No tendría citas en público. Buscaría lugares oscuros, solitarios e íntimos, como el interior de autos y parques en las noches, cines oscuros y departamentos o casas vacías. Así tuviera más probabilidad de involucrarme en la lascivia y en la actividad sexual.

  • No tendría un “chaperón” en tales lugares para ayudarme a resistir la tentación. Los chaperones serían un estorbo para la indulgencia de mis pasiones.

  • No permitiría que mi novio o novia conociera a mis padres, ni buscaría el consejo de ellos en cuanto a si debiera continuar con él o ella. Después de todo, ¡ellos pudieran decir que no debería estar con tal persona!

  • Tendría tanto contacto físico como fuera posible—cuanto más toque, abrazos y besos, sería mejor. Se siente bien dar rienda suelta a mis hormonas.

  • No me importaría si mi novia vistiera inmodestamente. Es divertido mirarla con lascivia y codicia.

Muchas sociedades “cristianas” han establecido principios en las citas para evitar los comportamientos anteriores con el fin de proteger la pureza, reputación y prosperidad de la pareja. Tales principios estuvieron basados en la Escritura (e.g., Proverbios 11:14; 15:22; 22:3; Mateo 5:16,28; 1 Corintios 6:18; 10:12; 2 Timoteo 2:22; Tito 2:5; 1 Pedro 3:2,7). Así que, una tercera forma en que podemos ayudar a Satanás a hacer daño a nuestros jóvenes que comienzan a citarse es decirles que la manera moderna de citarse no es peligrosa. No eleva el índice de lascivia y sexo premarital. No causa que las parejas lleguen al matrimonio con cicatrices espirituales que generan inseguridad en la relación y que contribuyen al índice de divorcio. Digámosles que no necesitan ser prudentes.

Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos (Jeremías 6:16).