Palabras ociosas

Resumen

Hoy el chisme es un negocio lucrativo. Los cristianos debemos evitar involucrarnos en esta actividad destructiva.

Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mateo 12:36-37).

¿Alguna vez ha dicho algo en alguna conversación y ha deseado poder borrarlo rápidamente de la memoria de la otra persona? A mí me ha pasado esto ya que es fácil hablar demasiado. No solamente es fácil hablar demasiado, sino también es fácil oír demasiado. Como Proverbios 18:8 dice, «[l]as palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas». La Biblia está llena de advertencias en cuanto a esta tendencia y sus consecuencias negativas. Es imposible medir los problemas y conflictos que las palabras «ociosas» han causado en la iglesia. Nosotros debemos ser precavidos si queremos evitar estos problemas. Este artículo brinda algunos consejos para protegernos de esta tentación peligrosa.

Primero, debemos recordar que seremos juzgados por nuestras palabras que son un reflejo de lo que hay en nuestro corazón. Jesús dijo: «El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12:35-37). Según el léxico de palabras griegas de Thayer, en este pasaje la palabra «ociosa» hace referencia al vocabulario ocioso o imprudente. Jesús no estaba hablando de palabras odiosas o sucias, aunque tales palabras también estarían incluidas en esta amonestación.

Segundo, el vocabulario imprudente es dañino en muchos aspectos. He sido testigo de situaciones en que alguien ha escuchado algo negativo en cuanto a otra persona, ha esparcido el rumor y dañado la reputación de tal persona, y luego se ha enterado de que tal reporte era falso. La Biblia dice repetidamente que no se debe aceptar una acusación basada en el testimonio de un solo testigo (Deuteronomio 19:15; 2 Corintios 13:1). Frecuentemente, incluso no es necesario hablar de las cosas que son ciertas. Alguien pudiera hablar continuamente en cuanto a todas las cosas malas que ha hecho en el pasado, pero ¿de qué serviría esto? Dios no está interesado en hablar de las indiscreciones pasadas de Sus Hijos, y Su pueblo tampoco debería estar interesado en tal cosa.

Tercero, no existe causa mayor de discordia entre hermanos que los labios imprudentes. En Proverbios 6:16-19, leemos de siete cosas que Dios aborrece. Tres de ellas son pecados que se cometen con los labios: la lengua mentirosa, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos. Como Santiago escribió, «[a]sí también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno» (3:5-6).

Teniendo esto en cuenta, el cristiano debe ser «pronto para oír, tardo para hablar» (Santiago 1:19); recuerde que tenemos el doble de oídos que de bocas. Cuando hablemos, debemos procurar solamente involucrarnos en la conversación que «sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes» (Efesios 4:29). Esto significa que no es necesario decir muchas cosas que son ciertas. El chisme nunca ha ayudado en nada, así que debemos evitarlo. Antes de hablar, debemos preguntarnos: ¿Es esto cierto, útil, positivo, necesario y amable? Si la respuesta a algunas de estas cosas es «no», entonces tal vez no debemos hablar de tal cosa en absoluto. Como en el caso del salmista, nuestra oración debería ser: «Pon guarda a mi boca» (Salmos 141:3).

Un último punto que abordar en cuanto al chisme es que vivimos en una sociedad donde el chisme es un negocio. Si determinamos que no disfrutaremos del chisme como entretenimiento, entonces sentiremos menos tentación de caer en el chisme. Recuerde que, si no somos parte del problema o de la solución de tal problema, entonces muy probablemente no necesitamos involucrarnos en tal problema.