Los Instrumentos Musicales en la Adoración Cristiana y el Testimonio de la Historia

Con el paso de los siglos, cada vez más grupos religiosos han adoptado la música instrumental en su adoración a Dios. De hecho, la música instrumental ha llegado a ser tan común en la comunidad religiosa moderna que muchos la consideran una marca distintiva del cristianismo.

Cuando mi hija Melanie tenía cinco años, asistía a una escuela privada cerca de la casa. Un día, después de llevar a Melanie a la escuela, me encontré con su maestra de música. [Melanie nunca había asistido a la clase de música debido a que mi esposa y yo escuchamos que se utilizaban instrumentos musicales para cantar canciones cristianas]. Ella rápidamente me cuestionó por no permitir que mi hija asistiera a las clases de música. Yo le mencioné que mi esposa y yo no estábamos de acuerdo con el uso de instrumentos en la música cristiana. Ella rápidamente respondió: “Nosotros somos una escuela cristiana, y no nos disculpamos por usar instrumentos”. Yo le respondí que nosotros también éramos cristianos, y que no veíamos razón en el Nuevo Testamento para usar instrumentos en la adoración cristiana. Nuestra conversación fue muy breve, pero el punto es este: la maestra de música de mi hija sostenía el enfoque común moderno que sugiere que la música instrumental es una característica cristiana. En otras palabras, ella estaba diciéndome: “Nosotros somos cristianos; por esta razón usamos instrumentos en los cantos religiosos”.

¿Pero qué tienen que ver los instrumentos musicales con la adoración cristiana? Aunque la mayor parte del “cristianismo” ha adoptado los instrumentos musicales en su adoración, la verdad es que “los primeros cristianos eran de una fibra demasiado espiritual como para sustituir o acompañar la voz humana con los instrumentos sin vida” (Herbermann, et.al., 1913, 10:651). Aunque usar instrumentos musicales en la adoración fue una práctica judía común bajo el Antiguo Testamento (Éxodo 15:20-21; 2 Samuel 6:5; 1 Crónicas 15:16; 23:5;  2 Crónicas 5:11-13; Salmo 150; cf. Josefo, 1987, p. 218) e incluso hasta el primer siglo d.C. (cf. Westermeyer, 1998, p. 67; Fletcher, 2001, p. 135), la práctica cristiana de adoración carecía notablemente de instrumentos musicales. Considere la siguiente evidencia.

EL TESTIMONIO DE LA HISTORIA

Los Líderes Religiosos Antiguos

Los escritos de Justino Mártir (ca. 100-165) están entre los más importantes del segundo siglo. Él fue un filósofo y apologista cristiano. Registró que “[n]o se recibió el uso del canto con instrumentos musicales en las iglesias cristianas como se lo recibió entre los judíos en su estado infantil, sino solamente el uso del canto puro” (Spurgeon, 1885, 2:123).

Se considera a Orígenes de Alejandría (ca. 185-254) como “el teólogo y erudito de la Biblia más importante de la iglesia griega antigua” (vea “Orígenes”, 1997, 8:997). En su Comentario de los Salmos, habló de la aplicación espiritual que tuvieron los instrumentos musicales del Antiguo Testamento en la música exclusivamente vocal del Nuevo Testamento:

La cítara es el alma activa que los mandamientos de Dios mueven; el salterio es la mente pura que el conocimiento espiritual mueve. En un sentido espiritual, los instrumentos musicales del Antiguo Pacto se aplican a nosotros. En un sentido figurativo, la cítara es el cuerpo; el salterio es el espíritu. El hombre sabio que emplea los miembros del cuerpo y la fuerza del alma como cuerdas los une armoniosamente. El que alaba [psallon] con la mente, también alaba [psallei] bien, hablando con himnos espirituales y cantando en su corazón a Dios… El salterio de diez cuerdas es el cuerpo, que tiene cinco sentidos y cinco fortalezas del alma (Ferguson, 1972, pp. 57-58, corchetes, itálicas y elipsis en original).

Los escritos de Eusebio de Cesarea (ca. 275-340) se encuentran entre los registros históricos más importantes de la iglesia. En su Comentario de los Salmos, Eusebio hizo un contraste entre la adoración judía del Antiguo Testamento y la adoración cristiana del Nuevo Testamento:

En el tiempo antiguo, cuando los de la circuncisión adoraban con símbolos y tipos, no era inoportuno elevar himnos a Dios con el salterio y la cítara… Por medio del canto espiritual, nosotros convertimos nuestro himno en un salterio vivo y una cítara viva. La armonía de voces de los cristianos será más aceptable ante Dios que cualquier instrumento musical. Por ende, en todas las iglesias de Dios, unidos en alma y actitud, con una mente en armonía de fe y piedad, elevamos una melodía unísona en las letras de los Salmos. Tenemos la costumbre de emplear tales salmodias y cítaras espirituales ya que el apóstol enseña esto, diciendo, “con salmos, himnos y cánticos espirituales” (Camp, 1999, p. 170).

Niceto de Remesiana (ca. 335-414) fue un teólogo, misionero y compositor de verso litúrgico. En cuanto a la abolición de la música instrumental, declaró:

Es tiempo de regresar al Nuevo Testamento para confirmar lo que se dice en el Antiguo, y particularmente, para enfatizar que no se debe considerar obsoleto el ministerio de la salmodia simplemente porque otras prácticas religiosas del Antiguo Testamento hayan dejado de realizarse. Solamente se ha rechazado las instituciones corporales, como la circuncisión, el reposo, los sacrificios, la diferenciación de alimentos. Así también las trompetas, arpas, címbalos y tamborines. Tenemos un mejor sustituto para el sonido de tales cosas: la música de los labios de los hombres (Ferguson, 1972, p. 54).

Crisóstomo de Constantinopla (ca. 347-407) fue un líder de la iglesia, intérprete y orador elocuente. Al contrastar los instrumentos del Antiguo Testamento con el canto vocal de la iglesia, declaró que “[a]ntiguamente David cantó en salmos; hoy también nosotros cantamos con él. Él tuvo una lira con cuerdas sin vida; la iglesia tiene una lira con cuerdas vivas. Nuestras lenguas son las cuerdas de la lira; de hecho, tienen un tono diferente, pero una piedad más consistente” (Dickinson, 1902, p. 55). Al hablar de la razón por la cual Dios aceptó el uso instrumental en la adoración judía, también señaló que esto “[s]olamente se les permitió a los judíos así como se les permitió los sacrificios, a causa de la dureza y grosura de sus almas. Dios fue condescendiente con su debilidad, ya que hace poco tiempo se habían apartado de los ídolos. Pero ahora, en vez de órganos, podemos usar nuestros cuerpos para adorarle como es debido” (Bingham, 1856, 1:315).

Agustín de Hipona (ca. 354-430) fue un filósofo, apologista y teólogo cristiano. Comentó en cuanto al rechazo cristiano de los instrumentos musicales en la adoración: “La flauta, el tamborín y la arpa están asociados muy íntimamente con los cultos paganos sensuales, como también con las orgías salvajes y las actuaciones desvergonzadas de los teatros y circos degenerados. Es fácil entender los prejuicios contra su uso en la adoración” (Shannon, 2001, p. 98).

Teodoro de Ciro (ca. 393-458) fue un teólogo y exégeta sirio. Habló de la naturaleza espiritual del canto en contraste a la naturaleza infantil del uso de instrumentos musicales en la adoración: “El canto no pertenece al niño, sino el canto con instrumentos sin vida, con baile y panderos… [P]or tanto se excluye en la iglesia el uso de tales instrumentos y otras cosas que pertenecen a los niños, y se preserva solamente el canto” (Mckinnon, 1987, p. 107).

Estos ejemplos de los líderes antiguos revelan que la práctica extendida en la adoración cristiana fue el canto vocal a capella, es decir, sin acompañamiento de instrumentos musicales. Los cristianos antiguos consideraron el uso de instrumentos musicales en la adoración como un rechazo deliberado de la espiritualidad que caracteriza al Nuevo Testamento para restaurar los medios físicos del sistema de adoración judía bajo el Antiguo Testamento. Además, consideraron el uso de instrumentos musicales en la adoración como una vinculación a las prácticas inmorales y desvergonzadas del paganismo de su tiempo. Por ende, prescindieron de su uso, optando por el canto cristiano “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24) [NOTA: Para un estudio en cuanto a la supuesta evidencia de la historia eclesiástica primitiva a favor de los instrumentos musicales, vea Ferguson, 1972, pp. 64-68].

Los Reformadores y Otros Líderes Protestantes

Martín Lutero (1483-1546) fue un teólogo prominente y uno de los personajes principales del Movimiento de la Reforma. McClintock y Strong registraron que “Lutero llamó al órgano una insignia de Baal” (1876, 6:762).

En su Comentario de los Salmos (32:2), Juan Calvino (1509-1564), uno de los reformadores más influyentes en el mundo protestante, sugirió que

en la celebración de las alabanzas a Dios, los instrumentos musicales no serían más apropiados que la quema de incienso, el alumbrado de lámparas y la restauración de otras sombras de la ley. Por tanto, los papistas neciamente han recibido esto de los judíos, como muchas otras cosas más. Los hombres que aman la pompa externa pueden deleitarse en tal ruido; pero la sencillez que Dios recomienda a través del apóstol Pablo es mucho más agradable ante él. Pablo autoriza bendecir a Dios en la asamblea pública de los santos solamente en una lengua conocida (1 Co. 14:16). Aunque muchos no lo entienden, la voz del hombre ciertamente excede todo instrumento inanimado de música (Calvino, 1847, p. 459).

En su Comentario de Amós (6:6), Adam Clarke registró que cuando a Juan Wesley (1703-1791), fundador del metodismo, se le preguntó su opinión en cuanto a la introducción de instrumentos musicales en las capillas metodistas, dijo: “No tengo objeción contra los instrumentos de música en nuestras capillas, siempre y cuando no se ESCUCHEN o VEAN” (s.d., 4:684, mayúsculas en original).

Adam Clarke (ca. 1760-1832), teólogo metodista y erudito de la Biblia, también registró su propio comentario sobre la ineptitud de los instrumentos musicales en la adoración espiritual. En sus Discursos sobre Temas Relacionados al Ser y los Atributos de Dios, señaló que

[e]l canto como se practica en varios lugares, y los acompañamientos paganos de ÓRGANOS e instrumentos musicales de varias clases, son tan contrarios a la sencillez del evangelio y la espiritualidad de la adoración que Dios requiere, como las tinieblas son contrarias a la luz. Y si no se corrigen estos abusos, pienso que se acerca el tiempo en que el canto cesará de ser parte de la adoración divina. En muchos lugares, no se puede decir que esto constituya tal adoración que es en espíritu y según la verdad. ¡Dios enmiende esta situación!” (1830, 1:48, mayúsculas e itálicas en original).

Una vez más, en su comentario ampliamente reconocido, Adam Clarke registró su desaprobación total de los instrumentos musicales como parte de la música cristiana.

Yo soy un hombre viejo y un ministro viejo; y aquí declaró que nunca he visto que hayan producido [los instrumentos musicales—MP] algún bien en la adoración a Dios; y tengo razones para creer que han producido mucho mal. Estimo y admiro la música como ciencia: pero abomino y aborrezco los instrumentos musicales en la casa de Dios. Este es un abuso de la música; y aquí registro mi protesta contra tales corrupciones en la adoración del Autor del cristianismo (s.d., itálicas en original).

Aunque toleraba la música instrumental como una “ayuda” en el canto, Charles Spurgeon (1834-1892), el predicador bautista considerado como el “Príncipe de los Predicadores”, sugirió:

Es una degradación suplementar el canto inteligente de toda la congregación por lo bonito de un cuarteto, los detalles refinados de un coro o el soplo de fuelles y zampoñas inanimadas. Si cantamos con maquinarias, entonces también oremos con maquinarias (Drummond, 1992, p. 351).

Al hablar de la razón por la cual la adoración israelita implementaba los instrumentos musicales, Spurgeon señaló adicionalmente que “Israel estaba en la escuela, y usaba cosas infantiles para ayudarle a aprender; pero en este tiempo, cuando Jesús brinda adultez espiritual, podemos hacer melodía sin cuerdas o zampoñas… No las necesitamos; estas entorpecerán nuestra alabanza en vez de ayudarla” (Spurgeon, 1885, 2:115).

De manera irónica, aunque estos fundadores y líderes de diversos grupos protestantes desaprobaron los instrumentos musicales en la adoración a Dios, en la actualidad el uso de instrumentos en la música religiosa es muy común en esos mismos grupos protestantes.

Los Líderes de la Restauración

Se conoce a los restauradores como aquellos líderes religiosos que realizaron esfuerzos descomunales por restaurar las enseñanzas del Nuevo Testamento y la iglesia que Cristo estableció (cf. Mateo 16:18; Hechos 2). Estos fueron hombres que respetaron la Biblia, quienes tuvieron por voto solemne “guardar silencio como la muerte donde la Biblia guarda silencio; y hablar con claridad y frecuencia correspondiente donde la Biblia habla con claridad y frecuencia” (Campbell, 1839, 3:60). Estos hombres entendieron que se debía respetar el “silencio” de la Escritura, y que en cuanto a los instrumentos musicales en la adoración cristiana, la Biblia carecía de un solo mandamiento o aprobación para su práctica.

Alexander Campbell (1788-1866) fue un erudito irlandés, quien en un principio se afilió a la Iglesia Presbiteriana y luego a la Iglesia Bautista, separándose finalmente de ambas denominaciones. Dedicó su vida al estudio de las Escrituras, tanto que uno de los presidentes de los Estados Unidos, James Madison, incluso comentó: “Él fue el expositor más hábil, original y poderoso de las escrituras que jamás haya conocido” (citado en McCoy, 1998, p. 116). Campbell se opuso al uso de instrumentos en la adoración cristiana, sugiriendo que “aquellos que carecen de devoción y espiritualidad real” pueden considerarlos deseables o necesarios. “Pero yo supongo, que para todos los cristianos de mente espiritual, tales ayudas serían como un cencerro en un concierto” (Foster, et.al., 2004, p. 414).

Ben Franklin (1811-1878) fue un personaje de gran importancia en el Movimiento de la Restauración. De hecho, el historiador Earl West declaró que “[e]s probable que no existiera ningún predicador más grande, noble, verdadero y puro desde los tiempos apostólicos que Ben Franklin” (Citado en Flatt, 1983, p. 121). Franklin escribió: “El órgano es el acompañamiento de iglesias exánimes, moldeables e innovadoras, en ciudades donde el orgullo, la aristocracia y el egoísmo prevalecen; donde no se le brinda compasión, comodidad o paz al pobre” (Phillips, 1975, p. 167).

Moses Lard (1818-1880) fue un predicador, escritor y periodista. Se le considera como “uno de los oradores más elocuentes de la Restauración” (McCoy, 1998, p. 310). Su elocuencia fue tal, que se dice que “cuando predicaba sobre el Hijo Pródigo, describía una imagen tan vívida que la audiencia volteaba hacia la puerta para ver si el Hijo Prodigo estaba regresando a casa” (p. 311). Lard se opuso directamente al uso de instrumentos en la adoración, declarando que esto era una “innovación impía contra la simplicidad y pureza de la adoración antigua” (Jenkins, 2006, 148[1]:14). Lard incluso desaprobó la comunión con aquellos que abogaban o practicaban adoración instrumental al sugerir lo siguiente:

(1) Determine cada predicador en nuestras filas de una vez por todas que nunca entrará, bajo ninguna circunstancia, a un lugar de reunión donde se encuentre un órgano… (2) Que ningún hermano que lleve una carta de una iglesia se unirá con otro que use un órgano… (3) Que los hermanos que se opongan al uso de un órgano, protestarán en términos gentiles y amables, pero decisivos. Si no se atiende a sus protestas,…que abandonen la iglesia, y que tales miembros se reúnan en otro lugar. Por ende, con el tiempo tales iglesias que rechinan con el órgano, fracasarán o apostatarán completamente; y cuanto más pronto caigan a pedazos, mejor será para la causa de Cristo (Lard, 1864, 1:332-333).

Se dice que John W. McGarvey (1829-1911) “figura después de Alexander Campbell en grandeza como predicador, maestro y escritor” (McCoy, 1998, p. 312). McGarvey también registró su protesta cuando escribió: “Afirmo que el uso de instrumentos [en la adoración cristiana—MP] es pecaminoso, y no me permito callar ante la presencia del pecado, sea que la iglesia o un individuo lo cometa” (Jenkins, 2006, 148[1]:14).

David Lipscomb (1831-1917) fue un líder de gran convicción—incluso en medio de la oposición mayoritaria. Se le conoce especialmente por ser el editor principal de la revista El Defensor del Evangelio [The Gospel Advocate] por algo de 50 años. Él escribió: “Los que introducen la música instrumental deben renunciar a la adoración de Cristo de corazón por el formalismo del judaísmo… No es un accidente, incidente, involuntariedad o indiferencia que Cristo y los apóstoles ignoraran y excluyeran los instrumentos musicales de su adoración” (Jenkins, 148[1]:14).

Aunque es cierto que la verdad en cuanto a la adoración cristiana no se determina por lo que algunos eruditos celosos de la enseñanza bíblica registren, es importante considerar las conclusiones y razones que ellos presentaron para rechazar la música instrumental en la adoración después de dedicar sus vidas completas a la investigación y el estudio de la Palabra. Por ejemplo, considere el horario de invierno de estudio estricto de Alexander Campbell:

Una hora para leer griego—desde las 8 a 9 de la mañana. Una hora para leer latín—desde las 11 a 12 del mediodía. Media hora para leer hebreo—entre las 12 a 1 p.m. Memorizar diez versículos de las Escrituras cada día, y leer los mismos en el lenguaje original, con las notas de Henry y Scott y observaciones prácticas. Separar dos horas para este ejercicio… Pueden ser útiles otras lecturas y estudios según la ocasión. Estos estudios en total requieren cuatro horas y media. La historia de la iglesia y otros diversos estudios constituyen la parte principal de mis otras actividades literarias (Richardson, 1868, 1:278-279).

Después de considerar los escritos de los restauradores, podemos llegar a la misma conclusión que McGarvey llegó:

En los primeros años de la Reformación presente, hubo unanimidad completa en el rechazo de la música instrumental en la adoración pública. Se la declaró contraria a la escritura y a la institución cristiana, y una fuente de corrupción (Phillips, 1975, p. 166).

Otras Fuentes Históricas

Tomás de Aquino (ca. 1225-1274), filósofo y teólogo católico, declaró: “Nuestra iglesia no usa instrumentos musicales, como arpas y salterios, para adorar a Dios como es debido, para que no parezca que judaíza” (Bingham, 1856, 1:315).

Lyman Coleman (1796-1882), profesor en Yale, escribió en cuanto a la introducción de la música instrumental:

La tendencia de esto fue secularizar la música de la iglesia, y fomentar el canto por medio de un coro. Gradualmente se introdujeron tales acompañamientos musicales; pero no se los puede asignar a un periodo anterior al siglo V o VI. Se desconocía los órganos en la iglesia hasta el siglo VIII o IX. Antes de esos siglos, tenían su lugar en el teatro, en vez de la iglesia. Nunca se les consideró con agrado en la iglesia oriental, y en muchos lugares en el occidente se opusieron vehementemente a su uso (Coleman, 1853, pp. 376-377, itálicas en original).

En su libro, La Iglesia Antigua, William Killen (1806-1902), profesor de historia eclesiástica, señaló que, “[e]n la iglesia primitiva, toda la congregación se involucraba en el canto, pero la música instrumental no acompañaba a la adoración” (Killen, 1883, p. 423).

La Enciclopedia Católica informa que “[p]or casi mil años el canto gregoriano, sin ningún instrumento o añadidura armónica, fue la única música que se usaba en conexión con la liturgia” (Herbermann, et.al., 1913, 10:657). También añade que

[a]unque Josefo relata los efectos maravillosos que los instrumentos producían en el Templo, los primeros cristianos eran de una fibra demasiado espiritual como para sustituir o acompañar la voz humana con los instrumentos sin vida. Clemente de Alejandría condena severamente el uso de instrumentos musicales incluso en banquetes cristianos (P.G., VIII, 440). San Crisóstomo contrasta claramente las costumbres de los cristianos en ese tiempo cuando tenían libertad con las costumbres de los judíos del Antiguo Testamento (ibid., LV, 494-7). Lo mismo registra una serie de escritores hasta San Tomás (Summa, II-II, Q. xci. a. 2) [10:651].

En su obra principal, Historia de la Iglesia, el profesor de Teología e historiador, Johann Kurtz (1809-1890), escribió que “[a]l principio la música de la iglesia fue simple, sencilla y recitativa. Pero la rivalidad de los herejes forzó a la iglesia ortodoxa a prestar más atención a los requerimientos del arte. Crisóstomo tuvo que protestar contra la secularización de la música eclesiástica. Más perdurable fue la oposición de la iglesia contra la introducción de acompañamientos instrumentales” (Kurtz, 1889, 1:376).

El Manual de Canto de Cambridge claramente informa que “[d]esde su mismo comienzo, la iglesia cristiana ha rechazado el uso de instrumentos musicales en la adoración a causa de sus asociaciones íntimas con los cultos paganos y su conexión con la inmoralidad disoluta del mundo greco-romano. Por ende, la música litúrgica cristiana se desarrolló en una dirección consistente con, y determinada por, las capacidades del canto vocal” (Potter, 2000, p. 165).

George Fisher (1827-1909), profesor de historia eclesiástica en la Facultad Teológica de la Universidad Yale, señaló que [l]a música de la iglesia, que al comienzo consistía principalmente del canto de los salmos, floreció en Siria y Alejandría. La música tenía una característica muy simple. Se realizaba cierta clase de canto alternado en la adoración de los cristianos, como Plinio describe. Por tradición, se atribuye a Ignacio la introducción del canto antifonal en Antioquía” (Fisher, 1916, p. 65).

Frederic Ritter (1834-1891), director y profesor de la Facultad de Música en Vassar, observó que

[n]o tenemos conocimiento real de la naturaleza exacta de la música que constituía una parte de la devoción religiosa de las primeras congregaciones cristianas. Sin embargo, era simplemente vocal. Al principio, se excluyó la música instrumental del servicio de la iglesia. Se la despreciaba, ya que los romanos la usaban en sus festividades paganas; y los nuevos religiosos no podían tolerar ninguna cosa que les recordara a la adoración pagana (1892, p. 24).

Al registrar la historia de las iglesias bautistas en los Estados Unidos, Albert Newman (1852-1933), profesor de Historia Eclesiástica en la Universidad Baylor y otras universidades, relató que “[e]n 1699, los bautistas recibieron una invitación de Thomas Clayton, rector de la Iglesia Cristiana, para unirse con la iglesia de Inglaterra. Ellos respondieron en una manera noble, declinando hacerlo a menos que ellos probaran…que sus vestiduras, servicios litúrgicos, uso de instrumentos musicales, bautismo de bebés, rociamiento, ‘señal de la cruz’ en el bautismo, etc., se pueden justificar por medio de la Escritura” (1915, p. 207, énfasis añadido).

La Nueva Ciclopedia Americana registra que “[s]e narra que el Papa Vitaliano introdujo primero los órganos en algunas de las iglesias en Europa occidental, alrededor de 670 d.C.; pero el registro fidedigno más antiguo tiene que ver con el órgano que el emperador griego Constantino Copronino envío como regalo al Rey Pepin en 755 d.C.” (Ripley y Dana, 1864, 12:563).

Más recientemente, en su libro, Te Deum: La Iglesia y la Música, Paul Westermeyer, profesor de Música Eclesiástica en el Seminario Luterano en Minneapolis, indicó que

[e]n el periodo siguiente al Nuevo Testamento, no solamente se consideró la música instrumental como inferior a la música vocal, sino también se la prohibió. Como Hannick indica, esta medida no fue una práctica muy revolucionaria, ya que no se usaba instrumentos en la sinagoga, y con la destrucción del Templo en 70 d.C., obviamente desaparecieron también allí. Pero la vehemencia de las objeciones en la iglesia antigua es asombrosa (1998, p. 67).

Y en su respetada Ciclopedia de Literatura Bíblica, Teológica y Eclesiástica, McClintock y Strong proveyeron evidencia amplia en cuanto a la ausencia de instrumentos musicales en la adoración cristiana primitiva:

Los griegos y los judíos estaban acostumbrados a usar instrumentos como acompañamientos en sus cantos sagrados. Por consiguiente, los convertidos al cristianismo hubieran estado familiarizados con esta clase de canto; pero se cree generalmenteque los cristianos primitivos no adoptaron el uso de música instrumental en su adoración religiosa… Ciertamente no se puede asignar la introducción general de música instrumental a una fecha anterior a los siglos V y VI; incluso Gregorio el Grande, quien al final del siglo VI contribuyó grandemente a la música eclesiástica existente, prohibió absolutamente el uso de instrumentos. Varios siglos después la introducción del órgano en el servicio sagrado dio lugar a los instrumentos como acompañamientos para el canto cristiano, y desde ese tiempo hasta ahora se los ha usado libremente con pocas excepciones. Se cree que el primer órgano se usó en el servicio de la iglesia en el siglo XIII. Sin embargo, antes de eso se usaba los órganos en el teatro. Nunca se los consideró favorablemente en la Iglesia Oriental, y algunas de las iglesias occidentales se opusieron vehementemente a su uso (1876, 6:759).

CONCLUSIÓN

Después de considerar solamente una muestra fragmentaria de la vasta evidencia histórica a disposición, podemos llegar a la conclusión que las fuentes históricas reconocidas, acreditadas y respetadas están completamente de acuerdo en que la adoración del Nuevo Testamento careció de innovaciones instrumentales, que los padres de la iglesia se opusieron fuertemente a tales innovaciones, y que durante muchos siglos, la oposición continuó su lucha insaciable contra tales innovaciones. En cuanto a los últimos siglos pasados, podemos llegar a la misma conclusión que Jenkins ha llegado: “La música instrumental no fue un tema de discusión entre las iglesias en la primera mitad del siglo XIX. La mayoría de denominaciones no usaba instrumentos musicales, y muchas enfrentaron controversia similar a la que el Movimiento de la Restauración enfrentó” (Jenkins, 2006, 148[1]:13).

Por tanto, el enfoque religioso común moderno que sugiere que los instrumentos musicales son una característica peculiar de la adoración cristiana, simplemente refleja un conocimiento escaso de la historia de la iglesia durante la mayor parte de su existencia religiosa.

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