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Lidiando con la Ira: Caín y Abel

Resumen La ira es la última moda—en la oficina, las carreteras, las elecciones, etc., y la familia está sufriendo por esto.

Caín, el primogénito de Adán y Eva, fue un agricultor; Abel, su hermano, un pastor. Un día ellos trajeron una ofrenda de sus productos a Dios. Abel ofreció ovejas de su rebaño, y Caín frutos de su cosecha.

Pero hubo un problema: “Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya” (Génesis 4:4-5). “Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas” (Génesis 4:4). Trajo lo mejor de su rebaño, lo cual sugiere un proceso doble de selección. Él escogió lo primero de su rebaño y lo mejor de lo primero. Esta selección fue planeada completamente. El texto no indica lo mismo en cuanto a la selección de Caín. Él pudo haber juntado lo que estaba a la mano sin un plan serio, y ciertamente, sin consideración a la voluntad de Dios (cf. Hebreos 11:4).

¿Suena esto familiar? La ira es la última moda—en la oficina, el internet, las carreteras, los aeropuertos, los centros comerciales y las elecciones. Nos molestamos por todo, y la familia está sufriendo terriblemente por esto. ¿Qué pueden los cristianos aprender de esta historia inspirada?

Solamente Dios puede ayudarnos a controlar la ira.

Dios dio a Caín la oportunidad de apaciguar su ira al señalar la fuente. Él le preguntó: “¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?” (vs. 6). Fundamentalmente, el problema de Caín no era con su hermano, sino con Dios. Dios dijo a Caín: “Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido?” (vs. 7). Caín no debía estar airado. Él pudo haber controlado la ira al mejorar su actitud en la adoración y por ende acercarse más a Dios (vs. 7). Pero Caín ignoró la advertencia de Dios.

A diferencia de Caín, para controlar la ira, nosotros debemos escuchar a Dios. Jesús dijo que debemos resolver los conflictos rápidamente (Mateo 5:21-26). Pablo escribió que no debemos permitir que se ponga “el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). Controle su ira tan pronto como sea posible. Cuente hasta 10; recite el alfabeto; busque consejería profesional de ser necesario. Controlar la ira rápidamente es un consejo divino que no debemos ignorar.

La ira es una elección.

Aunque Dios dijo a Caín lo que debía hacer, todavía le permitió escoger. La emoción es una reacción al estímulo. Dios nos ha dado la capacidad de escoger nuestra reacción en cualquier situación. Si algún conductor se mete rudamente a mi carril, yo puedo escoger controlar mi ira y reaccionar al conducir de manera defensiva. Tenemos la capacidad de escoger nuestra reacción.

Se puede encaminar la ira en una dirección positiva.

La ira no es necesariamente mala. Caín pudo haber aborrecido sus acciones para así mejorar, pero enfocó su ira en Abel. Dios personificó el pecado como un depredador a la puerta que espera una oportunidad para atacar (vss. 6-7; cf. 1 Pedro 5:8-9). Pablo escribió que no debemos dar “lugar al diablo” (Efesios 4:27). La ira incontrolada da a Satanás la oportunidad de tentarnos a pecar. ¡Resístale!

No permita que la ira le haga pecar. Pablo escribió: “Airaos, pero no pequéis” (Efesios 4:26). Debemos sentir ira contra tales cosas como la destrucción de la familia. Dios mismo Se aíra. Su amor por nosotros es tan profundo que enfocó Su ira contra nuestro pecado en el sacrificio de Jesús (Romanos 5:8-9). Debido al perdón de Dios en Cristo, podemos reemplazar la ira con la amabilidad, un corazón tierno y el perdón (Efesios 4:22,32). Seamos sal y luz para nuestro mundo airado.