Familias Disfuncionales en Génesis: Noé

Resumen

Noé no fue perfecto, ni su familia fue perfecta, pero Dios usó a estos siervos fieles para bendecir a todo la humanidad.

Aunque la muerte fue el resultado del pecado de Adán y Eva, Dios continuó mostrando gracia a la humanidad a través de la bendición de los hijos (Génesis 1:28; cf. 1:22). El linaje piadoso de Adán fue interrumpido por el homicidio de Abel (4:8). Después de la pérdida del fiel Abel (Hebreos 11:4), Dios le bendijo con otro hijo, Set, y una descendencia de gente piadosa (Génesis 4:26)—de la cual, Enoc, séptimo desde Adán, “caminó…con Dios” y no murió (5:21-24). La bendición continuó de una generación a otra. Luego, en un sentido, Lamec vio en su hijo descanso de la maldición dolorosa (cf. Apocalipsis 14:13). “[Y] llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo” (5:29).

Así como se interrumpió el linaje piadoso de Adán por el homicidio de Abel en manos de Caín, el linaje piadoso de Génesis 4 fue interrumpido por otro relato triste de maldad. Dios miró al otro lado de la humanidad, las descendientes de Caín que se habían casado con los descendientes de Set, y vio gran tiniebla. Debido al homicidio de Abel, Caín había sido sentenciado a ser errante en la tierra. Como frecuentemente sucede en la historia, la gente impía superó a la descendencia justa en prosperidad material (cf. 36:31). Caín y sus descendientes comenzaron a llenar la tierra al crear una ciudad. Inventaron la ganadería, la música y la metalurgia (4:16-22). Sin embargo, juntamente con su prosperidad, la maldad incrementó. Uno de los descendientes de Caín cuyo nombre también era Lamec, creó la poligamia y llegó a ser más barbárico que su antecesor (4:23-24). Finalmente, las ciudades llegaron a ser reinos, y los reyes llegaron a ser tiranos reconocidos (6:4).

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (6:5). Él no pudo tolerar más la maldad del mundo (vs. 6), y decidió raerla (vs. 7). Los versículos 8-9 brindan un rayo de luz en ese mundo de tinieblas: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová... Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé”. Noé fue un “pregonero de justicia” (2 Pedro 2:5). Hebreos 11:7 dice: “Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”.

Así como el ejemplo de Noé dio a los cristianos judíos una razón para continuar (Hebreos 11:7), nosotros también podemos perseverar y salir victoriosos ya que hemos puesto toda nuestra fe en el Señor. Note la manera en que Génesis 6:22 resume la fe de Noé: “Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó”. Ahora, reemplace el nombre de Noé con el suyo.

Sin embargo, justo cuando podemos imaginar que Noé era un hombre casi perfecto, aprendemos que incluso él no merecía la gracia de Dios y la salvación del diluvio. Moisés nos permitió leer en cuanto a una de las disfunciones de Noé en Génesis 9:20-21: “Después…Noé…plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda”. Él fue un hombre imperfecto, pero la diferencia entre él y su mundo fue su “caminar con Dios”. La vida imperfecta de Noé confirma que nosotros también podemos “caminar con Dios” y llegar a ser “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15). Todos somos disfuncionales debido a nuestro pecado. Mi oración es que Dios nos usará, a pesar de esas disfunciones, para darle honra y gloria (cf. Lucas 17:10).