¿Es Sagrado el Edificio de la Iglesia?

Pregunta:

“Mi pregunta es la siguiente: ¿Es sagrado el edificio de la iglesia?”.

Respuesta:

El Nuevo Testamento no menciona los edificios de la iglesia, y se acepta que históricamente no hubo edificios que la iglesia adquiriera para sus reuniones durante los primeros 200 años desde el establecimiento de la iglesia del Nuevo Testamento. Por ende, los edificios de la iglesia no son sagrados o santos.

La iglesia del Nuevo Testamento era y es una entidad espiritual, y también se la conoce como el reino (Juan 18:36; Colosenses 1:2,13,18). La palabra “iglesia” en el griego significa “asamblea” o aquellos que han sido “llamados fuera”. Aunque en un contexto general este término hace referencia a cualquier grupo de personas que han sido llamadas para un propósito específico, en el sentido religioso hace referencia a aquellos que han sido llamados fuera del mundo por el Evangelio de Jesucristo. Los que se arrepienten de sus pecados y son bautizados (sumergidos—Colosenses 2:12) para la remisión de sus pecados (Hechos 2:38) son añadidos por Jesucristo mismo a la iglesia (Hechos 2:47).

En el Nuevo Testamento se usa la palabra “iglesia” en tres sentidos, y en ninguno de estos usos hace referencia al edificio. Primero, la palabra “iglesia” hace referencia al grupo espiritual que nuestro Señor prometió edificar (Mateo 16:18), y sobre el cual es la Cabeza (Colosenses 1:18). Esta es la iglesia en su sentido universal, abarcando todo lugar y toda generación. Segundo, la palabra “iglesia” puede hacer referencia a una congregación particular de cristianos en algún lugar específico (1 Corintios 1:2). Así que usualmente “las iglesias de Cristo” (Romanos 16:16) se distinguen a sí mismas con relación a su geografía local (e.g., la iglesia de Cristo en la Calle Unión). Tercero, la palabra “iglesia” puede hacer referencia a la reunión de adoración de una congregación particular (1 Corintios 14:19,23,34).

El cuerpo de Cristo o la iglesia del Señor puede reunirse en cualquier lugar adecuado para la adoración de Dios en espíritu y verdad (Juan 4:24). La iglesia del primer siglo se reunía en casas (Romanos 16:5; 1 Corintios 16:19; Colosenses 4:15; Filemón 2) o en lugares públicos (Hechos 5:12; 20:20). Hoy es una práctica común que la iglesia rente o compre un lugar para asegurarse de que siempre haya un lugar adecuado para sus reuniones de adoración (Hebreos 10:25). Pero el Nuevo Testamento no enseña que los lugares en que la iglesia se reúne sean sagrados o santos inherentemente; tal concepto es de manufactura humana.