El Principio y el Final

Si Dios no existe y la Biblia no es Su Palabra inspirada, la vida humana no tiene significado; solamente somos el resultado de un accidente cósmico. Finalmente, no somos nada más que materia evolucionada que simplemente regresará al polvo.

En un debate de 1994 en la Universidad Stanford sobre el Darvinismo, el evolucionista ateo William Provine resumió sus enfoques en cuanto a la biología evolucionista y sus implicaciones claras. Según el Dr. Provine, “[n]o hay dioses, propósitos o fuerzas conscientes de alguna clase. No hay vida después de la muerte. Estoy absolutamente seguro de que cuando muera, estaré muerto. Ese será el final para mí. No hay fundación básica para la ética; no hay significado fundamental en la vida…” (Provine y Johnson, 1994).

Aunque la evolución atea implica que la vida humana no tiene significado, la explicación bíblica para el propósito humano dado por Dios está arraigada profundamente en los orígenes del hombre, como también en su vida más allá de la tumba. Después de haber reconocido que desde un punto de vista puramente naturalista la vida no tiene sentido (Eclesiastés 1:2; 12:8), el sabio Salomón concluyó que el propósito fundamental de la vida humana es temer a Dios y guardar Sus mandamientos (12:13). De interés particular es el hecho que esta conclusión sumamente importante está fundada en el conocimiento (1) de dónde vino el hombre y (2) a dónde va (12:1,7,14).

PRIMERO, EL FINAL

El escritor inspirado de Eclesiastés concluyó que el “todo del hombre” es “temer a Dios y guardar Sus mandamientos” porque “Dios traerá toda obra a juicio” (12:13-14). Aunque casi todos están de acuerdo con la verdad obvia de que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez”, muchos rechazan el hecho que cuando esta vida terrenal llegue a su fin, entonces vendrá el juicio (Hebreos 9:27). Dios “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó” (Hechos 17:31)—el Hijo de Dios, a Quien el Padre ha dado “todo el juicio” (Juan 5:22).

Uno de los temas principales del Nuevo Testamento es que Jesús, el Juez, regresará. El primer mensaje registrado después de la muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Jesús al cielo fue: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11). Aunque Jesús se manifestará “desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1:7-8), los cristianos podemos regocijarnos en el hecho que “el Señor mismo…descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4:16-17).

Los cristianos fieles podemos (y debemos) ansiar el fin del tiempo y la promesa del regreso de Jesús. “[N]uestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20). Cristo “aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28).

EL PRINCIPIO

La misma Palabra de Dios en la cual los cristianos confiamos en cuanto a nuestro futuro resplandeciente, es la misma Palabra divina que detalla nuestro principio hermoso. Pedro reconoció que “en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra…, pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:5,7,13, énfasis añadido).

El mismo Señor que “hizo los cielos…[j]uzgará al mundo” (Salmos 96:5,13, énfasis añadido). El Cristo que creó “todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra” (Colosenses 1:16), es el mismo Jesús que regresará “en su gloria, y todos los santos ángeles con él” (Mateo 25:31). Nuestro principio y final están enlazados inextricablemente por la Palabra de Dios.

¿Cómo es posible que algunos confíen tanto en lo que Dios ha revelado en cuanto al final del tiempo pero que a la misma vez no tengan mucho interés en los detalles que Él dio en cuanto al principio? Ciertamente Dios pudo haber creado el Universo en cualquier manera que deseara, en cualquier orden que deseara, y en cualquier periodo de tiempo que deseara. Pudiera haber creado el mundo y todo en él en seis segundos o seis mil millones de años. Pero el punto importante no es lo que Dios pudiera haber hecho, sino lo que Él dijo que hizo. Y Él dijo que creó todo en seis días (Génesis 1). Cuando Dios dio a los israelitas los Diez Mandamientos, declaró: “Seis días trabajarás, y harás toda tu obra… Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día” (Éxodo 20:9,11).

¿Qué ha revelado el Amo y Creador eterno en cuanto a Su creación en Su Palabra supremamente autoritativa? Por ejemplo, a diferencia de la enseñanza de los evolucionistas teístas que sugiere que la humanidad finalmente evolucionó 13,000 a 14,000 millones de años después de la Creación, Jesús indicó que “al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios” (Marcos 10:6).

Además, “las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20, énfasis añadido). ¿Cuánto tiempo ha tenido el hombre conocimiento de Dios y Sus atributos invisibles? “Desde la creación del mundo”. Entonces, ¿cómo pudiera el hombre haber estado “percibiendo” o “entendiendo” lógicamente a Dios “desde la creación del mundo”—si él estuviera separado de la creación de los cielos y la tierra por miles de millones de años de evolución? Tal escenario contradice completamente las Escrituras.

Tristemente, algunas personas escogen creer teorías torcidas que el hombre crea, en vez de abrazar completamente la verdad bíblica e inerrante de Dios. Sin embargo, los siervos fieles de Dios confían completamente en la Palabra autoritativa de Dios, respetándola y dependiendo consistentemente en su guía en cuanto al principio y el final. Acuérdese de su Creador, ya que el polvo volverá a la tierra, pero el espíritu regresará a Dios Quien lo dio (Eclesiastés 12:1,7).

Referencia

Provine, W.B. y Phillip Johnson (1994), “Darwinismo: Ciencia o Filosofía Naturalista?” [“Darwinism: Science or Naturalistic Philosophy?”], Origins Research, otoño/invierno, www.arn.org/docs/orpages/or161/161main.htm.