Cuando recuerdo la cruz de Cristo, puedo ver al Salvador inocente de pecado

Resumen

No olvidemos que el Salvador, completamente inocente, nos ha librado del poder del pecado para que no andemos más en él.

Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? (Juan 8:45-46).

En Su interacción en el templo con los judíos veleidosos, Jesús los retó con estas palabras: «¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?» (Juan 8:46). Este es un reto osado, especialmente en vista de que estos judíos se habían convertido rápidamente en enemigos acérrimos de Jesús, querían matarlo (cf. v. 37) y estaban ansiosos de presentar alguna acusación contra Él (cf. Marcos 14:53-59). Sin embargo, ellos no pudieron acusarlo legítimamente, pues Él era completamente inocente de pecado.

  • Judas Iscariote entregó a Jesús a los líderes judíos porque era un ladrón que amaba el dinero (Juan 12:4-6), no porque Jesús mereciera ser arrestado. Cuando vio que Jesús era condenado, trajo el dinero al templo, lo arrojó y dijo a los líderes judíos: «Yo he pecado entregando sangre inocente» (Mateo 27:4).

  • Pilato interrogó a Jesús por instigación de los líderes judíos. Luego los llamó y les dijo: «Me habéis presentado a este como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis» (Lucas 23:14). Incluso la esposa de Pilato le envió este mensaje en cuanto a Jesús: «No tengas nada que ver con ese justo» (Mateo 27:19).

  • Los ladrones crucificados con Jesús Lo blasfemaron al comienzo de la crucifixión, pero luego uno tuvo un cambio de corazón. Él reprendió a su compañero y defendió a Jesús con estas palabras: «Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo» (Lucas 23:41).

  • Un centurión romano estaba a cargo de la ejecución de Jesús, pero, tras ver todo lo que había acontecido, glorificó a Dios diciendo: «Verdaderamente este hombre era justo» (Lucas 23:47).

Jesús es el Salvador completamente inocente de pecado; Hebreos 7:26 confirma esta verdad: «Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos». Solamente alguien completamente inocente de pecado podía ser la ofrenda adecuada por el pecado.

Al recordar la cruz de Cristo, no olvidemos que este Salvador, completamente inocente de pecado, nos ha librado del poder del pecado para que no andemos más en él.