¿Armoniza la Ciencia con la Escritura?

Resumen

Ciertamente el campo de la ciencia no está en conflicto con la Escritura, ya que ambos campos comparten el mismo Autor.

Se ha dicho que la Biblia y la ciencia están en conflicto; ambas no pueden ser ciertas. Los que creen en la Biblia y a la vez aceptan esta idea se consuelan al decir que la Biblia no es un “texto de ciencia” y que, por ende, no se debería esperar que hable con exactitud en cuanto a temas científicos. En realidad, independientemente de que la Biblia sea o no un texto de ciencia, geografía, historia o cualquier otro tipo de texto, si la Biblia es inspirada por el Creador omnisciente del universo, debería ser exacta en todo lo que dice. Cuando habla en cuanto a temas científicos, debería hacerlo con exactitud—y la Biblia lo hace.

De hecho, según la Biblia, Dios mismo instituyó el campo de la ciencia. Cuando Dios creó a los seres humanos en el sexto día y les dijo que “tuvieran dominio” sobre la Tierra y la “sojuzgaran” (Génesis 1:28), estuvo mandando a la humanidad que hiciera algo que requería investigación y experimentación científica extensa. Si Dios fundó la ciencia, ¿por qué la ciencia estuviera en conflicto con Su Palabra? Cuando dijo a través de Su siervo Pablo en Romanos 1:20 que se podía aprender en cuanto a Su existencia y algunos de Sus atributos al estudiar Su creación, puso Su sello de aprobación para el estudio científico de la creación—“las cosas hechas”. Cuando dijo en 1 Tesalonicenses 5:21, “Examinadlo todo; retened lo bueno”, básicamente resumió el método científico. Al instar a los humanos a estudiar “las obras de Jehová” (la creación), estuvo aprobando la ciencia (Salmos 111:2). Al hacer que Adán nombrara a los animales, instituyó el campo de la biología (Génesis 2:19). Al señalar a Job las leyes naturales que gobiernan el universo, estuvo fomentando el estudio de la física (Job 38:33). Job 12:8-10 enfatiza la geología, mientras que Salmos 19:1 y Génesis 15:5 fomentan la astronomía. Números 19 incluso detalla una receta básica para un jabón antibacteriano—química en acción. En su escrito sabio, Salomón aprobó el estudio de la ciencia biológica, fomentando la observación de las águilas y culebras (Proverbios 30:18-19), como también de las hormigas, conejos, langostas y arañas (Proverbios 30:25-28). Jesús fomentó la botánica cuando dirigió la atención de Su audiencia a los lirios de los campos (Mateo 6:28), las semillas (Mateo 13:1-9,24-30), los árboles y vides (Mateo 7:16-20) y la hierba (Mateo 6:30); fomentó la ornitología al usar a las aves de los cielos como una ilustración (Mateo 6:26); fomentó la entomología cuando mencionó a la polilla (Mateo 6:19-20); fomentó la zoología cuando habló de ovejas, perros y cerdos (Lucas 15:3-7; Mateo 7:6). En el sermón de Dios para Job en los capítulos 38-41, Él decidió humillar e instruir a Job al darle una lección de ciencia que cubría la geología, cosmología, astronomía, física, oceanografía, nomología, óptica, meteorología y biología—incluyendo la zoología, ornitología, entomología, herpetología, botánica y la biología marina. En resumen, Dios fundó, aprobó e incluso mandó la práctica científica. La ciencia no es antibíblica.

Entonces, ¿por qué la confusión? Una parte se debe a la naturaleza de la ciencia observacional: no podemos gustar, tocar, oler, oír o ver a Dios, la Creación original o el Diluvio de Noé. Así que la conclusión de algunos es que la Creación bíblica no es científica. Aunque es cierto que no se puede verificar empíricamente varios aspectos del modelo bíblico ya que no podemos observarlos hoy, también se puede decir lo mismo de varios aspectos cruciales de la teoría naturalista (e.g., el “Big Bang”, el origen de la vida, el origen de las especies, etc.). Esta es la naturaleza de la “ciencia histórica”: se debe usar el razonamiento deductivo de la evidencia indirecta para apoyar una teoría que se relaciona a eventos históricos que no se pueden observar en el presente, así como los científicos forenses usan la ciencia para investigar eventos que ellos no atestiguaron personalmente. Como en el caso de cualquier otro modelo histórico, la evidencia indirecta (en vez de la directa) debe confirmar el modelo bíblico. En realidad, el modelo naturalista contradice la evidencia; y, por otra parte, la evidencia confirma el modelo bíblico.

Otra parte de la confusión también se debe a la comparación de las Escrituras con la ciencia naturalista popular. Es cierto que en tiempos modernos se ha presentado varias teorías naturalistas populares que contradicen la Biblia, pero también es cierto que, al investigarlas más profundamente, se descubre que tales modelos contradicen la ciencia verdadera en varios puntos fundamentales. Por ejemplo, nadie puede ser naturalista y a la misma vez creer en fenómenos que no suceden en la naturaleza (e.g., los efectos sin causa; la generación espontánea de las leyes científicas, la materia y la energía, la vida, la información genética, el diseño, etc.). Una teoría no puede auto contradecirse y todavía ser verdadera. La ciencia verdadera no tiene contradicciones internas como las teorías naturalistas las tienen.

Por otra parte, el modelo bíblico carece de las inconsistencias internas de tales teorías seudocientíficas. Declara de manera exacta que Dios, el Gran Diseñador, creó el universo ex nihilo en seis días—una proposición que no contradice la evidencia, sino que es confirmada por la evidencia indirecta. Varios siglos después de la semana de la Creación, sucedió un gran Diluvio que afecto dramáticamente la Tierra. La evidencia científica también confirma la narración bíblica de este evento, incluyendo la evidencia de la geología, paleontología, astronomía, biología y la meteorología.[1]

El modelo bíblico es científico ya que explica el origen de las leyes de la ciencia. Es científico porque puede explicar sin contradicción la existencia del universo y sus características. Es científica porque declaró de manera exacta varias de las leyes científicas antes que se las descubrieran (e.g., la Ley de la Causalidad; la Primera y la Segunda Ley de la Termodinámica; la Ley de la Biogénesis).[2] Es científica porque ha hecho varias predicciones científicas verificables.[3] En resumen: Dios fundó la ciencia. Cuando se interpreta adecuada y justamente los hallazgos científicos legítimos, se puede ver que la ciencia sostiene la Biblia y el cristianismo. Ciertamente este campo no está en conflicto con la Escritura—¡ya que ambos comparten el mismo Autor!

Referencias

[1] Garner, Paul (2011), El Nuevo Creacionismo [The New Creationism] (Darlington, RU: Evangelical Press).

[2] Miller, Jeff (2017), Ciencia vs. Evolución [Science vs. Evolution] (Montgomery, AL: Apologetics Press).

[3] Miller, Jeff (2014), “Análisis del Debate de Bill Nye y Ken Ham” [“Bill Nye/Ken Ham Debate Review”], Reason & Revelation, 34[4].