¿Está la Iglesia que Jesús Edificó en la Tierra Hoy?

¿Está la Iglesia que Jesús Edificó en la Tierra Hoy?

No estamos interesados en una iglesia que se parezca a la iglesia que Jesús edificó—así como no estamos interesados en un salvador que se parezca al Hijo de Dios. Él es el Hijo de Dios o no lo es; esta es la iglesia o no lo es. Una vaca se parece a un caballo en el sentido que tiene cuatro patas y una cola, pero no es un caballo. Un mono es parecido al hombre en el sentido que es un mamífero que camina en dos patas, pero no es un ser humano. La adoración de Caín y Abel fueron similares (ambos adoraron al mismo Dios, al mismo tiempo, como una respuesta a Sus bendiciones), pero la ofrenda de Caín fue rechazada, y la ofrenda de Abel fue aceptada (Génesis 4:4-5; Hebreos 11:4). El trigo y la cizaña tienen una apariencia parecida, pero uno es comestible y deseable, y el otro es dañino e indeseable (Mateo 13:24-30).

Estamos interesados en encontrar la misma iglesia que Jesús prometió edificar (Mateo 16:18). En esa ocasión, Pedro no dijo que Jesús era “como” el Hijo de Dios. En cambio, Le llamó “el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

Ya que no es posible que alguna iglesia pruebe históricamente que ha existido desde el tiempo del Nuevo Testamento, ¿es imposible que todavía exista la iglesia del Nuevo Testamento? Sí, ya que no es necesario trazar una línea de sucesión que se remonte a 2,000 años atrás. Se puede probar la posibilidad de que existe la iglesia del Nuevo Testamento al considerar tres principios simples. Razonemos juntos.

Considere el principio de la semilla

Si quisiéramos sembrar tomates de Alabama en el estado de Texas, ¿necesitaríamos sembrar una hilera de tomates a través de Alabama, Mississippi y Louisiana hasta Texas? No. Simplemente debemos llevar las semillas de Alabama a Texas y plantarlas, y ellas crecerán.

La sucesión de la planta está en la semilla, no en la hilera. Una de las leyes perdurables de Dios es que la semilla produce “según su género” (Génesis 1:11-12). Cuando plantamos frejoles, cosechamos frejoles, no sandías o maíz; si sembramos una semilla de melocotón, solamente se puede producir un árbol de melocotón, nada más. Pablo usó este hecho para ilustrar una lección espiritual: “[T]odo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Todas las instituciones en la Tierra—desde el comunismo chino hasta las compañías electrónicas, desde el fútbol profesional hasta el ejército—son perpetuadas según sus “semillas” (doctrinas). Este es el mismo caso con las organizaciones religiosas. Cada una tiene un grupo de doctrinas que planta como su semilla. Lo que se planta (enseña) determina lo que crece.

“La semilla es la palabra de Dios” (Lucas 8:11). Cuando se la plantó en el primer siglo, produjo cristianos (individualmente) y la iglesia de Cristo (colectivamente). Apliquemos el principio de la semilla al panorama religioso moderno:

  • ¿Tenemos hoy la misma semilla que fue plantada en el tiempo del Nuevo Testamento? Sí. Tenemos la Biblia (1 Pedro 1:22-25).
  • ¿Ha llegado a ser inerte la semilla? No; está viva (1 Pedro 1:22-25).
  • ¿Tenemos la misma tierra? Sí, los corazones humanos que deben ser enseñados (Mateo 13:19-23). Cuando hoy se planta la misma semilla en corazones sinceros, produce lo mismo que produjo entonces—cristianos (Hechos 2:22-47; 11:26; 1 Pedro 4:16). ¿Qué otra cosa pudiera producir?
  • ¿Qué iglesia (conjunto de cristianos) producirá la semilla? La misma que produjo entonces—la cual Jesús murió para adquirir, sobre la cual reina y la cual lleva Su nombre (Hechos 20:28; Romanos 16:16).

La perpetuidad de la iglesia está en el patrón, no en el hecho de seguirla históricamente. Está en la semilla, no en la cosecha perenne. No tiene nada que ver si es que la semilla del Evangelio ha estado almacenada por algún tiempo. Si no hubiera una iglesia en la Tierra según el orden del Nuevo Testamento por mil años, pero la Palabra de Dios todavía hubiera sobrevivido, entonces la iglesia de Cristo pudiera brotar cuando la gente leyera, entendiera y obedeciera al Evangelio.

Considere el principio del código

Se puede reproducir un juego, gobierno o aparato si se preserva sus especificaciones en un libro o una computadora. Si no hubiera un tablero de Monopolio en la Tierra, pero se descubriera un diagrama del tablero y las reglas del juego, se lo podría crear en un tiempo corto. Si el último televisor del planeta comenzara a fallar, una persona talentosa pudiera tomar una descripción del mismo y hacer otro. Si el comunismo o el islamismo conquistara la democracia por todo el mundo, un futuro “Congreso Continental” pudiera tomar la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, las Diez Enmiendas y un libro de texto de gobierno y comenzar a gobernar a un pueblo libre.

La Biblia es el estándar para el cristianismo. Pablo escribió: “[S]igamos una misma regla, sintamos una misma cosa” (Filipenses 3:16; cf. 2 Timoteo 3:16-17). Simplemente contiene las “reglas” del cristianismo. Es el plano que indica la manera en que la iglesia debe lucir. Es el libro de texto de la religión cristiana. Por ende, en cualquier lugar que se lea, entienda, crea y obedezca la Biblia, la iglesia llegará a existir. Esto pasará independientemente del hecho que una iglesia haya existido en esa localidad antes, esté en existencia al mismo tiempo en algún otro lugar, o incluso haya estado extinguida por un siglo.

Considere el principio de la restauración

A muchas personas les gusta restaurar automóviles o casas antiguas. Ellos obtienen los planos originales y meticulosamente restauran el auto o la casa como fue al comienzo. Tal restauración se ha realizado en la casa de verano de Thomas Jefferson en Forest, Virginia. Aquellos que se dedicaron a esto incluso analizaron el suelo para determinar qué clase de árboles y arbustos fueron plantados originalmente cerca de la casa, para que pudieran sembrar las mismas plantas en los mismos lugares.

Isaac comenzó un proyecto similar de restauración en los días de los patriarcas. La Biblia registra:

Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado (Génesis 26:18).

Se ha realizado un proyecto de restauración espiritual con la iglesia de Cristo. Cristo liberó las aguas que fluían desde el pozo de Su iglesia. Con el paso de los siglos, lentamente llegó a ser estancado debido a las enseñanzas de los hombres. Luego el hombre tuvo más sed que de tradición, protestantismo y cultismo. Deseaba ser satisfecho del pozo original. Los restauradores consultaron el plano original en las páginas del Nuevo Testamento y comenzaron a cavar nuevamente las doctrinas originales. Una por una identificaron las prácticas del primer siglo y las llamaron por sus nombres propios (1 Pedro 4:11). Los obreros meticulosos finalmente restauraron la iglesia como lo fue entonces—el mismo plan de salvación, la misma organización, la misma adoración, el mismo amor y celo, y las mismas enseñanzas morales.

¿Irán Todas las Personas Buenas al Cielo?

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“Dios Me Acepta Como Soy”

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