“Dios Me Acepta Como Soy”

“Dios Me Acepta Como Soy”

Hace algunos días atrás lo escuché otra vez. Una mujer con buenas intenciones dijo: “No importa de qué iglesia seamos miembros o lo que creamos; Dios simplemente nos acepta como somos”.

Ella no es la primera persona en haber dicho algo como esto. La idea de que “Dios nos acepta como somos” es una creencia común en la comunidad cristiana. Pero como el personaje ficticio Inigo Montoya dijo, “No creo que esta frase significa lo que ellos piensan que significa”.

La frase “Dios me acepta como soy” suena muy bien como un comentario oportuno—especialmente en nuestra sociedad pluralista. ¿Pero qué realmente significa? Si Dios le acepta como usted es, ¿me acepta como yo soy? ¿Qué acerca del mentiroso compulsivo, el adúltero, el homosexual o el chismoso? ¿Acepta Dios a tales personas como son? ¿Qué acerca del homicida en serie, el violador o el ladrón? ¿Acepta Dios a tales personas como son? ¿Cuáles son los parámetros de este enunciado? ¿Bajo qué condiciones acepta Dios a una persona “como es”, y niega a otro “como es”?

El enfoque de “Dios me acepta como soy” convierte a Dios en algo que no es.

Sí, Dios es amor (1 Juan 4:8). Él es amor, así como es justo (Salmos 11:7; Jeremías 17:10), soberano (Salmos 93:1; Jeremías 23:20) y recto (Deuteronomio 32:4; Salmos 18:30). En Su naturaleza divina, Dios es todos estos aspectos—y mucho más. Sin embargo, ningún atributo único Le representa exclusivamente; no se puede separar una de Sus cualidades de las otras. No se puede separar Su omnisciencia (conocimiento completo) de Su imparcialidad; no se puede separar Su amor de Su santidad.

Lamentablemente, una gran parte del mundo ha tomado el “amor de Dios” como el todo de Su carácter. Un dios que es solamente amor nunca castigaría o negaría a nadie. Él aceptaría a todos como son, sin demandar nada, y recompensando a todos. En la mente de los que creen en que “Dios les acepta como son”, no hay estándar objetivo de comportamiento que Dios espera ya que Él es solamente amor, nada más.

El enfoque de “Dios me acepta como soy” niega el amor de Dios.

Los que fomentan la teología de “Dios me acepta como soy” no reconocen una diferencia entre las palabras “amor” y “aceptación”. Un dios que acepta incondicionalmente a alguien no puede aborrecer el pecado ya que lo tiene que tolerar por necesidad. Si “Él me acepta como soy”, entonces también debe aceptar mi pecado. Pero la Biblia enseña claramente que Dios aborrece el pecado (cf. Salmos 5:4; 92:15; Isaías 59:2; 1 Juan 1:5-6; Apocalipsis 6:8).

Una de las razones por las cuales Dios aborrece el pecado es porque hace daño a la gente que Él ama. Dios ama a los pecadores (Romanos 5:8), pero odia el pecado por lo que esto hace con ellos (Proverbios 13:15; Romanos 6:23), como también por sus efectos negativos en la gente inocente (Proverbios 6:16-17). El pecado tiene consecuencias eternas así como consecuencias terrenales.

Yo siempre amaré a mi hijo, pero esto no significa que aceptaré que vague por las calles o que ponga su mano en el fuego. Mientras madura y se convierte en un adulto, yo todavía le amaré, pero esto no quiere decir que aceptaré que Él niegue al Señor (cf. Hebreos 12:6). De la misma manera, ya que Dios es amor, aborrece todo lo que es inherentemente destructivo para al objeto de Su amor: nosotros. Por tanto, Él nos da un estándar objetivo de comportamiento (cf. 2 Tesalonicenses 1:8).

El enfoque de “Dios me acepta como soy” causa que los perdidos crean que son salvos.

Este enfoque descarta la urgencia de la obediencia al Señor. Si Dios me acepta sin ninguna condición, ¿por qué me debería importar el llamado de Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23)? Si soy básicamente una “buena persona”, y Dios me acepta “como soy”, ¿por qué debería seguirle? Ciertamente no hubiera necesidad de que yo me niegue a mí mismo y tome la cruz del discipulado.

El enfoque de “Dios me acepta como soy” descarta la necesidad de la creencia.

La creencia es necesaria para seguir a Cristo (cf. Juan 3:36). Si alguien no está siguiendo a Jesús, entonces no tiene una relación con Él. Y sin tal relación no puede existir compromiso. Por ende, este enfoque solamente puede dar como resultado una pseudo-religión que se siente bien pero que carece de sustancia real.

El enfoque de “Dios me acepta como soy” descarta la necesidad del evangelismo.

Si Dios me acepta como soy, entonces con seguridad acepta a los demás. Como resultado, esto no solamente causa falta de compromiso en mí ante el Señor, sino también falta de interés en la condición de otros ante Dios. ¿Por qué debería incomodarme en contar a otros en cuanto a Dios y Su plan de salvación si no se puede tener un concepto claro de lo que significa estar espiritualmente perdido?

La única solución para esta confusión trágica es considerar que el amor y la justicia de Dios fueron satisfechos en la cruz. El pecado da como resultado la muerte espiritual (Romanos 3:23), pero la cruz provee una oportunidad de salvación (Romanos 6:23). Dios ama a todos los hombres igualmente y universalmente (Juan 3:16), pero a menos que humildemente y obedientemente Le sigamos, no podremos disfrutar los beneficios de Su amor.

Tomar un atributo de Dios para ignorar Sus otros atributos es crear un dios que no es el Dios de la Biblia.

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