El problema de la división

Resumen

Si permitimos que Dios obre por medio de nosotros, la iglesia podrá alcanzar la unidad por la cual Jesús oró en Juan 17.

— Lectura bíblica recomendada: 1 Corintios 1:9-13

Introducción

I. Se puede encontrar la siguiente frase en carteles por todo el país: «Unidos permanecemos; divididos caemos».

II. Aunque aborrecemos el pensamiento de la división en nuestro país, ¿qué pensamos en cuanto a la iglesia que Jesús consagró con Su propia sangre?

Exposición

I. La división nunca comienza con Dios.

A. Dios aborrece la división (Proverbios 6:19; Malaquías 2:16).

B. Dios es autor de paz, no de confusión (1 Corintios 14:33; cf. Santiago 1:13-17).

C. Dios quiere que seamos uno, así como Él lo es (Juan 17:21-23; 1 Corintios 1:13; Efesios 4:3-5).

II. La división comienza con el hombre.

A. El hombre fue culpable de la división que sucedió en Babel (Génesis 11:1-9) e Israel (1 Reyes 13-14).

B. El hombre fue culpable de la división de las iglesias en Galacia (Gálatas 1:6-7; 2:4; 3:1; 5:6-8).

C. El hombre también fue culpable de la división de la iglesia en Corinto (1 Corintios 11:18-19).

III. La división llegará a su fin cuando fijemos nuestra mirada en Dios.

A. Dios puede dar paz a la iglesia (1 Corintios 14:33).

B. Dios puede dar paz a nuestros hogares (Efesios 5:22-33).

C. Dios puede dar paz a este mundo (Efesios 2:14-15).

Conclusión

I. Si permitimos que Dios obre por medio de nosotros, la iglesia podrá alcanzar unidad.

II. Solamente Dios puede quitar la división de entre nosotros y darnos paz verdadera.