¡Soy un padre antes que un esposo!

Resumen

Los esposos deben entender que su relación matrimonial es de suma importancia para el bienestar general de la familia.

Me gustan los programas humorísticos, pero raramente los veo debido al uso común de profanidad entre comediantes. Pero algunos años atrás, mi familia se suscribió a un servicio que prometía ser nuestro «ángel de la guardia» y filtrar todas las cosas malas. Así que decidí programar los filtros y dar la oportunidad a uno de esos programas.

El comediante resultó ser un hombre muy gracioso. Él comenzó a hablar de su familia para dar al programa un toque más personal. En un punto del programa, mientras contaba historias graciosas en cuanto a sus hijos, dijo a la audiencia: «Pero quiero que sepan esto: ¡Yo soy un padre antes que un esposo!». Todos en la audiencia comenzaron a aplaudir. Yo estuve a punto de aplaudir, ¡hasta que me di cuenta de que esta no era una de sus bromas!

Es interesante notar que la idea de que «los hijos están en primer lugar antes que el cónyuge» es muy predominante en la sociedad. Algunos van tan lejos como para decir que es un mal consejo incluso sugerir que el cónyuge está antes que los hijos.[1] Al hablar con varios padres cristianos en el pasado, he descubierto que esta idea también es común en la iglesia.

Sin embargo, creo firmemente que esta idea es errónea, se origina en el mundo en vez de la Palabra, y está causando disfunción familiar. Cuando decimos que «los hijos están antes que el cónyuge», relegamos la relación marital a un lugar secundario y ponemos en peligro la supervivencia del hogar. Muchos esposos han hecho esto al punto de considerar el quebrantamiento de la relación marital como un «pecado menor» al quebrantamiento del lazo entre padres e hijos. El índice de divorcios confirma que este es el caso.[2]

Es cierto que la Biblia no dice algo como: «Tu cónyuge debe estar antes que tus hijos», pero claramente coloca la relación marital en un lugar elevado en la familia, solamente estando en segundo lugar después de nuestra relación con Dios (Efesios 5:23-33). Este lazo hermoso y único fue escogido divinamente para describir la relación más alta e íntima que el Señor tiene con Su iglesia. Incluso desde el principio, aprendemos que cuando Dios creó a la primera familia, los hizo varón y mujer y los unió en santo matrimonio (Génesis 1:26-28). Este lazo unificador fue descrito como «una sola carne», y debe tener prioridad sobre la relación entre padres e hijos—como se implica por el concepto de «dejar y unirse» (Génesis 2:24).

Ahora, esto no significa que a los padres no les debe interesar sus hijos, proveer para sus necesidades, darles tiempo adecuado y amarlos profundamente (Efesios 6:4; Tito 2:4), pero significa que los padres deben considerar su relación marital con la estima más grande, y deben invertir una gran cantidad de esfuerzo y tiempo para nutrirla y desarrollarla.

Así que, en vista de su rol como padre/madre y cónyuge, ¿cómo puede mostrar que su relación con su cónyuge tiene un lugar principal en la familia?

  • Atienda a sus necesidades de afecto (cf. 1 Corintios 7:4-5). Las mujeres y los hombres tienen necesidades diferentes, y ellos deberían hablar de tales necesidades y tratar de satisfacerlas lo mejor que puedan. No permita que el trabajo lo estrese al punto de llegar a ser frío e insensible ante las necesidades de su esposa. No permita que los niños la agoten al punto que no tenga energía para atender a las necesidades de su esposo.

  • No olvide elogiarla/elogiarlo (cf. Proverbios 31:28). Elogie a su esposa por sus talentos, compasión, modestia, piedad, belleza y administración del hogar. Elogie a su esposo por su liderazgo, ética de trabajo, altruismo, sabiduría y fidelidad al Señor. Busque maneras y tiempos diferentes para hacer esto, y motive a sus hijos a hacer lo mismo.

  • Respete y demande respeto por ella/él (cf. 1 Pedro 3:6). No sea áspero con su esposa; no trate a su esposo como uno de sus niños, ¡aun si él se comporta como uno de ellos! No critique la capacidad de ella en frente de sus hijos; no minimice la autoridad de él en frente de ellos. Si no está de acuerdo en algo con su cónyuge, hable de esto en privado. Demande que sus hijos muestren el respeto debido a su cónyuge.

  • Tome tiempo para ella/él (cf. Eclesiastés 3:1-8). Hable de las cosas que ambos disfrutan, o tome turnos haciendo las cosas que la otra persona disfruta. Ayude a sus hijos a entender que papá y mamá necesitan tiempo juntos. Vayan al cine juntos, jueguen juegos de mesa juntos, caminen juntos, vayan a un restaurante juntos, o simplemente tomen un tiempo para relajarse juntos.

  • Realice actividades espirituales con ella/él (cf. Efesios 5:25-27). El tiempo de devoción familiar con sus hijos es importante, pero no olvide tener actividades espirituales con su cónyuge. Escuchen un sermón juntos, hablen de temas bíblicos juntos, o mediten juntos.

  • Ore con y por ella/él (cf. 1 Tesalonicenses 5:17). Dirija la oración en el hogar por su esposa. A través de sus oraciones, permita que sus hijos sepan que usted está agradecido a Dios por su esposa, y que quiere que Él continúe bendiciendo su matrimonio. La esposa debería hacer lo mismo en sus oraciones personales.

  • Alivie algo de las cargas de su cónyuge (cf. Mateo 7:12). Si sus hijos son grandes, enséñeles y demande que hagan algunos de los quehaceres del hogar que su esposa realiza usualmente, o hágalo usted; ¡recuerde que ninguna mujer jamás se ha divorciado de un hombre ya que él usa un delantal y lava los platos! No abrume a su esposo con una lista de proyectos hogareños innecesarios o tediosos.

  • Asista a seminarios matrimoniales u otras actividades que fortalezcan su matrimonio (cf. 2 Pedro 3:18). Si tiene padres que pueden y están dispuestos a cuidar de los niños por ustedes, déjenlos con ellos por el fin de semana y asistan a un evento espiritual que reavivará y mejorará su matrimonio.

Aunque los padres necesitamos amar a nuestros hijos profundamente, y algunas veces hacer ajustes y sacrificios para satisfacer las necesidades de los hijos mientras crecen y aprenden, no debemos poner a nuestros hijos en un pedestal familiar y darles toda nuestra atención y tiempo para el detrimento de nuestro matrimonio. En cambio, ellos necesitan ver la gran importancia que ponemos en nuestro matrimonio. Si hacemos esto, ellos harán lo mismo por sus propias familias. Si la relación matrimonial tiene una prioridad alta, entonces no habrá probabilidad de divorcio o quebrantamiento del lazo marital, y la familia será bendecida con estabilidad duradera.

[1] Rainbolt, Rachel (2015), “¿Quién está primero: El esposo o los hijos? [«Who comes first: Husband or children?»], Sage Parenting, http://www.sageparenting.com/who-comes-first-husband-or-children/.

[2] “Matrimonio y divorcio” [«Marriage and divorce»] (2017), Centro Nacional de Estadísticas de Salud, https://www.cdc.gov/nchs/fastats/marriage-divorce.htm.