Una Salvación Insuficiente

Moisés Pinedo

El mundo religioso adolece de dos males principales cuando se trata de presentar los requisitos bíblicos en cuanto a la salvación humana. Uno de los males tiene que ver con requerir más de lo que Dios requiere. Los líderes judíos fueron culpables de este enfoque dañino. Ellos invalidaban los mandamientos divinos al requerir el cumplimiento de las tradiciones de los hombres (Marcos 7:6-9). Por ende, Jesús les condenó, diciendo:

[A]tan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas… Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando (Mateo 23:4,13).

Y en los primeros años del cristianismo, muchos judíos cometieron la misma injusticia al tratar de imponer la circuncisión y otras demandas del Antiguo Testamento en los gentiles que obedecían al Evangelio (cf. 1 Corintios 7:18-20; Gálatas 5:1-13; Colosenses 2:16-17). Esa misma injusticia se revela en las demandas religiosas modernas como el bautismo de bebés, las experiencias místicas, las donaciones financieras u otros varios requerimientos.

Sin embargo, un segundo mal común en el mundo religioso tiene que ver con requerir menos de lo que Dios requiere para la salvación humana. Este enfoque da como resultado una salvación insuficiente.

LA “SALVACIÓN” SIN EL BAUTISMO

Parece que la “hidrofobia” ha afectado el enfoque bíblico de la mayoría de grupos religiosos en cuanto a la salvación. Se ha realizado esfuerzos descomunales para catalogar al bautismo como una obra humana y por ende evitar cualquier conexión que el bautismo tenga con la salvación (e.g., Rice, 2000). Ahora el dogma prevaleciente es: “El bautismo no salva”. Pero cuando vamos a las páginas de la Biblia, aprendemos una verdad diferente.

Jesús dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16). Si se preguntara a alguien que nunca ha leído la Biblia antes y a quien ningún enfoque religioso ha influenciado, “¿Qué enseñó Jesús en Marcos 16:16?”, ¿qué respondería tal persona? Tal persona citaría lo mismo que Jesús dijo. Por otra parte, muchos líderes religiosos enseñan que el bautismo no es esencial en la salvación en oposición a lo que Jesús dijo. ¿Estuvo Jesús sugiriendo que el agua salva? Desde luego que no; la sangre de Jesús salva (Apocalipsis 1:5), pero Jesús no estuvo respondiendo qué es lo que salva, sino cuándo somos salvos (vea Pinedo, 2010).

Pedro añadió: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21). Pero algunos han quitado la “s” al pronombre “nos” y lo han convertido en un adverbio de negación. Tales personas sugieren que la segunda parte de este versículo, como también la segunda parte de Marcos 16:16, niega la afirmación en la primera parte del versículo. Esto simplemente es una conclusión infundada que sugiere indirectamente que nuestro Señor Jesucristo y Sus siervos inspirados declararon una cosa en un lugar, pero que se contradijeron en el siguiente enunciado (vea Pinedo, 2011).

Muchos otros versículos en el Nuevo Testamento señalan la importancia del bautismo en la salvación (Mateo 28:19-20; Juan 3:3-5; Hechos 2:38; 8:38; 10:47-48; 16:33; 19:3-5; 22:16; Romanos 6:3-5; Gálatas 3:27; Colosenses 2:12-13). Por tanto, una “salvación” sin la sumisión al bautismo es una salvación insuficiente.

LA “SALVACIÓN” SOLAMENTE POR FE

Una de las expresiones religiosas modernas favoritas al presentar la “salvación” es la frase “solamente por fe”. Según muchos, Efesios 2:8 enseña que la fe sola salva. Aunque es cierto que este versículo dice que somos salvos “por medio de la fe”, no dice que es solamente por fe. En realidad, el único pasaje en toda la Biblia donde se conecta la palabra “solamente” con la palabra “fe” es Santiago 2:24, y en ese pasaje se condena tal “fe”. Santiago dijo: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (énfasis añadido).

¿Estuvo Santiago diciendo que el hombre merece la salvación debido a sus obras? Absolutamente no. Pero estuvo diciendo que hay obras que el hombre necesita hacer para recibir la salvación. Somos salvos por gracia (Efesios 2:4-9), por medio de la fe (vs. 8), cuando nos arrepentimos (Hechos 2:38) y somos bautizados (1 Pedro 3:21). ¿Puede la fe inactiva (la fe sola) salvar? ¿Pudiera Noé haberse salvado por simplemente creer que el Diluvio se acercaba sin construir un arca (Génesis 6)? ¿Pudiera Naamán haber sido limpio por simplemente creer en la palabra del profeta sin haberse “bautizado” siete veces en el Jordán (2 Reyes 5)? La fe bíblica es una fe activa—ofrece, prepara, sale, bendice, da mandamientos, rehúsa, deja, celebra, marcha, recibe, pelea, conquista, prevalece, etc. (Hebreos 11), no solo cree subjetivamente. La fe obra (cf. Gálatas 5:6), y si no obra, entonces no es fe bíblica.

LA “SALVACIÓN” SOLAMENTE POR GRACIA

Cuando se trata de la salvación, el mundo religioso moderno también usa la palabra “solamente” sin el significado esperado. Se dice que la salvación es “solamente por fe”, pero también se dice que la salvación es “solamente por gracia”. Si es por gracia y por fe, entonces, ¿se puede decir que es solamente por gracia, o solamente por fe? Si es solamente por fe, entonces esto descarta la gracia; si es solamente por gracia, esto descarta la fe.

Una de las tendencias del calvinismo es que la gracia de Dios es irresistible. Esto quiere decir que, si Dios escoge salvar a alguien, entonces esa persona no puede resistir Su gracia y perderse. Por otra parte, si Dios escoge a alguien para condenación, entonces esa persona no puede hacer nada para ser salva (Steele y Thomas, 1963). Sería difícil encontrar otra ideología religiosa que fuera más peligrosa que esta. Si el Dios soberano predestinara arbitrariamente a algunos para salvación y a otros para condenación, entonces, esto significaría que (1) Dios hace acepción de personas (cf. Deuteronomio 10:17; Hechos 10:34; Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Colosenses 3:25; 1 Pedro 1:17); (2) las advertencias bíblicas en cuanto a caer de la gracia pierden su significado (Gálatas 5:4; 2 Pedro 2:20-22); (3) la Gran Comisión para ayudar en la salvación de un mundo perdido que “no puede ser salvo” no tiene sentido (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-16); y (4) la seguridad de que Cristo murió por todos es una mentira (1 Timoteo 2:6; Hebreos 2:9). Si una persona no puede hacer nada para recibir/rechazar la salvación (todo depende de Dios), ¿por qué tener la Biblia, vivir una vida santa, compartir las “Buenas” Nuevas o incluso creer en Dios en absoluto? Esta doctrina ha promovido el conformismo religioso ya que supuestamente todo depende de Dios (cf. Romanos 6:1; Judas 4).

La verdadera gracia de Dios enseña que renunciemos a la impiedad y busquemos la piedad (Tito 2:11-12). Por ende, debemos obedecer a la gracia (Romanos 1:5), perseverar en la gracia (Hechos 13:43), estar firmes en la gracia (Romanos 5:2), esforzarnos en la gracia (2 Timoteo 2:1) y crecer en la gracia (2 Pedro 3:18). La gracia salva, pero no la gracia sola.

LA “SALVACIÓN” SOLAMENTE POR SINCERIDAD

Otra idea extendida en cuanto a la salvación sugiere que “no importa lo que alguien crea, con tal que sea sincero”. Aunque pocos hacen este enunciado abiertamente, es muy común oír que la gente a quien se enseña el Evangelio diga, “Yo soy una persona buena”, “Nunca he matado a nadie” o “Soy una persona sincera”. Indirectamente, tales personas sugieren que Dios les debe el cielo a causa de su sinceridad o bondad en la carencia de la verdad.

No hay duda que la sinceridad es necesaria en la salvación (1 Corintios 5:8; Efesios 5:3-5), pero la sinceridad sola no es suficiente para ser salvos. La “sinceridad sola” mató a un profeta joven (1 Reyes 13:1-24), hirió a Uza (2 Samuel 6:7), persiguió, torturó y mató a muchos cristianos en manos de un Saulo indignado (1 Timoteo 1:13) y mató eternamente a gente estrictamente religiosa (Romanos 10:1-3). Si una persona no está en el camino correcto, ninguna cantidad de sinceridad podrá salvarle (Mateo 7:13-14).

CONCLUSIÓN

Los extremos pueden ser peligrosos, y en el reino de los requerimientos de la salvación, el extremo insuficiente es tan peligroso como el extremo excedente. El Nuevo Testamento indica claramente que la gracia de Dios a través de Jesucristo tiene un rol principal en la salvación humana (Efesios 2:1-9). Y también indica claramente que la obediencia del hombre es necesaria para tener acceso a esa gracia (2 Corintios 10:5; 1 Pedro 1:17-22). Esta obediencia para salvación requiere la fe en Dios (Marcos 16:16; Hebreos 11:6), el arrepentimiento de los pecados (Lucas 13:3,5; Hechos 2:38), la confesión de Cristo (Mateo 10:32-33; Romanos 10:9-10), el bautismo (Marcos 16:16; Hechos 2:38; 1 Pedro 3:21) y la perseverancia cristiana (Apocalipsis 2:10). Los siervos fieles de Dios no requieren más ni menos de lo que el Cielo requiere para la salvación humana (Colosenses 2:8; 1 Pedro 4:11). Ya que las preciosas almas de los hombres están en juego, tomemos en serio la siguiente advertencia divina:

No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno (Deuteronomio 4:2; cf. Apocalipsis 22:18-19).

Referencias

Rice, John (2000), Bautismo Bíblico [Bible Baptism] (Murfreesboro, TN: Sword of the Lord).

Pinedo, Moisés (2010), “‘¿Qué?’ y ‘¿Cuándo?’—Un Estudio Sobre la Salvación”, Enfoque Bíblico, http://www.enfoquebiblico.org/inicio/que-y-cuandoun-estudio-sobre-la-salvacion.html.

Pinedo, Moisés (2011), Objeciones al Bautismo Desde el Campo de la Exégesis Conflictiva y la Hipótesis Extremista”, Enfoque Bíblico, http://www.enfoquebiblico.org/inicio/objeciones-al-bautismo-desde-el-campo-de-la-exegesis-conflic.html.

Steele, David y Curtis Thomas (1963), Los Cinco Puntos del Calvinismo [The Five Points of Calvinism] (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed).