Un Yo Nuevo en el Año Nuevo

Un yo nuevo en el Año Nuevo

Esto puede lucir como una propaganda de una clínica de pérdida de peso, un gimnasio, un salón de belleza o una compañía de cuidado de piel, pero no lo es. Se trata de tomar decisiones para el bienestar espiritual. ¿Está satisfecho con su “yo” al comienzo de este año nuevo? Este es el tiempo del año en que generalmente nos autoanalizamos y hacemos resoluciones para el automejoramiento. Frecuentemente escribimos nuestras resoluciones o las decimos a otros para que sintamos algo de presión (ánimo) para alcanzar nuestras metas. Mientras piensa en cuanto a su “yo” nuevo para el año nuevo, por favor, considere estos puntos comunes y sus aplicaciones espirituales.

Este año, no miremos hacia atrás.

Se compara la vida cristiana con una carrera (Hebreos 12:1-2), la victoria de una batalla (1 Corintios 9:27), la travesía en un mar (2 Timoteo 4:6—partida, analusis, significa literalmente “quitar las amarras a un barco y dejarlo a la deriva”) y el arado de un campo. Jesús dijo: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62). El agricultor que mira atrás mientras ara la tierra tendrá surcos torcidos. El cristiano que mira atrás, añorando la vida que ha dejado, descubrirá que se está desviando del camino angosto (Mateo 7:13-14). Este año nuevo, enfoquemos nuestros ojos en la puerta de perlas de la ciudad eterna (Apocalipsis 21:16), y nunca miremos atrás a las joyas baratas del diablo.

Este año, pongamos nuestras manos en la obra.

¿Hay alguna obligación espiritual que necesitamos cumplir y que hemos estado poniendo a un lado? Tal vez es obedecer al Evangelio. ¿He creído, me he arrepentido, he confesado y he sido sumergido para la remisión de mis pecados (Hechos 2:38; Gálatas 3:27; Marcos 16:16; 1 Pedro 3:21)? Tal vez necesito hacer una confesión pública del pecado, pero he temido humillarme y pedir las oraciones de la iglesia (Santiago 5:16). Tal vez he ofendido a un hermano y he rechazado arreglar las cosas; es tiempo de hacerlo (Mateo 18:15-18). “Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, ya que has caído en la mano de tu prójimo; ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo” (Proverbios 6:3). Tal vez tengo un hábito malo—beber alcohol, fumar, injuriar, chismear—que debo vencer. Adelante, ponga sus manos en la obra y haga las paces con Dios y los demás.

Este año, escuchemos más.

Somos sabios si escuchamos las críticas constructivas de aquellos que nos aman. “Da al sabio, y será más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber… [E]l que guarda la corrección vendrá a ser prudente… La reprensión aprovecha al entendido, más que cien azotes al necio” (Proverbios 9:9; 15:5; 17:10). Jesús criticó a aquellos que oían pesadamente (Mateo 13:15). Esto hace referencia a cerrar los oídos a la Palabra de Dios (Salmos 58:4) y no querer escuchar a los mensajeros de Dios (oídos “incircuncisos” en Hechos 7:51). También debemos oír a aquellos a quienes nuestras acciones han ofendido y quienes vienen a nosotros a hablar de aquello.

Este año, tengamos una mente atenta.

Si tiene un empleado o estudiante que duerme durante las horas de trabajo o clase, puede decirle que esté atento, lo cual significa que se concentre en el trabajo o el estudio. Se le dijo al joven Salomón que sirviera a Dios “con ánimo voluntario” (1 Crónicas 28:9). Dios dice que debemos renovar nuestras mentes (Romanos 12:2), ya que estas pueden “desmayar” (Hebreos 12:3). Si simplemente nos hemos dejado llevar por la emoción en la adoración y la vida cristiana, es tiempo que involucremos nuestras mentes y sirvamos a Dios con nuestro todo.

Este año, pongamos toda nuestra fortaleza en el trabajo.

Si una carga es pesada, entonces debemos ejercer más fuerza. No debemos abordar el cristianismo pensando que es un trabajo fácil o que no requiere todo nuestro esfuerzo. Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37). Durante este año, procuremos “hacer firme [n]uestra vocación y elección” (2 Pedro 1:10—“procurad”, spoude, “velocidad”, por implicación, “prontitud; diligencia”).

Este año, consideremos la seriedad de la batalla.

Los cristianos necesitan apreciar la gravedad de la situación en la cual viven diariamente. Estamos en una batalla en que el ganador se lleva todo o pierde todo—su alma. No estamos participando en una batalla imaginaria, o disparando a ningún objetivo. Esto es real. Nadie sale de este mundo vivo físicamente (hasta que Jesús venga), y pocos salen de este mundo vivos espiritualmente (Mateo 7:13; Efesios 2:1). Este puede ser el año que determinará mi destino. ¿Estoy considerando seriamente mi batalla contra Satanás (1 Pedro 5:8)? ¿Estoy usando mi armadura (Efesios 6:11-18)? ¿Sobreviviré? ¿Sobrevivirá mi familia?

Este año, asumamos nuestra responsabilidad.

Dios nos considera responsables de nuestras acciones. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10). Jesús incluso dijo que cada palabra que hablamos es importante: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36-37).

A Dios le gusta la gente entusiasta. Finees recibió un pacto de paz “por cuanto tuvo celo por su Dios” (Números 25:13). Muchos amaban a Dorcas ya que ella abundaba en buenas obras (Hechos 9:36). Dios nos redimió y purificó para que seamos “un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14). “[S]omos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). Dios quiere que nos “considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24).

Este año, pongamos nuestros ojos en el galardón.

El hombre que tiene sus ojos en el premio, lo considera como el objeto de su corazón, la niña de sus ojos; no quiere nada más; no se contentará con nada menos. Pablo tenía sus ojos en el premio del cielo. “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). Pongamos también nuestros ojos en el premio que tenemos en nuestras manos.

Un “yo” nuevo en el año nuevo. ¡No hay mejor tiempo de comenzar que hoy!