Un Estudio de Ezequiel 28

Wayne Jackson

¿Hace referencia Ezequiel 28:11-19 a la “caída de Satanás”? ¿Es un anticipo del supuesto “Anticristo”? Si no lo es, ¿a quién hace referencia?

En realidad, este segmento de la profecía de Ezequiel no tiene referencia a la “caída de Satanás” ni al supuesto surgimiento del siniestro “Anticristo” al final del tiempo actual; sin embargo, estas ideas han llegado a ser populares entre algunos escritores evangélicos.

Merrill Unger fue un erudito respetado, pero se desvió muy lejos en este caso. En su libro sobre demonología, argumentó que este segmento del escrito de Ezequiel habla de la caída antigua de Satanás (p. 15; cf. Coffman, 1991, p. 285et.seq.). De igual manera, en su libro Eras Tempranas de la Tierra, C.H. Pember sostuvo este punto de vista en su defensa de la Teoría de la Brecha, que es simplemente un esfuerzo por armonizar el registro de Génesis con la geología secular.

Hay una teoría popular entre ciertos dispensionalistas que sostiene que las descripciones de este segmento del documento de Ezequiel hacen referencia al “Anticristo” (Lindsey y Carlson, 1972, pp. 41-50). No obstante, como Ellison observó, “[l]os que sostienen implícitamente [tales puntos de vista—WJ] tienen generalmente poca idea de lo desconocidas [que son estas nociones] en círculos cristianos más extensos, o del poco fundamento que en realidad existe para [estas teorías]” (1968, p. 108).

Un Principio de Interpretación

Hay un principio bíblico de interpretación muy importante que se debe enfatizar al comienzo de esta discusión: cuando hay una narración inspirada que contiene una porción significativa de simbolismo (como varios libros bíblicos contienen), y no hay conexión histórica específica en el contexto inmediato, el que estudia conscientemente la Biblia debe determinar, según un contexto más amplio, el trasfondo del texto. Él no tiene la libertad de extraer de su propia imaginación una “interpretación” que es completamente ajena al texto histórico, o que contradice la información adicional que se encuentra en algún otro lugar del volumen sagrado.

Por otra parte, cuando el contexto identifica específicamente la idea central del simbolismo, se establece el punto. Es un crimen exegético sustituir lo que el autor inspirado ha declarado explícitamente para promover la interpretación de alguien.

El Enfoque de Ezequiel

Por tanto, el punto en cuanto a este segmento de escritura es este: ¿Qué significado histórico asignó el profeta Ezequiel a esta narración? “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor” (28:11-12, énfasis añadido). ¡Este texto es muy claro!

Se debe admitir que la narración que sigue contiene mensajes llenos de expresiones simbólicas. Esto es común en la literatura bíblica. Además, es claro que en la presentación del profeta, algunas figuras de expresión proceden de algunos capítulos de Génesis para ayudar a ilustrar la instrucción. Desafortunadamente, esto ha llegado a ser un punto de confusión para muchos. Pero la declaración sagrada en cuanto al significado histórico del texto debe ser la directriz predominante de interpretación.

Primero, se encargó que el profeta de Dios pronunciara una maldición contra el “rey de Tiro” (una de las ciudades principales de Fenicia, una ciudad pagana que bordeaba Canaán al noroeste). El gobernador pagano se había exaltado al estatus de “un dios”, y había manifestado su arrogancia de una manera extendida, en medio de las riquezas que había acumulado (vss. 2-6).

Segundo, se pronuncia la caída final del príncipe de Tiro. Jehová traería “extranjeros” contra este régimen orgulloso, y la belleza de la supuesta sabiduría del príncipe, juntamente con el resplandor de su gloria fingida, desaparecería en el olvido. Se le mataría y sepultaría; nunca más podría declarar: “Yo soy un dios”.

El medio que Dios usaría en la caída de este rey no sería los judíos (la circuncisión), sino “extranjeros” (la incircuncisión). El Señor incluso puede usar fuerzas paganas para lograr providencialmente Su voluntad (vss. 7-10).

El Canto Fúnebre

No es extraño que la literatura bíblica acompañe un juicio divino con un canto “fúnebre” que repita las predicciones de la justicia sagrada sobre el mal. Por ejemplo, vea el contenido del libro de Lamentaciones que acompaña a las profecías de Jeremías en cuanto a la destrucción inminente de Jerusalén en manos de Babilonia, como también la lamentación de Ezequiel sobre Tiro en el capítulo 27 de su libro.

Por ende, los versículos 12-19 constituyen un “lamento funerario” sobre la caída del “rey de Tiro” (vs. 12). Es de suma importancia que el estudiante de la Biblia tenga en cuenta este punto. Esta discusión no es cuanto a Satanás; en cambio, es acerca de un rey humano que rige sobre una ciudad física. Ignorar este hecho es ser culpable de la forma más ordinaria de manipulación textual.

No es el propósito de este breve escrito intentar explicar cada dificultad y expresión oscura en la siguiente narración. Existe desacuerdo entre eruditos respetables en cuanto al significado preciso de estas diferentes frases. Pero el significado debe ser compatible con el contexto histórico del registro. Aquí hay algunos factores que son muy importantes:

1. Jehová había establecido al rey de Tiro en su lugar de autoridad (vs. 14). Dios es el Gobernador de todas las naciones (Salmos 22:28), y Él coloca a los dignatarios en poder, y Él también los quita del poder—según su carácter (Daniel 2:21; 4:17; cf. Proverbios 14:34).

Se describe la administración inicial del rey con una ilustración viva. Se la compara con “Edén”, el mismo “huerto de Dios”. Se describe gráficamente el régimen ilustre con piedras preciosas resplandecientes (vs. 13).

2. Pero el poder y las riquezas del rey le corrompieron; la injusticia le consumió. Él se hizo violento y egoísta. Por ende el Soberano de la Tierra declaró su destino inminente: “[T]e eché del monte de Dios” (vss. 15-17). El verbo es un perfecto profético—se habla de lo que con seguridad pasará como si ya hubiera sucedido (Block, 1998, p. 116).

No se debería confundir el hecho que el Señor emplee la ilustración de la “creación” (e.g., la caída de la humanidad) para expresar estas ideas con la idea básica del mensaje. Existe algo de paralelismo entre la caída del hombre y la apostasía de este gobernador humano.

3. El castigo que se impondría sobre el gobernador pagano sería devastador. La ciudad de Tiro sería consumida y puesta en cenizas (vs. 18). La destrucción sería completa y final, añadiendo una nota de terror en los corazones de los que estaban familiarizados con los eventos (vs. 19). “La idea de la ciudad, el espíritu y la actividad cuya personificación es el rey, tienden cada vez más a tomar el lugar de la idea del rey” (Davidson, 1892, p. 208; cf. vs. 19 con 27:36).

El Cumplimiento Profético

¿Se cumplieron alguna vez las profecías de Ezequiel? Los críticos liberales alegan que nunca se cumplieron; la profecía simplemente fue errónea. Otros sostienen que las predicciones nunca se cumplieron exactamente, sino que se pudieran explicar teniendo en cuenta que los ciudadanos de la ciudad de Tiro se arrepintieron (como en el caso de Nínive—Jonás 3:10)—pero también reconocen que la Escritura no registra tal arrepentimiento.

Otros eruditos creen que los juicios pronunciados se lograron por medio de la invasión de Nabucodonosor (cf. 26:7). Otros sostienen que el cumplimiento final vino con la devastación que Alejandro el Grande causó—e incluso otras invasiones que sucedieron después (cf. 26:3). Creo que este punto de vista tiene un peso de evidencia mayor.

El cumplimiento de las profecías de Ezequiel con referencia a Tiro es un capítulo impresionante de la historia antigua (cf. 26:1-28:19).

Tiro llegó a ser la ciudad principal de Fenicia. La ciudad se localizaba en la llanura de Tiro, una pequeña región alrededor de 15 millas de largo de norte a sur, y alrededor de dos millas de ancho (a lo mucho), en la costa mediterránea del noroeste adyacente a Canaán. Realmente, Tiro era dos comunidades—una estaba en la costa; la otra estaba en una isla alrededor de media milla de la costa.

Alrededor de 1,000 años a.C., un gobernador fenicio llamado Hiram (el Grande) fortificó las dos pequeñas islas cerca de la costa mediterránea. Conectó los dos terrenos, construyó puertos al norte y al sur, ganó algo de territorio del mar al este, y construyó un muro de 150 pies de alto en el lado que miraba a la tierra continental. Esta era una fortaleza descomunal, alrededor de dos millas y media en circunferencia (aproximadamente 150 acres).

El Asedio de Nabucodonosor

Aunque de vez en cuando Tiro pagaba tributo a Asiria, y era atacada por fuerzas asirias en ocasiones, parecía que siempre ofrecía resistencia. En 605 a.C., Nabucodonosor, rey de Babilonia, marchó a Palestina y tomó el gobierno de las ciudades de fenicia, aunque todavía se permitió independencia considerable a estas comunidades con sus propios reyes, pero se les requería pagar tributo a Babilonia. En esa ocasión también se atacó Jerusalén, y se llevó a muchos judíos a Babilonia (cf. Daniel 1:1-3).

Las sublevaciones subsiguientes causaron que Nabucodonosor regresara a Palestina. En 597 a.C., atacó Jerusalén otra vez y tomó más rehenes a Babilonia, incluyendo a Ezequiel. Una rebelión egipcia/judía incitó al gobernador babilónico a regresar a Canaán otra vez en 586 a.C. En esa ocasión destruyó el templo, quemó la ciudad y llevó más cautivos a Babilonia.

Posteriormente el rey babilónico puso su atención en Fenicia. Tomó Sidón y comenzó un ataque a Tiro. Por 13 años (585-572 a.C.) sitió la ciudad costera. Pudo destruir la ciudad principal de Tiro, pero ya que carecía de fuerzas marinas, no pudo conquistar la porción de la isla (vea Ezequiel 29:17-18). Sin embargo, el Señor no había acabado con la arrogante Tiro.

Alejandro el Grande

En 334 a.C., Alejandro el Grande comenzó su proyecto ambicioso de conquistar el Imperio Persa. Subyugó a Siria, y luego se dirigió hacia el sur, por la costa mediterránea. Sidón y algunas de las otras ciudades costeras se sometieron mansamente al guerrero griego. Pero Tiro rechazó rendirse, y atacó. Su esperanza de victoria se basaba en el hecho que la ciudad-isla estaba bien fortificada, y que Alejandro no tenía fuerzas marinas.

Para no ser derrotado, Alejandro decidió construir un puente y/o camino desde la tierra principal a la isla que estaba a media milla de distancia. Al arrastrar las ruinas de la Tiro destruida, construyó una carretera elevada, de algo de 200 pies de ancho. Esto facilitaría el desplazamiento de sus máquinas de guerra que usaría para destruir la pared oriental que protegía a la ciudad.

Probablemente la conquista no se hubiera logrado estrictamente por medio de soldados a pie. Pero Alejandro pudo conseguir barcos de Sidón, Chipre y algunos de los aliados griegos. Por ende, al atacar del este por tierra, y del oeste por mar, el brillante comandante griego finalmente tomó Tiro. Logró en siete meses lo que Nabucodonosor no pudo lograr en 13 años. Se reportó que 8,000 personas de Tiro murieron en el ataque, otros 2,000 fueron después ejecutados (por crucifixión en la playa), y 30,000 fueron vendidos en esclavitud (Fleming, 1915, p. 64; Usher, 2003, pp. 223-226). Alejandro perdió solamente algo de 400 hombres.

La ciudad-isla no existe hoy. Aparentemente, se “hundió bajo la superficie del Mediterráneo, en el mismo hundimiento que sumergió el puerto de Cesarea que Herodes había construido con mucho dinero y cuidado. Todo lo que queda es una serie de arrecifes negros a poca distancia de la costa de Tiro, que sin duda no pudo haber estado allí en el primer y segundo siglo a.C., ya que plantean un peligro para la navegación. El promontorio que ahora sobresale de la costa probablemente fue arrastrado por el agua a lo largo de la carretera de Alejandro, pero la misma isla se desprendió y sumergió cuando sucedió el hundimiento” (Archer, 1982, p. 277).

Aunque parece que hubo algo de reactividad en el área en los años subsiguientes, con el tiempo Tiro fue socavada más por fuerzas invasoras (Newton, 1831, pp. 174-175). La Tiro antigua, la Tiro real, es solamente un recuerdo. La Tiro moderna no tiene relación con la ciudad antigua que cayó bajo la maldición de Dios.

Es completamente impresionante que varios profetas, quienes escribieron siglos antes de los eventos reales, pudieran predecir con tal precisión la destrucción de la ciudad impía de Tiro.

CONCLUSIÓN

El contexto inmediato del escrito profético antiguo claramente revela el significado de Ezequiel 28:11-19, y no hay necesidad de tratar de encajar en el texto sagrado un significado ilusorio que no tiene base en la historia o en la metodología interpretativa correcta. No hay indicio en esta narración de la “caída de Satanás” o una “brecha” entre Génesis 1:1 y 1:2. Y no hay indicio del surgimiento de un “Anticristo” siniestro en la época final de la historia humana. Estas nociones son fantasías de estudiantes de la Biblia que tal vez tienen buenas intenciones, pero que han creído el error.

Referencias

Archer, Gleason (1982), Enciclopedia de Dificultades Bíblicas [Encyclopedia of Bible Difficulties] (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Block, Daniel (1998), El Libro de Ezequiel—Capítulos 25-48 [The Book of Ezekiel—Chapters 25-48] (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Coffman, James Burton (1991), Ezequiel [Ezekiel] (Abilene, TX: ACU).

Davidson, A.B. (1892), El Libro del Profeta Ezequiel [The Book of the Prophet Ezekiel] (Cambridge: University Press).

Ellison, H.C. (1968), Ezequiel: El Hombre y Su Mensaje [Ezekiel: The Man and His Message] (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Fleming, W. B. (1915), Historia de Tiro [History of Tyre] (Nueva York: Columbia University Press).

Lindsey, Hal y C.C. Carlson (1972), Satanás Está Vivo en el Planeta Tierra [Satan is Alive and Well on Planet Earth] (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Newton, Thomas (1831), Disertaciones sobre las Profecías [Dissertations on the Prophecies] (Londres: B. Blake, Bell-Yard, Temple-Bar).

Usher, James (2003), Los Anales del Mundo [The Annals of the World], revisión por Larry y Marion Pierce (Green Forest, AR: Master Books).


Título original en inglés, “A Study of Ezekiel 28”, en www.christiancourier.com. Traducción editada por Moisés Pinedo.