Un Análisis de Mateo 24

Moisés Pinedo

Durante mucho tiempo Mateo 24 ha sido un centro de controversia considerable entre estudiantes de la Biblia. Algunos han usado este capítulo para promover predicciones futurísticas en cuanto al fin del tiempo basadas en el sensacionalismo y la ficción (vea Ice, 2004, pp. 248-256). Cada generación parece producir un grupo creciente de “profetas” que consideran los eventos mundiales y los conectan a Mateo 24 para sugerir que estamos a las “puertas” del fin.

Se debe reconocer que Mateo 24 contiene algunos aspectos cuyos significados pueden ser difíciles de descifrar. Pero el estudiante de la Biblia debe tener en cuenta que así como en el caso de cualquier otro pasaje bíblico, se debe abordar Mateo 24 al considerar algunos principios comunes de interpretación (e.g., se debe interpretar los pasajes difíciles a la luz de pasajes más claros, se debe considerar el contexto inmediato y general de las Escrituras, se debe considerar los enunciados y/o palabras claves en el texto).

DETERMINE LAS PREGUNTAS

Hay algunos pasajes en las Escrituras que son sermones o lecciones independientes; por otra parte, otros pasajes son interactivos, siendo el resultado de circunstancias o conversaciones recíprocas. Por ejemplo, el enunciado de Jesús en Marcos 12:17 (“Dad a César lo que es de César”) es la respuesta directa a la pregunta de los fariseos y herodianos en cuanto al tributo (vs. 14). Así que se debe limitar la aplicación de la respuesta de Jesús al contexto de la pregunta para no llegar a conclusiones injustificadas (e.g., la sugerencia de algunos apologistas católicos de que este pasaje aprueba la veneración de imágenes religiosas—vea Pinedo, 2010).

El discurso de Jesús en Mateo 24 es el producto de la pregunta que Sus discípulos le hicieron en el versículo tres: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”. En el contexto inmediato, Jesús había indicado a Sus discípulos (quienes recientemente le habían mostrado la hermosura del templo) que no quedaría piedra sobre piedra que no fuere derribada (vs. 2). Por tanto, se debe observar en primer lugar que los discípulos preguntaron en relación a la sentencia que Jesús había pronunciado contra el templo.

Hay algo de desacuerdo en cuanto a si los discípulos hicieron dos o tres preguntas. Algunos sostienen que Mateo 24:3 sugiere tres preguntas. La opinión de este escritor es que se está considerando solamente dos preguntas—siendo “¿…qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” una pregunta compuesta. Entonces, la primera pregunta tiene que ver con la destrucción del templo, y la segunda tiene que ver con los acontecimientos del fin y la venida de Cristo. La razón por la cual los discípulos preguntaron en conexión sobre estos dos eventos puede indicar que ellos relacionaron equivocadamente la destrucción del templo con los acontecimientos del fin (Johnson, 1891, p. 138). A pesar del entendimiento pobre que los discípulos hubieran tenido en cuanto a estos acontecimientos, Jesús hubiera presentado la respuesta según el entendimiento divino del tema, corrigiendo el concepto erróneo de Sus discípulos.

DETERMINE LOS PUNTOS CLAVES

Ciertamente, determinar las preguntas es una tarea más fácil que determinar las respuestas y los límites de cada respuesta cuando se presentan más de una. Como muestra de esta dificultad, considere que un autor que sostiene que los discípulos formularon tres peguntas, sugirió que Jesús respondió las preguntas “en orden invertido” (Richards, 1997, p. 488), pero después indicó que Jesús no ofreció la tercera respuesta (que según el “orden invertido”, lidiaría con la destrucción del templo); supuestamente, esta es una “pregunta sin contestar” que solamente la historia responde (p. 489). Desde luego, no hay razón para sugerir un orden invertido en las respuestas de Jesús (como tampoco que Él dejó una pregunta principal sin responder)—excepto desear brindar sostenimiento a las doctrinas erróneas en cuanto a una gran tribulación futura y un reino milenial físico de Cristo en la Tierra.

Para determinar las respuestas, el estudiante de la Biblia debe estar dispuesto a dejar las ideas preconcebidas y permitir que el texto “hable”. Frecuentemente los pasajes difíciles de interpretar presentan puntos claves que pueden ayudarnos a llegar a una conclusión adecuada.

  • Un punto clave en Mateo 24 es el versículo 34. Jesús dijo: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (énfasis añadido).

Aunque muchos partidarios del milenialismo han decidido interpretar “generación” como “raza” o “familia”, sugiriendo por ende que la nación judía no sería exterminada, sino que continuaría existiendo hasta que “compartiera las bendiciones del reino milenial” (Harrison, 1971, p. 88; Scofield, 1945, p. 1034), lo cierto es que la palabra “generación” es parte de un enunciado literal, y debe ser interpretada literalmente. El contexto no garantiza la interpretación de “generación” como “raza” o “familia”; “no hay indicación que genea [generación—MP] se emplee alguna vez en el sentido de ‘raza’ en el evangelio de Mateo—tal vez tampoco en el Nuevo Testamento completo” (Jackson, 1997-2011a). Por ende, McClintock y Strong concluyeron que la frase “esta generación” en Mateo 24:34 hace referencia a “la generación de personas que vivían contemporáneamente con Cristo” (1969, 3:776). Adicionalmente, el vs. 33 ofrece confirmación al declarar que los oyentes directos de Jesús podrían “ver” y “conocer” estos eventos.

Este es un punto clave que no se debe obviar, ya que Jesús dijo que esa generación no pasaría hasta que “todo esto acontezca”. La frase “todo esto” hace referencia a los eventos que Jesús había descrito hasta este punto (vss. 5-33). Así que la inferencia necesaria es que todos esos eventos, aunque descritos en forma apocalíptica, sucederían dentro de un marco de tiempo limitado como una “generación”.

Según Robertson, en el Antiguo Testamento se calculaba una “generación” como un periodo de algo de 40 años (Robertson, s.d.). La predicción de Jesús en Mateo 24 tomó lugar poco antes de la conclusión del ministerio de Jesús (30-33 d.C.). Esto limitaría el marco de tiempo para los eventos de los vss. 5-33 a ca. 30-70 d.C. Esta información aclara adicionalmente el texto. En Mateo 24, Jesús estaba respondiendo dos preguntas: la primera en cuanto a la destrucción del templo, y la siguiente en cuanto al fin y Su Segunda Venida. Ya que es obvio que el fin y la Segunda Venida todavía son eventos futuros, y exceden el límite de tiempo de una “generación”, entonces se debe concluir que los vss. 5-33 describen los eventos relacionados a la destrucción de Jerusalén y su templo.

La historia brinda confirmación adicional al registrar la destrucción del templo en 70 d.C. (lo cual se encuentra dentro del marco de tiempo de una “generación”). Entonces, la primera sección en Mateo 24 (vss. 5-33) expande la sentencia de Jesús: “no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (vs. 2). De hecho, “[e]l ejército romano en 70 d.C. destruyó de tal manera los edificios de mármol y oro espléndidos [del templo—MP] que Josefo dijo que parecía como si ese lugar nunca hubiera sido habitado” (Halley, 2000, p. 608).

  • Otro punto clave es el uso de algunos términos para denotar un contraste o cambio de tema—de “estas cosas” (vs. 33; cf. 8,34; Marcos 13:29-30) y “aquellos días” (vss. 22,29; Marcos 13:19,24) a “aquel día” (Marcos 13:32; cf. Mateo 24:36). Un autor ha sugerido:
[D]ebemos notar el énfasis de pretransición del plural “días” en contraste al enfoque en el singular “día” poco después. “Esta generación” implica muchos “días” para el cumplimiento completo de la Gran Tribulación prolongada (Mt. 24:22). [Por otra parte] “ese día” del Advenimiento Futuro vendrá en un momento, en un cerrar de ojos (cf. 1 Co. 15:52) [Gentry, citado en DeMar, 1999, p. 194].

El uso frecuente y discriminatorio de estos términos parece confirmar una división general del texto en dos eventos diferentes—comprendiendo el primer evento los pasajes que lidian con señales múltiples en un tiempo extenso del cual la generación contemporánea a Jesús sería testigo (vss. 5-34; Marcos 13:5-30), y el segundo evento los pasajes restantes que revelan un suceso singular y momentáneo en el futuro remoto (vss. 36-51; Marcos 13:32-37, cf. también Mateo 25).

  • El enunciado de transición en el vs. 35 no solamente añade peso a una división marcada en el texto, sino también confirma el lugar exacto de tal división.

Ya que la sentencia contra la magnificencia del templo parecía ser una predicción improbable, y ciertamente era muy difícil de creer y visualizar, era apropiado que Jesús concluyera Su predicción de la destrucción del templo garantizando que el veredicto era indefectible. Era más fácil que el cielo y la Tierra dejaran de existir, que las palabras de Jesús dejaran de cumplirse (cf. Lucas 16:17).

Adicionalmente, se puede deducir algunos hechos interesantes de este enunciado según su relación a ambos eventos abordados en el capítulo: (1) Los discípulos no debían maravillarse de que un día el esplendor del templo llegara a su fin; en el fondo, toda la Tierra también experimentaría su fin (cf. 2 Pedro 3:10-11). (2) Así como la palabra de Jesús era la garantía de la destrucción de Jerusalén y su templo, Su misma palabra garantizaba Su predicción subsiguiente en cuanto a Su Segunda Venida y el tiempo del fin. (3) Si el juicio divino sobre Jerusalén y su templo (vs. 30) demandaba preparación y perseverancia diligente (vss. 13,33), entonces el juicio divino, universal y final (vss. 37-29; 25:31-46) demanda mayor diligencia y perseverancia (vss. 42-51; 25:1-30).

  • Se puede encontrar otras claves a través de la longitud completa de Mateo 24 al hacer un contraste entre los dos eventos bajo discusión—teniendo en cuenta el contexto general de las Escrituras. Wade Webster ha presentado los siguientes contrastes (en Ellis, 1999, 25[2]:1,4):

La Venida de Cristo en Juicio de Jerusalén

Mateo 24:3-35 [específicamente 4-34]

La Venida de Cristo en Juicio del Mundo

Mateo 24:36-51

Se puede huir a los montes (24:16).

No se puede huir a ningún monte (2 Pedro 3:10).

Es un juicio local sobre Jerusalén (24:16).

Es un juicio universal (Mateo 25:32).

Requiere prisa para escapar (24:16-18).

Nadie puede escapar (1 Corintios 15:52).

Será especialmente difícil para las mujeres encinta (24:19).

Esta condición es irrelevante (1 Tesalonicenses 4:16-17).

El día y la estación pueden influenciar el evento (24:20).

El día y la estación son irrelevantes (1 Tesalonicenses 4:16-17).

Los días del evento serán acortados (24:22).

No se requiere acortar los días (24:36).

Habrá confusión en cuanto a la ubicación de Cristo (24:23-26).

No habrá confusión en cuanto a la ubicación de Cristo (Apocalipsis 1:7).

Será precedida por tribulación (24:21).

Será precedida por eventos normales (24:37-39).

Será precedida por señales (24:32-33).

No será precedida por señales (24:36-39,42).

El Señor conoce el tiempo (24:6)

El Señor no conoce el tiempo [en Su calidad humana—MP] (24:36).

Se conoce el marco de tiempo (24:6).

No se conoce el marco de tiempo (24:36).

Algunos escaparán a este juicio (24:16,22).

Nadie escapará a este juicio (2 Corintios 5:10).

Habrá salvación/condenación temporal (24:16).

Habrá salvación/condenación eterna (Mateo 25:46).

Involucra una pluralidad de días (24:19,22,29).

Involucra un día/hora singular (24:36).

Vendrá la abominación desoladora (24:15; Lucas 21:20).

Vendrá destrucción total (2 Pedro 3:10).

Se verá la señal de la venida de Cristo (24:30).

Cristo vendrá personalmente (Hechos 1:11).

 

  • Jesús también presentó una clave adicional cuando hizo referencia a la “abominación desoladora” de la cual habló el profeta Daniel (vs. 15; cf. Daniel 9:26-27; 11:31; 12:11).

Desde luego, esta clave nos lleva a otros pasajes difíciles; pero el que leía, podía entender (vs. 15). La “abominación desoladora” de Daniel se encuentra en el contexto de su profecía de las setenta semanas (9:20-27). La mayoría de eruditos conservadores usa el método día/año y concuerda en un periodo aproximado de 490 años, lo cual nos lleva nuevamente a la generación contemporánea a Jesús (vea Jackson, 1997-2011b).

El relato paralelo de Lucas brinda clarificación adicional al conectar la “desolación” al tiempo en que Jerusalén sería “rodeada de ejércitos” (21:20)—lo cual es una alusión directa a la destrucción de Jerusalén. La palabra “destrucción” en Lucas 21:20 es la misma palabra griega que se usa en Mateo 24:15 con referencia a la “abominación desoladora”. Esto prueba que el contexto de la primera sección de Mateo está limitado a la destrucción de Jerusalén.

  • Algunas claves finales tienen que ver con la referencia a lugares geográficos y aspectos religiosos/sociales específicos que limitan la primera sección a un contexto judío, mientras que la ausencia de las mismas cosas en la segunda parte indican que el segundo evento tiene una extensión diferente.

La versión de Mateo hace referencia al lugar santo (“el templo”—vs. 15), Judea (vs. 16), los montes (vs. 16—muy comunes en la geografía de Palestina, cf. Mateo 17:20), el día de reposo judío (vs. 20) y el desierto (vs. 26; Juan predicaba en el desierto de Judea—Mateo 3:1; cf. Mateo 4:1). La versión de Marcos añade las sinagogas judías (13:9). Y Lucas hace referencia dos veces a Jerusalén (21:20,24).

DETERMINE LAS RESPUESTAS

Para este momento de nuestro análisis, después de determinar las preguntas y los puntos claves, llega a ser obvio cuál es la respuesta general en Mateo 24. Este capítulo aborda dos temas principales: (1) los eventos relacionados a la destrucción de Jerusalén y su templo (vss. 5-34; cf. vs. 3), y (2) los eventos relacionados a la Segunda Venida de Cristo y el fin del siglo (vss. 36-51; cf. vs. 3)—siendo el versículo 35 un versículo transicional para ambas divisiones. Por ende, en este capítulo Jesús desarrolló dos eventos distintos: el primero, la destrucción de Jerusalén y su templo, tomó lugar históricamente en 70 d.C.; el segundo, la Venida Final de Cristo, tomará lugar en un tiempo futuro determinado por la mente divina y desconocido por la mente humana.

Aunque el contexto inmediato y general de las Escrituras demandan este arreglo para Mateo 24, muchos estudiantes de la Biblia quedan confusos al considerar algunas “señales” en la sección que corresponde a la destrucción del templo que “parecen” hacer referencia a la Segunda Venida de Cristo (o viceversa). Tales misterios han causado que algunos revalúen el significado general del texto.

Antes de abordar brevemente esos puntos específicos en el texto, se debe enfatizar que la dificultad de algún simbolismo o figura específica en un texto no niega el significado claro del texto general. Por ejemplo, en Mateo 13, Jesús refirió algunas parábolas del reino. Comparó el crecimiento, el progreso y la influencia del reino con un grano de mostaza y la levadura. El significado general es obvio (la iglesia debe crecer como una semilla e influenciar al mundo como la levadura), pero hay algunos detalles en esas historias que pueden ser difíciles de descifrar (e.g, ¿Qué representan las ramas? ¿Qué representan las tres medidas de levadura?). La dificultad de estos detalles (cuyo propósito simplemente puede ser añadir encanto a la enseñanza) no quiere decir que se deba descartar el significado claro del texto.

Para proponer respuestas acertadas en cuanto a algunos puntos específicos en Mateo 24 se debe considerar el texto desde una perspectiva judía. La audiencia de Jesús fue Sus discípulos judíos (vss. 1,3). Ellos hubieran entendido las predicciones desde una perspectiva diferente al lector moderno, i.e., considerando su historia, la revelación que habían recibido y su contexto social y religioso. También se debe considerar la historia para ver la relación que las predicciones de Jesús tienen con algunos eventos registrados. Ya que no se cuenta con el espacio necesario en este artículo para hacer una exégesis de cada detalle, se considerará brevemente algunos puntos principales.

Algunos Puntos Difíciles en la Sección de la Destrucción del Templo

Si Mateo 24:5-34 describe la destrucción de Jerusalén y su templo, ¿por qué se mencionan los siguientes eventos que parecen pertenecer a la Segunda Venida de Cristo?

  • La presencia de falsos Cristos y profetas (vss. 5,11,23-26). Realmente la única razón por la cual la presencia de falsos Cristos y profetas pueda “sonar” para muchos como un evento exclusivo “del fin del mundo” es porque esto es lo que ellos escuchan de muchos religiosos modernos, especialmente de los predicadores sensacionalistas que aparecen frecuentemente en los medios de difusión. Por otra parte, el Nuevo Testamento claramente señala que este fue un acontecimiento que tuvo prominencia en el primer siglo. En Samaria, muchos oían a Simón el mago creyendo que él poseía “el gran poder de Dios (Hechos 8:9-10). Algunos exorcistas judíos intentaron expulsar demonios al invocar el nombre de Jesús (Hechos 19:13-16). Y muchos anticristos ya habían surgido para antes de la culminación del primer siglo d.C. (1 Juan 2:18; 4:3; 2 Juan 7). Josefo brinda confirmación histórica al declarar que para el tiempo de Nerón, la tierra fue llena de “impostores y engañadores [que] persuadieron a multitudes a seguirles al desierto, y pretendieron que manifestarían maravillas y señales de parte de la providencia de Dios” (1987, p. 536, Antigüedades Judías, 20.8.6). Otros registros del mismo autor señalan que este fue un suceso recurrente (cf. 20.8.7-9).
  • Las guerras y los rumores de guerras (vss. 6-7). Los que están familiarizados con los conflictos del Medio Oriente, las guerras mundiales y otras guerras entre países pueden pensar que esta predicción debe hacer referencia a nuestra generación, pero lo cierto es que las guerras y los rumores de guerras han sido comunes a través de toda la historia humana. Entonces, para que esta predicción tenga importancia real, debe describir sucesos que afectaron directamente a la audiencia—sucesos de los cuales ellos serían testigos y los cuales tendrían características singulares. La historia brinda confirmación al registrar que Roma estaba en guerra. En un marco de tiempo menor a dos años, Nerón, Galba, Otón y Vitelio sufrieron muertes violentas debido a los conflictos. A causa del número creciente de engañadores, los judíos llegaron a estar sujetos a conflictos intensos con Roma (Josefo, p. 614, Las Guerras de los Judíos, 2.13.5; cf. Hechos 21:38). Otras sediciones judías añadieron leña a los conflictos (Josefo, Antigüedades Judías, 20.8.7). Josefo también registra la “aflicción extrema” que muchos judíos sintieron al escuchar las “historias [rumores] que hablaban de guerra” debido a la estatua que Calígula había colocado en el templo (Las Guerras de los Judíos, 2.10.1; cf. vea también Antigüedades Judías, 18.9). Para 66 d.C., los judíos se habían involucrado en lo que se conoce como “La Gran Sublevación” que guió a la destrucción de Jerusalén en 70 d.C. Se estima que algo de 1,000,000 de judíos murieron en esa rebelión (Telushkin, 2008, p. 132).
  • Las pestes, el hambre y los terremotos (vs. 7). Otra vez, estos sucesos son comunes en nuestro mundo moderno; sin embargo, el periodo previo a la destrucción de Jerusalén estuvo caracterizado por una profusión intensa de tales males. Tácito señaló que este periodo “estuvo lleno de calamidades, batallas horribles, sediciones atroces y violencia rampante” (citado en Johnson, 1891, p. 139, énfasis añadido). Un profeta de Jerusalén anunció que “vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio” (Hechos 11:28). (Tal vez este hambre produjo la contribución especial para los santos pobres en Jerusalén [Romanos 15:25-26]). Tácito también hizo referencia a un terremoto en Roma durante el tiempo de Claudio, otro en Apamea, otro que destruyó Laodicea durante el tiempo de Nerón (1836, p. 256, Anales, 14.27), y otro en Campania (pp. 279-280, Anales, 15.22). Eusebio registró que un terremoto destruyó Laodicea, Hierápolis y Colosas (Lardner, 1788, 7:50, Crónica, 1.21-22). También se registraron terremotos devastadores en otras ciudades (vea Barnes, 1847, 1:252).
  • La predicación del Evangelio en todo el mundo (vs. 14). Según la perspectiva de algunos comentaristas, este enunciado (juntamente con “seréis aborrecidos de todas las gentes”—vs. 9) extiende la interpretación de la primera sección de Mateo 24 “más allá de 70 d.C.” (Bruce, et.al., 1986, p. 1146). No obstante, el Nuevo Testamento corrige esta perspectiva. Para comienzos de la década de 60 d.C., Pablo escribió que “la palabra verdadera del evangelio…ha llegado…a todo el mundo” (Colosenses 1:5-6) y “se predica en toda la creación que está debajo del cielo” (1:23; cf. Romanos 1:8). Realmente, a pesar de todos los avances modernos, nosotros no hemos logrado lo que los cristianos del primer siglo lograron: la predicación del Evangelio a todo el mundo conocido.
  • La venida del Hijo del Hombre y las señales en el cielo (vss. 27,29-31). Ciertamente, el uso de estas expresiones evocan en la mente moderna pensamientos en cuanto al fin del mundo, pero para el judío familiarizado con las Escrituras hebreas, las señales en el cielo y la señal de la venida del Señor tenían algunos significados adicionales. Los profetas del Antiguo Testamento usaban el concepto de “la venida del Señor” para hacer referencia al juicio divino sobre las naciones (e.g., Isaías 2:12; 13:6,9; cf. Malaquías 3:5). Esto armoniza completamente con la idea de la venida del Señor en juicio sobre Jerusalén y su templo. Esta venida sería repentina, como un relámpago que “sale del oriente y se muestra hasta el occidente” (vs. 27). Al comentar sobre este punto, Adam Clarke sugirió:
Es importante señalar, que en una manera muy particular, nuestro Señor indicó la misma marcha del ejército romano: ellos entraron a Judea desde el Este, y prosiguieron su conquista hasta el Oeste, como si la comparación del relámpago de Este a Oeste tuviera el propósito de señalar no solamente la extensión de la ruina, sino también la misma ruta que el ejército tomaría (1983, p. 205).

Los profetas también usaban las “señales en los cielos” para denotar grandes calamidades y la caída de naciones. Al pronunciar la sentencia divina contra Babilonia, Isaías declaró que “las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor” (13:10). Usó la misma figura en su profecía contra Tiro (24:21,23), Edom y Bosra (34:4). Joel usó esta figura en el juicio de Dios sobre Sion (2:2,10), extendió la figura a su profecía sobre el derramamiento del Espíritu Santo (2:30-31), y finalizó su libro con la misma figura en su profecía contra las naciones paganas (3:15).

La figura del juicio sobre Jerusalén también sería caracterizada por la presencia de “ángeles” que juntarían a los escogidos. La palabra “ángel” simplemente significa “mensajero”. Y en este simbolismo, puede hacer referencia a los ángeles que ejecutan el juicio de Dios y protegen a los escogidos (cf. 2 Reyes 6:16-17; Salmos 78:43-49; 103:20; Isaías 37:33-36), o a los mensajeros de Cristo que juzgaron (Mateo 19:27-28) y asistieron en la salvación de la generación del primer siglo.

En resumen, ¿por qué hay ciertos aspectos en la primera sección de Mateo 24 que parecen guardar semejanza con la Segunda Venida de Cristo? Primero, algunas semejanzas son imaginarias. Los que han aceptado la idea que la Segunda Venida de Cristo será precedida por señales (en oposición a las enseñanzas claras de la Biblia—Mateo 24:36-39; 1 Tesalonicenses 5:1-2; 2 Pedro 3:9), a menudo reclaman públicamente que esta sección de Mateo sostiene tales señales. Y ya que el sensacionalismo se esparce agresivamente, entonces muchos absorben una idea distorsionada en cuanto al tiempo del fin.

Segundo, algunas semejanzas son reales. Jesús habló figurativamente de Su venida y las señales en los cielos para hacer referencia al juicio divino sobre Jerusalén en 70 d.C. Ya que la Segunda Venida del Señor también será un juicio (en este caso, universal), entonces guarda cierta conexión en este respecto. Por medio de la atestiguación directa de estos eventos catastróficos, los judíos podían tener una perspectiva más amplia de la catástrofe universal que sería parte de la Segunda Venida de Cristo (2 Pedro 3:10-12). Nosotros también podemos adquirir la misma perspectiva por medio de la consideración retrospectiva.

Un Punto Difícil en la Sección de la Segunda Venida de Cristo

Hay un aspecto en la segunda sección de Mateo 24 (vss. 36-51) que parece no encajar con la idea de la Segunda Venida de Cristo. Si la Segunda Venida será caracterizada por el Juicio Final (Hebreos 9:27) y la destrucción del mundo (2 Pedro 3:10-12), ¿por qué Jesús indicó que algunos serían “tomados” (llevados) y otros serían “dejados” (vss. 40-41)? ¿No pudiera esto hacer referencia a la destrucción de Jerusalén, en la cual algunos fueron muertos (llevados) y otros no (dejados)? En otro caso, ¿no brindaría esto sostenimiento a la doctrina del rapto antes de la Segunda Venida?

Conectar estos versículos con la destrucción de Jerusalén sería forzar el texto; además, pondría a estos versículos en conflicto con su contexto. En la figura presentada en los vss. 40-41, los dos hombres están juntos en el mismo campo, y las dos mujeres están juntas en el mismo lugar—involucrados en actividades comunes, pero ambos enfrentan un destino diferente: uno es llevado y el otro es dejado. Pero en las advertencias sobre la destrucción de Jerusalén, Jesús enfatizó que para que Sus oyentes escaparan de la destrucción, debían huir de sus actividades comunes (vs. 16-18). Si se quedaban juntos en Jerusalén, enfrentarían juntos la destrucción; si huían juntos, experimentarían juntos la salvación.

En cuanto a la idea del rapto, es cierto que algunos usan estos versículos para sostener este concepto popular (Jorteg, 1999, pp. 69-70). Según ellos, el Señor raptará (llevará) a Sus escogidos, mientras que dejará a otros para experimentar un periodo de tribulación. Pero el contexto inmediato de estos versículos no apoya tal concepto. Los sucesos en los vss. 40-41 son una ampliación de la comparación con el Diluvio de Noé (vss. 37-39). El punto de comparación es que algunos son tomados/llevados, mientras que otros son dejados. ¿Quiénes son llevados? Según el concepto del rapto, los justos son llevados; pero según la comparación en el vs. 39, los injustos son llevados, y los justos son dejados. Simplemente, no existe sostenimiento bíblico en absoluto para la doctrina del rapto (vea Pinedo, 2011).

Los sucesos en los vss. 40-41 (como en los versículos previos) enfatizan una separación entre los justos e injustos—lo cual es una característica principal del Juicio Final (Mateo 25:31-46). De manera interesante, aunque el orden de la sentencia divina en el Juicio Final que Jesús presenta en Mateo 25 es, los justos primero (vss. 33-40) y los injustos después (vss. 41-45), se invierte este orden en el versículo 46—una vez más, como si los injustos fueran “llevados” de la presencia de Cristo, mientras que los justos fueran “dejados” para gozar de Su presencia divina constante.

CONCLUSIÓN

La destrucción de Jerusalén y su templo fue un golpe terrible para los judíos. De hecho, al narrar los sucesos de este evento, el historiador Josefo, quien también era un judío, no pudo evitar contener sus lamentos por las miserias y calamidades dolorosas a las cuales su pueblo fue sometido (1987, p. 544, Las Guerras de los Judíos, prefacio, 4; cf. 8-11). También podemos imaginar las lágrimas que corrían por el rostro de nuestro Señor mientras daba un vistazo futuro hacia la destrucción inminente y declaraba, “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta” (Mateo 23:37-38). Tal sufrimiento espantoso incluso causó que Jesús reprimiera Su sufrimiento presente en la Vía Dolorosa para condolerse por el sufrimiento futuro de las hijas de Jerusalén (Lucas 23:28).

¿Cuáles son las lecciones que no debemos olvidar de este evento? (1) La Palabra de Dios permanece para siempre (Mateo 24:35). Así como las palabras del Señor se cumplieron en la destrucción de Jerusalén y su templo, Sus advertencias en cuanto al Juicio Final hallarán cumplimiento exacto (2 Pedro 3:3-9). (2) Aunque el sufrimiento que los judíos padecieron fue terriblemente doloroso, el sufrimiento al que serán expuestos los injustos después del Juicio Final será indescriptible (Mateo 24:51; Apocalipsis 20:10). (3) Ya que las advertencias y el sufrimiento son tan reales, “¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir…!” (2 Pedro 3:11).

Así como muchos discípulos de Cristo guardaron Sus advertencias y huyeron de Jerusalén, y por ende fueron salvos de la destrucción (Clarke, 1983, pp. 203-204), nosotros también debemos guardar Su Palabra para ser salvos del juicio venidero y la destrucción del infierno.

Referencias

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