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Tiempo para un Cambio

Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte (2 Corintios 7:8-10).

Si Jesús mismo le dijera que tiene que construir una casa para ser salvo, ¿qué haría? Si no supiera cómo realizar tal tarea, probablemente se ocuparía en aprender carpintería y adquirir la destreza necesaria para hacer lo que se espera de usted. Ya que Jesús dice que pereceremos si no nos arrepentimos (Lucas 13:3), ¿no deberíamos aprender lo que significa el arrepentimiento? El arrepentimiento no es simplemente lamentar los pecados que se ha cometido. No es simplemente el hecho de confesar nuestros pecados o incluso pedir perdón. ¿Cuándo se puede decir que una persona se ha arrepentido verdaderamente?

Aunque la tristeza en sí misma no es arrepentimiento, el arrepentimiento es el efecto de la tristeza piadosa (2 Corintios 7:10). La palabra que se traduce más frecuentemente como “arrepentimiento” en el Nuevo Testamento significa literalmente “cambio de mente”. Este cambio comienza en el corazón honesto que es abrumado de remordimiento debido al pecado. El arrepentimiento es un cambio de nuestra forma de pensar, de nuestro paradigma de tomar decisiones, y es uno de los pasos más difíciles que tomaremos. Si el arrepentimiento genuino es el efecto de la tristeza piadosa, entonces el efecto de la tristeza mundana es la muerte. Considere a Pedro y Judas como un ejemplo de esta diferencia: el remordimiento de Judas le guió a la horca que hizo, pero el remordimiento de Pedro le guió de regreso a su Señor. El remordimiento le guiará a la desesperación debido a las fallas pasadas, pero el arrepentimiento le guiará a la paz dichosa de saber que sus fallas pasadas no destruirán su futuro.

El fruto del arrepentimiento llega a ser evidente a todos los que conocen nuestras faltas. Como el viento (Juan 3:8), el arrepentimiento no es algo que pueda ver, pero puede ver sus efectos. Cuando muchos de los fariseos y saduceos llegaron al lugar donde Juan estaba bautizando, él les dijo que hicieran “frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8). Si cambiamos nuestra manera de pensar, el producto natural será un cambio de nuestra manera de actuar. Ya no participaremos en el comportamiento pecaminoso como lo hicimos antes (1 Pedro 4:1-4). El hombre que robaba en su vida pasada ahora conseguirá su salario de manera honesta, e incluso ayudará a aquellos en necesidad (Efesios 4:28). Nuestra manera de hablar cambiará (Efesios 4:25,29), y también cambiará nuestra compañía (2 Corintios 6:14). ¿Son los frutos del arrepentimiento visibles en su vida?

Siempre nos lamentaremos de los pecados que cometemos (vea Génesis 42:21; Números 21:7; Jueces 2:4), pero como Pablo escribió a los corintios, nunca nos lamentaremos del arrepentimiento genuino (2 Corintios 7:10). Si sabemos que este es el caso, ¿por qué es tan difícil llegar al arrepentimiento? ¿Por qué Saulo mismo tomó tiempo para llegar al arrepentimiento (Hechos 26:14)? Tal vez tenía temor de fallar, y al menos tenía éxito como perseguidor. Sin embargo, después que tomó este paso, ¿cree que alguna vez se lamentó de haber llegado al cristianismo (Filipenses 3:4-11)? El arrepentimiento es una elección de la cual nunca se lamentará, desde ahora hasta la eternidad.