“Tampoco se Persuadirán Aunque Alguno se Levantare de los Muertos”

Moisés Pinedo 

Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos (Lucas 16:30-31).

En algún momento de su vida, el cristiano puede caer víctima del “complejo empírico” ante la creencia en Dios y Su Palabra. Es decir, puede llegar a pensar que ya que no ha sido testigo ocular de los eventos milagrosos que la Biblia narra, entonces, de alguna manera, su fe no tiene fundamento. O por otra parte, puede pensar que la recurrencia sobrenatural actual pudiera ser una fuente más persuasiva para guiar al mundo a los pies de Cristo. Ambos enfoques se basan en el concepto erróneo que sugiere que el suceso sobrenatural es superior a la revelación escrita. Ciertamente, estos enfoques no representan la perspectiva bíblica (cf. 2 Pedro 1:19).

En Lucas 16, Jesús contó la historia del rico y Lázaro. Una de las enseñanzas que frecuentemente se pasa por alto tiene que ver con la segunda súplica que el rico hizo a Abraham en el hades (vs. 27). Sin duda, el rico había sufrido durante toda su vida de una condición crónica severa de “complejo empírico” ante la Palabra de Dios. Él había menospreciado la revelación escrita mientras estaba en la Tierra, e incluso en el hades, pensaba que la aparición milagrosa de Lázaro una vez más en la Tierra podía lograr la conversión de su familia que también sufría de la misma epidemia de incredulidad (vs. 30). Abraham le respondió, “Si no oyen a Moisés y a los profetas [las Escrituras de Moisés y los profetas], tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (vs. 31). Pero ¿qué tan cierto es la respuesta de Abraham? ¿No creerían los hermanos del rico (o cualquier persona en la actualidad) si es que alguien se levantara de los muertos y advirtiera del lugar de tormento (vs. 28)?

No se necesita leer muy lejos para encontrar la respuesta. En Juan 11, Jesús resucitó a Su amigo Lázaro (un Lázaro diferente)—¡después de estar cuatro días en la tumba (vs. 39)! Muchos judíos que vieron lo que Jesús había hecho, creyeron (vs. 45). Pero otros, aunque reconocieron que él hacía “muchas señales” (vs. 47), conspiraron contra Él (vs. 53). La conspiración también fue contra Lázaro (12:10). Estos judíos incrédulos cumplieron literalmente el veredicto de Abraham al rechazar ser persuadidos por la presencia de este segundo Lázaro, quien regresó de los muertos por el poder de Dios.

Desde luego, la era milagrosa ya ha pasado (1 Corintios 13:8-10). Dios ha dispuesto que “los hombres…mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Pero lo que los pasajes anteriores enseñan en conexión es que la Palabra de Dios es completamente suficiente para generar fe auténtica en el corazón humano (Romanos 10:17). Los cristianos debemos usar el poder de la Palabra para ayudar en la salvación del hombre (Romanos 1:16).