Sincretismo y la Edad de la Tierra

Kyle Butt

En cada periodo de tiempo, ubicación geográfica y cultura, la meta del evangelismo es expresar el Evangelio inmutable de Jesucristo en conceptos significativos que una cultura o grupo específico pueda entender, aceptar y obedecer (Hesselgrave y Rommen, 2000, p. 1). Se hace referencia comúnmente a este concepto como contextualización. Por otra parte, el proceso de sincretismo es cuando se altera la verdad bíblica debido a la presión de la cultura a la cual se la quiere comunicar. El mensaje sincretizado descarta la verdad y la reemplaza con conceptos que son culturalmente aceptables y “significativos”, pero que carecen de fundamento bíblico. Una gran parte del sincretismo ha ocurrido debido a la presión y presencia de la evolución atea en la cultura norteamericana del siglo XXI. Este sincretismo se ha manifestado en numerosas teorías que comprometen el relato de la creación en Génesis—de las cuales la más popular parece ser la Teoría del Día-Edad.

LA EDAD DE LA TIERRA Y EL UNIVERSO

Una de las enseñanzas fundamentales de la evolución es que el Universo tiene miles de millones de años. Todos los involucrados en esta discusión saben que sin grandes eones de tiempo, los supuestos procesos naturalistas en el panorama evolutivo no tuvieran la oportunidad de realizar su trabajo (aunque, nosotros sostenemos que todo el tiempo concebible no sería suficiente para lograr las imposibilidades asociadas con la evolución atea). El ateo David Mills escribió:

A pesar de los enfoques extensamente divergentes, los biólogos creacionistas y evolucionistas están de acuerdo en un hecho crucial: Seis mil años no es tiempo suficiente para que la evolución haya producido las formas compuestas de vida que hoy observamos en la Tierra. El homo sapiens pudiera haber evolucionado si se le diera cientos de millones de años para acumular ventajas selectivas. Por tanto, una tierra de 6,000 años significa que el Génesis y la Teoría de la Evolución nunca pueden reconciliarse (2006, p. 137).

Mills sugiere que los que adoptan la Teoría del Día-Edad lo hacen solamente para evitar ser calificados como ateos, lo que él llama “el calificativo ‘A’ temido”. Aunque su equivocación en cuanto al concepto de una Tierra antigua con el ateísmo no tiene fundamento, él declara que los que desean ajustar el texto de Génesis para hacerlo calzar con una Tierra antigua están involucrados en una “farsa intelectual presuntuosa” diseñada con el propósito de “sentirse bien con ambos lados—imaginando que ellos son religiosos y científicos al mismo tiempo” (p. 151).

Muchos otros ateos y/o científicos evolucionistas han escrito sobre el conflicto entre la “ciencia” moderna y la enseñanza bíblica. [NOTA: La palabra “ciencia” está entre comillas ya que lo que frecuentemente se llama “ciencia” en el sentido moderno realmente es suposiciones evolucionistas que no están basadas en los hechos, y lo que rutinariamente se rechaza como poco científico frecuentemente tiene una verificación más rigurosa que la idea moderna de “ciencia”. Por ende, cuando la mayoría de ateos y/o evolucionistas habla de “ciencia”, se debe entender que está hablando de la ciencia falsa evolucionista o materialista]. Francis Crick, codescubridor de la estructura espiral del ADN, escribió:

Me di cuenta muy temprano que el conocimiento científico detallado relega como insostenibles ciertas creencias religiosas. El conocimiento verdadero de la edad de la tierra y el registro fósil hace que sea imposible que algún intelectual balanceado crea en la verdad literal de cada parte de la Biblia de la manera que los fundamentalistas lo hacen. Y si algunas partes de la Biblia son obviamente erróneas, ¿por qué debería aceptarse automáticamente cualquier otra parte de su contenido? (1988, p. 11).

Los enunciados de Crick y Mills que sugieren que una gran parte de la “ciencia” evolucionista atea moderna está en conflicto directo con el texto bíblico son correctos. Ya que esto es verdad, ¿qué esperaríamos ver si ciertos “eruditos” quisieran “sentirse bien con ambos lados” y pretender ser religiosos y “científicos” a la vez? Esperaríamos ver una reinterpretación masiva de aspectos claves en el texto bíblico, especialmente en relación a las actividades creativas de Dios. Además, no sería una sorpresa si diferentes autores explorarían maneras múltiples de insertar miles de millones de años en el texto de Génesis.

De hecho, se han inventado muchas maneras de tratar de incluir millones de años en el texto bíblico; las ideas incluyen la Teoría de la Brecha, el Creacionismo Progresivo, la Teoría Modificada de la Brecha, la Teoría Múltiple de la Brecha, etc. (vea Thompson, 2000, pp. 275-306). El hecho que se sugiera maneras múltiples de tratar de incluir los miles de millones de años que la “ciencia” moderna requiere es una señal reveladora que el panorama de tiempo extenso no se deriva de la Biblia y que solamente es un esfuerzo de sincretizar la Biblia con la “ciencia” moderna. Para ver esta tendencia de sincretismo, considere los escritos de David Snoke, un partidario de la Teoría del Día-Edad.

DAVID SNOKE Y LA TEORÍA DEL DÍA-EDAD

El libro de David Snoke, Un Caso Bíblico para una Tierra Antigua, publicado por Baker Books en 2006, provee un ejemplo excelente de un intento de sincretizar el relato bíblico de la Creación con el escenario basado en la evolución en cuanto a una Tierra medida por millones o miles de millones de años. Snoke explica en el prefacio: “Este libro presenta el caso de un enfoque ‘día-edad’ que sugiere que Génesis 1 describe una secuencia cronológica, pero no necesariamente días de veinticuatro horas” (p. 9). La aseveración principal de Snoke es que se puede interpretar legítimamente el relato bíblico de la Creación para admitir miles de millones de años de historia. Cree que ciertas evidencias científicas demandan una reinterpretación de los días de la Creación para permitir que estos días sean periodos extendidos de tiempo.

Él presenta en el capítulo dos de su libro las evidencias científicas principales que cree que demandan la conclusión que la Tierra es antigua; tales evidencias incluyen los conceptos como la luz distante de las estrellas, las capas geológicas y los métodos de datación de los anillos de árboles (pp. 24-46). Argumenta que estas evidencias científicas para una Tierra antigua no tienen otra respuesta posible excepto que “Dios les hizo parecer antiguas”. Y aunque él cree que Dios pudiera haber hecho esto, no cree que sea lo que Dios hizo, y por ende sostiene que debemos interpretar el texto bíblico de una manera que incluya los miles de millones de años que la ciencia moderna supone.

Aunque Snoke tiene conocimiento de los muchos científicos muy calificados que abogan por una Tierra joven y que creen que la evidencia apunta a una Tierra joven, él piensa que estos científicos están equivocados. Cree que ya que, en general, estos científicos no han tenido éxito en ser aceptados en publicaciones revisadas por la comunidad científica (realmente, la comunidad evolucionista), pero todavía han tratado de presentar sus enfoques al público, ellos han pasado por alto las reglas de la ciencia moderna. Él declaró:

Los creacionistas que sostienen el enfoque de una tierra joven se involucran en prácticas que los científicos principales consideran comúnmente antiéticas. Esto puede sonar como una acusación, pero yo lo considero como algo intrínseco en el movimiento científico que aboga por una tierra joven. Los científicos creacionistas que sostienen una tierra joven dicen que una gran parte de la ciencia moderna está equivocada, sea debido a una conspiración o a las creencias compartidas que guían a los científicos a rechazar o alterar inconscientemente la información. Por ende, los científicos creacionistas que sostienen este enfoque deben pasar por alto el establecimiento de la ciencia moderna… La mayoría de científicos cree que no es ético pasar por alto a otros científicos para comercializar sus reclamaciones científicas directamente al público, ya que el público no está calificado para evaluar las reclamaciones científicas (pp. 187-188).

Snoke manifiesta sus sentimientos verdaderos y su modo de operación en la cita anterior. Él no piensa que puede declarar que “una gran parte de la ciencia moderna está equivocada”. Se debería preguntar por qué sería difícil sostener esto. Ya que la Biblia está en lo cierto al declarar que Satanás es “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4) y “padre de mentira” (Juan 8:44), y que ha cegado a aquellos que no creen, ¿qué mejor manera se pudiera encontrar para “cegar” a la gente que al usar los medios “científicos” respetados para propagar la información incorrecta? En realidad, muchos de los que sugieren que la evidencia científica disponible sostiene una Tierra joven no han pasado por alto el proceso científico. Al contrario, aquellos que rechazan la lectura literal de la Biblia les han excluido del proceso (vea Butt, 2008). Los científicos acreditados como Henry Morris han evaluado críticamente la evidencia científica y han demostrado que favorece a una Tierra joven (Whitcomb y Morris, 1961). Otros, tales como John D. Morris y Don DeYoung han hecho lo mismo (Morris, 1994; DeYoung, 2005). De hecho, John Ashton editó el libro, En Seis Días, en el cual 50 científicos acreditados presentan sus razones para creer en una Creación que sucedió en seis días literales (Ashton, 2000). Adicionalmente, Kurt P. Wise, quien obtuvo su licenciatura y doctorado en paleontología de la Universidad de Harvard mientras estudiaba bajo Stephen Jay Gould, sostiene que la evidencia científica y bíblica se unen para mostrar que se debe medir la edad de la Tierra en miles de años, no miles de millones (2002).

El caso científico para una Tierra antigua no es tan convincente como Snoke sugiere. Está llena de errores. Pero es una idea prevaleciente que la mayoría de científicos sostiene. Parece que por esta razón Snoke y otros defensores de una Tierra antigua sienten la presión de conformarse a esto. En su intento de justificar la posición que ha tomado, Snoke apela al concepto de contextualización (aunque no la llama de esta manera). Él declara:

Aunque esto pueda ser difícil, debemos esforzarnos por convencer al mundo científico, no ignorarlo. Esto significa que debemos tomar tiempo para aprender las reglas básicas del mundo científico secular, incluso cuando cuestionemos las suposiciones improbables que escuchamos. Muchos expertos en misiones afirman que para impactar la cultura, la iglesia debe abordar los elementos principales de la sociedad, de otra manera sería marginada permanentemente (p. 191).

Básicamente, Snoke está sugiriendo que si rechazamos las “evidencias” para una Tierra antigua, entonces una gran parte de la comunidad científica no escuchará lo que decimos. Para ganar audiencia con los “elementos principales de la sociedad”, debemos operar según las “reglas” del “mundo científico secular”. Es triste que en su intento de evitar que el cristianismo sea “marginado”, él haya fracasado en identificar correctamente las “suposiciones improbables” que la comunidad científica evolucionista está presentando al público.

El Caso “Bíblico” de Snoke

Snoke sostiene que su entendimiento bíblico no está guiado por sus observaciones científicas, sino que de alguna manera se basa en ellas. Admite que su “experiencia en ciencia ha influenciado” su interpretación de la Biblia, y dice: “Declarándolo de otra manera, es muy improbable que hubiera terminado creyendo en el enfoque que la tierra tiene millones de años si nunca hubiera estudiado ciencia” (p. 11, énfasis añadido). Aunque Snoke opina que este modo de operación en este caso es justificado, parece ser evidente que Snoke permitió que su entendimiento (falaz) en cuanto a la ciencia moderna dictara su interpretación de la Biblia.

Además sugiere que aunque todas las observaciones científicas están propensas a cambiar o ser ajustadas debido a las observaciones nuevas, “los sistemas teológicos también son trabajos provisionales de los seres humanos… Aunque no debemos subestimar la interpretación bíblica de los eruditos fieles del pasado, también esperamos que las nuevas generaciones tengan algo que añadir” (pp. 22-23). Desafortunadamente, lo que Snoke, como un representante de la “nueva generación”, añade es interpretación bíblica que pierde el derecho a la verdad ya que la ciencia moderna evolucionista la moldea.

La Teoría del Día-Edad que Snoke y otros sostienen sugiere que los días de la Creación en Génesis no fueron periodos de 24 horas, sino periodos extensos que tomaron millones o miles de millones de años. Una gran parte del caso “bíblico” para esta teoría se deriva de la idea que la palabra hebrea yom, que se traduce como “día” en Génesis uno y dos, puede tener varios significados. Una de esos significados es “un periodo de tiempo no-identificado”, como en la frase “el día del Señor”. En esta frase, “día” no expresa un marco de tiempo de 24 horas. Los que sostienen la Teoría del Día-Edad declaran que este significado también se puede aplicar a los días de la Creación en Génesis uno. Después que Weston Fields hizo referencia a una cita de Wilbur Smith, quien sostenía la Teoría del Día-Edad, Fields dijo en cuanto al enunciado de Smith: “Lo más importante es que el argumento principal de la Teoría del Día-Edad se basa simplemente en el hecho que la palabra ‘día’ puede (¡no debe!) ser usada literalmente o figurativamente en la Biblia, lo cual es el argumento más común de aquellos que defienden esta posición” (1976, p. 169, itálicas en original).

El problema de tratar que los días de la Creación en Génesis uno signifiquen algo diferente a días de 24 horas es que el contexto simplemente no lo permite. Primero, cuando se usa con adjetivos numerales tales como uno, dos, tres, etc., la palabra yom siempre significa un día literal de 24 horas en la literatura bíblica que no es profética. Aunque era un defensor de la Teoría de la Brecha para una Tierra antigua, Arthur Custance criticó la Teoría del Día-Edad al aludir al hecho que la palabra hebrea yom, traducida “día” en Génesis uno, siempre hace referencia a un periodo literal de 24 horas cuando se registra juntamente con adjetivos numéricos tales como los usados en Génesis 1:5,8,13, etc. (1977 p. 100). Snoke incluso admitió: “Es cierto que no podemos encontrar otro pasaje en la Escritura donde se enumeren los días y estos tengan significado genérico” (2006, p. 145, énfasis añadido). Pero él intenta demostrar que Génesis uno puede ser el único caso en toda la Escritura en que esto sucede. No hace falta decir que si se apela a una interpretación ficticia para justificar una creencia que se deriva de la observación “científica” moderna, no del texto, esta apelación debe ser vista con sospecha.

Aparte del hecho que la palabra yom está unida a adjetivos numerales, otros factores contextuales verifican que la palabra significa un día de 24 horas. Un escritor provee una lista excelente de al menos nueve razones para interpretar lógicamente los días de Génesis como periodos de 24 horas (Thompson, 2000, pp. 181-211). Custance argumentó enfáticamente que el contexto demanda una lectura literal de la palabra “día”. Él declaró: “¡El hecho es que el lenguaje hebreo simplemente no tiene otra manera de expresar la idea exacta de un día verdadero!” (1977, p. 100). Fields declaró firmemente: “Por tanto, es nuestra conclusión que la Teoría del Día-Edad es imposible. Es absurda gramaticalmente y exegéticamente. Su única razón de existencia es permitir el tiempo que la geología y la biología evolucionistas necesitan” (1976, p. 178, itálicas en original). Chaffey y Lisle concluyeron correctamente: “En otras palabras, según los que sostienen la idea de una tierra antigua, parece que las reglas generales de interpretación simplemente no se aplican a Génesis. En cambio, se lo debe interpretar de manera diferente a cualquier otro libro” (2008, p. 31).

Puntos Irrelevantes

El caso bíblico de Snoke para una Tierra antigua gira en interpretaciones ilusorias y conceptos textuales que no existen. Por ejemplo, una de sus opiniones es que un obstáculo principal para creer en una Tierra antigua es el concepto de la muerte animal antes de la caída. Él cree que si se puede mostrar que los animales murieron antes que Adán y Eva pecaran, entonces esto ayudará a convencer a muchos creacionistas que creen en una Tierra joven que él está en lo correcto en cuanto a una Tierra antigua. Él argumenta que los conceptos como la oscuridad y el mar indican peligro, y que su existencia en el relato de la creación insinúa que los animales podían morir fuera del Huerto del Edén. Él escribe: “[P]ara el hebreo antiguo el mar era un lugar peligroso. Así como en la oscuridad, donde los animales peligrosos acechan fuera de la luz, listos para arrebatar, en los mares peligrosos los monstruos acechan debajo de la superficie listos para arrebatar” (p. 59). Él continúa desarrollando este tema al conectar el poder de Dios con la ira de Dios, y declara que en la Escritura es difícil “hacer una distinción entre la demostración del poder de Dios y la demostración de su ira” (p. 93).

Su análisis es erróneo por varias razones. Él empleó más de 50 páginas y dos capítulos principales para lidiar con la muerte de los animales antes de la Caída, ya que en su opinión, “esto es el punto que guía a objeciones contra una Tierra antigua” (p. 99, itálicas en original). No obstante, en realidad el tema de la edad de la Tierra no tiene nada que ver con el concepto de la muerte de los animales antes de la Caída. Es igualmente fácil creer en una Tierra joven y sostener que los animales murieron antes de la Caída como lo es creer en una Tierra joven y sostener que ningún animal murió antes de la Caída. El hecho de que hubo o no muerte animal antes de la Caída está fuera del ámbito de este artículo (vea Thompson, 2001), y es irrelevante para la edad de la Tierra y la definición de la palabra “día” en Génesis uno.

Además, no solamente su conexión de la muerte animal a la edad de la Tierra es exagerada, sino también su exégesis de los elementos—tales como el mar y la oscuridad que indican peligro, y el poder de Dios que es equivalente a Su ira; esto es evidencia de desesperación en su caso. La razón por la cual se considera los días de Génesis uno como días literales de 24 horas se basa en el entendimiento adecuado de la palabra hebrea yom en Génesis uno, y la unidad del resto de las Escrituras apoyan el significado literal de la palabra (vea Éxodo 20:11). La creencia en una Tierra joven puede estar conectada en algunas literaturas con el concepto de la muerte animal, pero nada en la Escritura requiere tal conexión, y ambas creencias no dependen mutuamente.

Snoke debilita adicionalmente su caso cuando intenta conectar los días de la Creación con los eventos que Juan vio en el libro de Apocalipsis. Él escribe: “Se puede argumentar que los mismos siete sellos se presentan como la totalidad septuplicada del día de reposo de la creación. Por ende, los eventos de los sietes sellos representan el ‘principio de dolores’ que Jesús mencionó en Mateo 24:4-8” (p. 110). Él luego concluye: “Si consideramos seriamente las secuencias de Apocalipsis como una representación de una cronología real de eventos durante un periodo largo de tiempo, entonces es natural ver un paralelo con la secuencia de Génesis uno como una representación de una cronología real durante un periodo largo de tiempo” (p. 110). Note la manera en que desesperadamente se trata de conectar Génesis uno al libro completo de Apocalipsis. Esto es imposible de probar, y tal acción es dudosa ya que Génesis y Apocalipsis ni siquiera tienen el mismo género literario. Mientras que Génesis es una narración histórica, Apocalipsis es una narración apocalíptica.

Muy frecuentemente los que intentan encajar información externa en el texto bíblico acuden al libro de Apocalipsis y sostienen que los pasajes difíciles de entender en el libro dan crédito a sus interpretaciones forzadas. Pero nosotros debemos recordar siempre que uno de los principios de la buena interpretación bíblica es abordar primero los pasajes menos difíciles y no permitir que los pasajes más difíciles oscurezcan el significado claro de los que son más fáciles. Al intentar hacer que Génesis uno y dos luzcan como pasajes difíciles, Snoke los conecta a Apocalipsis y trata de hacer que los pasajes en Apocalipsis que son más difíciles reinterpreten la narración histórica clara de Génesis. Esta es una manera errónea de abordar la interpretación bíblica.

Un Problema Adicional

Frecuentemente los que comprometen la verdad del relato de la Creación también están forzados a comprometer otros aspectos del texto bíblico. Uno de los eventos principales donde esto es obvio es el relato bíblico del Diluvio de Noé. Debido a su sostenimiento de tales conceptos basados en la evolución como el uniformismo, muchos partidarios de una Tierra antigua creen que un diluvio global hubiera sido “científicamente” imposible, y creen que no hay evidencia física adecuada para justificar un diluvio mundial. Como Snoke declaró, “Algo que no pudiera hacer sin ser completamente deshonesto en cuanto a mi experiencia científica, sería adoptar el enfoque de Henry Morris, y otros geólogos del diluvio, que declara que la ciencia nos dice que parece que la tierra hubiera experimentado un diluvio global de seis millas de profundidad. Esto es incorrecto” (p. 175, itálicas en original). [NOTA: Snoke inserta un argumento débil en la cita anterior, sugiriendo que los geólogos que sostienen un diluvio deben abogar por un diluvio de “seis millas de profundidad”. Esto se basa en su suposición uniformista que la topografía de la Tierra debe haber sido la misma durante el Diluvio como lo es ahora. No se debe considerar tal suposición como un hecho. En realidad, parece haber indicación bíblica que la altura de las montañas y la profundidad de las zanjas oceánicas fueron alteradas dramáticamente durante o después del Diluvio (Salmos 104:8)]. Debido a estas y otras razones, los partidarios de una Tierra antigua frecuentemente reinterpretan el relato de Génesis de una manera que les permita sostener un diluvio local en vez de uno que cubrió el globo completo.

Snoke indicó claramente su enfoque cuando escribió: “La información científica causa que demos un segundo vistazo a la interpretación tradicional, ya que las cosas parecen ser inconsistentes con la geología del diluvio” (p. 174). Esta declaración es otra indicación de la razón por la cual él ha sincretizado muchos aspectos de la Biblia. Él da preeminencia consistente a la evidencia “científica”, y la usa para “reinterpretar” el texto bíblico. Sus enseñanzas (y todas las otras ideas de una Tierra antigua) se basan principalmente, no en lo que la Biblia dice, sino en lo que la “ciencia” moderna dice, y en la manera en que se puede insertar los descubrimientos científicos en el texto bíblico. Este enfoque es incorrecto, no solamente porque da al texto bíblico un estatus secundario en comparación a la ciencia evolucionista, sino porque también escoge selectivamente aquellas evidencias “científicas” que tienen el propósito de probar una Tierra antigua. Este enfoque descalifica la evidencia que sostiene una Tierra joven y un diluvio global (vea Morris y Austin, 2003; Whitcomb y Morris, 1961). Además, las ideas “científicas” modernas cambian rápidamente, y muchas de las ideas que hoy se usan para reinterpretar el texto bíblico pasarán a la historia en el futuro.

Entonces, al confiar en la “ciencia” moderna, no en el entendimiento adecuado del texto bíblico, Snoke y otros insisten en que el Diluvio de Noé fue un evento local que no cubrió el globo completo. Arthur Custance, defensor de la Teoría de la Brecha, insinuó su modo de interpretación bíblica cuando escribió: “En realidad, diré personalmente que cualquiera que considera seriamente el texto en su totalidad, estará forzado a concluir que el evento tuvo una magnitud muy limitada en términos de profundidad de agua, simplemente porque la eliminación de agua fue lenta. ¡Se puede probar por las cifras en el texto que la eliminación de agua por día fue solamente de unas pocas pulgadas!” (1979, p. 25, itálicas en original).

Note la suposición inherente que guió a la conclusión de Custance. Él asumió que los procesos que vemos hoy son los mismos que estuvieron en funcionamiento durante el Diluvio. Y sugirió que podemos entender la topografía de la Tierra durante el Diluvio basados en nuestro conocimiento actual de su topografía. En esencia, Custance usó una suposición uniformista que sugiere que las cosas funcionan hoy como funcionaban en el pasado. Aunque también indicó que no estaba descartando todos los eventos milagrosos durante el Diluvio, él (como Snoke y otros) dependió mucho de la aplicación de procesos uniformistas a eventos relacionados al Diluvio. Además, note que él creía que se debía entender el texto de Génesis a la luz de lo que pensaba que sabía científicamente en cuanto a los índices de eliminación de agua. Sin embargo, ¿pudiera darse el caso que hubo ciertos aspectos de eliminación de agua que él no comprendía completamente y que pueden indicar que el Diluvio no estuvo “limitado” en magnitud de esta manera? ¿Pudiera darse el caso que la topografía de la Tierra hubiera sido muy diferente a la que vemos hoy? ¿O pudiera ser posible que la saturación completa de toda la Tierra haya reducido la velocidad del proceso de eliminación de agua? Se pudiera presentar varias posibilidades en cuanto a la razón por la cual la eliminación de agua fue lenta que no requerirían la conclusión que el Diluvio fue un evento local. Pero Custance apeló a su conocimiento de los índices de eliminación de agua y sugirió que cualquiera que desea considerar el texto de Génesis seriamente debe tomarlo en consideración en su interpretación del texto.

Al minimizar el Diluvio a una catástrofe local y no un fenómeno global, muchos partidarios de una Tierra antigua han elevado su conocimiento “científico” de la geología evolucionista por encima del entendimiento e interpretación correcta del texto de Génesis. El método de interpretación que les permite descartar los días literales en el relato de la Creación, es el mismo modo de interpretación que usan para descartar el Diluvio global. Es decir, ellos han permitido que las suposiciones modernas de la ciencia uniformista y evolucionista guíen su hermenéutica bíblica.

Snoke entiende que muchos considerarán sus reinterpretaciones de los días de Génesis y del Diluvio global como un engaño. Al esforzarse por evitar las acusaciones, Snoke declaró: “Puedo ya oír que la gente dice, ‘Aquí vamos otra vez cuesta abajo. Primero él quiere «reinterpretar» el relato de la creación, y ahora quiere «reinterpretar» el diluvio, ¿y después qué?’” (p. 158). Él sabe que muchos eruditos conservadores, que observan tales tácticas como las que Snoke usa, frecuentemente concluyen que tales artimañas hermenéuticas permiten interpretaciones bíblicas falaces en otros lugares.

Aunque Snoke insiste que no está tratando de negar todos los milagros en la Biblia, no se da cuenta que su método de interpretación ya ha socavado dos de los milagros más importantes y físicos en la historia del Universo: la Creación y el Diluvio. Si se descarta estos dos milagros, se abre las puertas a toda clase de reinterpretaciones, y muchas de las advertencias y enseñanzas del Nuevo Testamento quedan sin significado. Por ejemplo, 2 Pedro 3:5-6 dice, “Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua”. En cuanto a este versículo Snoke escribió: “Las referencias del Nuevo Testamento a este pasaje tampoco especifican la magnitud del diluvio. Pedro dice que el kosmos fue destruido (2 Pedro 3:6), una palabra que comúnmente hace referencia al orden político (por ende, ‘cosmopolita’)” (p. 169).

Su conclusión en cuanto a la palabra kosmos es incorrecta. La palabra kosmos no hace referencia “comúnmente” al orden político. De hecho, este uso no es común comparado a sus usos comunes. En uno de los léxicos griegos más respetados, los autores presentan el significado de la palabra: “el Universo ordenado,…el mundo como la tierra, el planeta en el cual vivimos…,  el mundo como la habitación de la humanidad…, la tierra, el mundo en contraste al cielo (Bauer, et.al., 1979, pp. 445-447). Todos estos significados son más comunes que el significado del “orden político”. Además, el escritor inspirado enlazó el mundo con el concepto de “los cielos y la tierra”—claramente haciendo referencia al reino físico del globo terrestre y lo que le rodea.

CONCLUSIÓN

La edad de la Tierra no es un tema secundario irrelevante en el entendimiento de la Biblia. Como incluso aquellos que adoptan el enfoque de la Tierra antigua han concluido, “El debate de la edad de la tierra no es simplemente un asunto académico de datación, sino un debate vívido sobre los temas centrales de la Biblia, lo cual se relaciona a nuestro enfoque de toda la Biblia” (Snoke, p. 194). Entonces, la edad de la Tierra frecuentemente llega a ser una prueba en cuanto a la manera en que alguien abordará la totalidad del texto bíblico. Los que escogen mirar la cultura y la “ciencia” moderna para encontrar las respuestas llegan a reinterpretar el texto bíblico para hacerlo calzar con las nociones modernas de la comunidad evolucionista y uniformista. Una vez que se han apartado del entendimiento adecuado de Génesis uno y dos, se ven forzados a hacer lo mismo con el Diluvio global y otros numerosos conceptos en la Biblia.

Sin embargo, si se entiende adecuadamente la evidencia científica, se puede ver que no existe conflicto con los hechos y el relato sencillo de Génesis uno y dos como narraciones históricas que describen la Creación del Universo completo en seis días literales de 24 horas, lo cual sucedió solamente unos pocos de miles de años atrás. En realidad, muchos científicos acreditados han demostrado que los hechos reales en cuanto al Universo físico sostienen una Tierra joven y contradicen la interpretación de una Tierra antigua. No existe conflicto entre la ciencia basada en los hechos y el concepto de una Tierra joven. Los que han escogido adoptar el concepto de una Tierra antigua lo han hecho al seguir el espíritu del sincretismo, y han adulterado la verdad y el poder del texto bíblico. Es nuestra esperanza que ellos vean el error al cual han sido guiados y al cual han guiado a otros, y que dejen de involucrarse en tales prácticas comprometedoras.

Referencias

Ashton, John, ed. (2000), En Seis Días: La Razón por la Cual Cincuenta Científicos Creen en la Creación [In Six Days: Why Fifty Scientists Choose to Believe in Creation] (Green Forest, AR: Master Books).

Bauer, W., W.F. Arndt, F.W. Gingrich y F.W. Danker (1979), Léxico Griego-Inglés del Nuevo Testamento y Otras Literaturas Cristianas Antiguas [Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature] (Chicago: University of Chicago Press), segunda edición.

Butt, Kyle (2008), “El Dilema de las Publicaciones Revisadas Científicamente”, Apologetics Press, http://espanol.apologeticspress.org/espanol/articulos/3826.

Chaffey, Tim y Jason Lisle (2008), Juicio al Creacionismo de una Tierra-Antigua: El Veredicto Está Listo [Old-Earth Creationism on Trial: The Verdict Is In] (Grand Rapids, MI: Master Books).

Crick, Frances (1988), Qué Búsqueda Desenfrenada: Un Enfoque Personal en cuanto al Descubrimiento Científico [What a Mad Pursuit: A Personal View of Scientific Discovery] (Nueva York: Basicbooks).

Custance, Arthur (1977), El Tiempo y la Eternidad [Time and Eternity] (Grand Rapids, MI: Zondervan).

Custance, Arthur (1979), El Diluvio: ¿Local o Global? [The Flood: Local or Global?] (Grand Rapids, MI: Zondervan).

DeYoung, Don (2winxp005), Miles, No Miles de Millones [Thousands not Billions] (Green Forest, AR: Master Books).

Fields, Weston (1976), Sin Forma e Incompleto: Una Crítica a la Teoría de la Brecha [Unformed and Unfilled: A Critique of the Gap Theory] (Phillipsburg, NJ: P&R).

Hesselgrave, David J. y Edward Rommen (2000), Contextualización: Significado, Métodos y Modelos [Contextualization: Meanings, Methods, and Models] (Pasadena, CA: William Carey).

Mills, David (2006), Universo Ateo: La Respuesta de la Persona Reflexiva al Fundamentalismo Cristiano [Atheist Universe: The Thinking Person’s Answer to Christian Fundamentalism] (Berkeley, CA: Ulysses Press).

Morris, John (1994), La Tierra Joven [The Young Earth] (Green Forest, AR: Master Books).

Morris, John y Steven Austin (2003), Huellas en las Cenizas [Footprints in the Ash] (Grand Rapids: Master Books).

Snoke, David (2006), Un Caso Bíblico para una Tierra Antigua [A Biblical Case for an Old Earth] (Grand Rapids, MI: Baker).

Thompson, Bert (2000), Compromisos de la Creación [Creation Compromises] (Montgomery, AL: Apologetics Press).

Thompson, Bert (2001), “¿Ocurrió la Muerte en la Tierra Antes del Pecado del Hombre?” [“Did Death Occur on Earth Prior to Man’s Sin?”], Apologetics Press, http://www.apologeticspress.org/apcontent.aspx?category=11&article=677.

Whitcomb, John y Henry Morris (1961), El Diluvio de Génesis: El Registro Bíblico y Sus Implicaciones Cientificas [The Genesis Flood: The Biblical Record and Its Scientific Implications] (Phillipsburg, NJ: P&R).

Wise, Kurt P. (2002), Fe, Forma y Tiempo [Faith, Form, and Time] (Nashville, TN: Broadman and Holman).

[Título original en inglés, “Syncretism and the Age of the Earth”, en Reason & Revelation, 31[8]:74-83. Traducción editada por Moisés Pinedo].