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¿Siga a Su Corazón, o Siga a Dios?

“Siga a su corazón” es el lema de hoy, incluso en algunos círculos religiosos populares. Rob Bell escribió: “Su trabajo es la búsqueda incansable de lo que Dios le hizo” (2005, p. 114). Bell clarifica que el éxito personal es todo lo que Le importa a Dios, y que de alguna manera Dios le guiará a la felicidad si sigue a su corazón.

Es adecuado escuchar la advertencia en Ezequiel que es tan importante hoy para el pueblo de Dios como lo fue hace algo de 26 siglos atrás:

Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel que profetizan, y di a los que profetizan de su propio corazón: Oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto! (13:1-3, énfasis añadido).

Note las dos cosas que Dios aborrecía en cuanto a los falsos profetas: Ellos (1) “profetizaban de su propio corazón” y (2) “andaban en pos de su propio espíritu”.

Seguir a su corazón y seguir a Dios no son la misma cosa.

¿Alguna vez se ha sentido muy seguro en cuanto a una idea religiosa—una que parecía tan cierta, tan clara y tan lógica? Tal vez ha llegado a su mente enunciados como estos: “Con seguridad a Dios Le agradará esto”, o “Con seguridad Dios no haría esto”. Tal vez su celo espiritual es tan fuerte que firmemente siente que “Esto o aquello debe ser lo que Dios quiere que haga”.

La pregunta es: ¿Cómo puede saber que lo que siente en su corazón es lo que Dios quiere que haga? ¿Cómo puede saber algo con seguridad? Desde luego, podemos saber algo de Dios al observar la naturaleza: “Los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmos 19:1). “[S]u eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20). El mundo físico testifica en cuanto a la existencia de Dios.

¿Pero cómo puede conocer los pensamientos de Dios? 1 Corintios 2:11 dice: “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”.

¿Cómo podemos seguir al Espíritu de Dios?

¿Cómo llegamos a conocer al Espíritu de Dios? La respuesta yace en dos pasajes que frecuentemente se entienden mal. En el primero, Jesús dijo a Sus apóstoles que el Espíritu les “enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). En el segundo, Jesús prometió a Sus apóstoles: “[El Espíritu] os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13).

En estos dos pasajes, Jesús estuvo hablando específicamente a los hombres que eran Sus apóstoles, prometiéndoles el Espíritu personalmente a ellos. Muchos aplican este texto erróneamente a todos los creyentes. Pero si Jesús prometió la guía de Su Espíritu a toda la verdad a todos los creyentes, incluyendo a los de hoy, entonces cada creyente verdadero debería tener revelación personal de “toda la verdad” y “todas las cosas que Jesús dijo”. ¿Quién en sus cinco sentidos reclamaría esto ahora?

Entonces, ¿cómo seguimos al Espíritu hoy si el Espíritu fue prometido directamente y solamente a los apóstoles. Dos pasajes proveen la respuesta. En 2 Pedro 1:20-21, el apóstol escribió que

ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

En 2 Timoteo 3:16-17, Pablo escribió:

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

La Escritura es el producto del Espíritu, y la Escritura es todo lo que necesitamos para ser “perfectos” ante Dios. En los 27 libros del Nuevo Testamento, encontramos las palabras de los apóstoles que fueron instruidos directamente por el Espíritu Santo.

Libro, capítulo y versículo.

Al considerar nuevamente Ezequiel 13:1-3, recordamos que es fácil que el hombre sea convencido de que está siguiendo la “religión verdadera”, independientemente de que sea guiado o no por la Escritura inspirada por el Espíritu. Jesús señaló que algunas de las mismas personas que matarían a Sus discípulos pensarían “que rinde[n] servicio a Dios” (Juan 16:2).

¿Cómo podemos evitar la religión falsa? ¿Cómo podemos evitar la espiritualidad que no agrada a Dios? Al asegurarnos que nuestros enfoques estén basados completamente en la Biblia—libro, capítulo y versículo. Conservamos nuestra fidelidad a la voluntad de Dios al hablar donde la Biblia habla y callar donde la Biblia calla. Este respeto profundo por la Escritura es lo único que puede guardarnos del número infinito de apostasías que es el resultado de seguir a “nuestro propio espíritu” y “nuestro propio corazón”.

Hoy es común que se haga burla del deseo de asegurarse que la creencia esté firmemente basada en la Escritura; tal esfuerzo es descrito como “legalismo”. Pero si respetamos el contexto y significado de cada pasaje, entonces este “legalismo” es algo bueno. De hecho, debemos demandar prueba inspirada por el Espíritu para todas nuestras creencias. Si no puede encontrar apoyo bíblico para alguna creencia religiosa, entonces no debería creerla. Realmente no es “legalismo” interesarse en seguir la voluntad de Dios con el mayor esfuerzo posible.

CONCLUSIÓN

Debemos recordar que la única manera de saber algo en cuanto a la voluntad de Dios para nuestras vidas es a través de lo que Él dijo. Vivir según las palabras de la Biblia no niega el poder del Espíritu, sino muestra aprecio por esto. Isaías registró las palabras de Dios: “[P]ero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (66:2).

No puede conocer la voluntad de Dios al seguir a su corazón. El Espíritu debe guiar a su corazón.

Referencia

Bell, Rob (2005), Elvis de Terciopelo [Velvet Elvis] (Grand Rapids, MI: Zondervan).